sábado 21 de febrero de 2009 - 10:00 AM

Patrimonio Cultural de los Santandereanos

Hace diecinueve años, el dueto santandereano ‘Germán y Gustavo’ se quedó con los crespos hechos para el Mono Núñez porque, contrario a los pronósticos locales, fue dejado por fuera de la clasificación; de modo que, para desagraviarlo y plantear una réplica regional, se acordó una reunión musical en la vereda de Ruitoque, Floridablanca, y, de paso, celebrar el cumpleaños del ‘Churco’ Manuel Rey. Con algo más de una veintena de amigos de la música y dos 'camuros' se propuso en el quiosco de Villa Leo un ‘festivalito’ frente al ‘festival’ de Ginebra, y así, todos contentos.

Entonces, el ‘Turco’ Carlos Gabriel Acevedo, el ‘Churco’ Manuel Rey y el ‘Mocho’ Luis Carlos Villamizar se convirtieron en ‘Le Turqué’, ‘Le Churqué’ y ‘Le Moché’, gestores del Festivalito Ruitoqueño de Música Colombiana, un certamen único en su género en el país, similar únicamente, con las debidas proporciones, al festival de Cosquín en la Argentina.

El Festivalito comenzó con un puñado de amigos alrededor de tres gestores; luego vino Fernando Remolina y, más adelante, Puno Ardila, quienes durante años, contra viento y marea, se encargaron de brindar el espacio para que artistas y melómanos, intérpretes y compositores, familiares y amigos se trencen en un abrazo durante tres días en una tarima que acoge a más de quinientos artistas en el encanto y la magia naturales del afecto y las sonrisas, y de la infaltable lluvia que, por la época y por el lugar –Mesa de las Tempestades– es parte imprescindible de la escenografía.

Hoy el equipo está nutrido por enamorados de Santander y de la música colombiana, que convierten estos tres días en ejemplo de organización y mejoramiento constante, en busca de ser reconocidos por la Nación y de consolidarse como una respuesta contundente a la necesidad de escenarios importantes que respalden nuestra música y nuestros artistas, con el respeto por las tradiciones y el impulso a las nuevas expresiones.

La Ordenanza


Por el espacio que ofrece a los intérpretes de la música colombiana, por el aporte inigualable para la defensa y preservación del patrimonio cultural del Departamento, por enaltecer a Santander como una expresión de identidad, por facilitar la difusión y la proyección de la música y porque se hace necesario que el departamento de Santander le brinde su apoyo, la ordenanza 043 del 22 de diciembre de 2008 considera al Festivalito Ruitoqueño de Música Colombiana certamen de interés cultural y, una vez constituido el Consejo Departamental de Cultura, lo declara patrimonio cultural vivo del departamento de Santander.

Gracias al importante apoyo de los diputados Darío Vásquez Rocha y Yolanda Blanco Arango, presidenta de la Asamblea Departamental, y a la ratificación del gobernador del Departamento, Horacio Serpa Uribe, el Festivalito Ruitoqueño se fortalece como parte importante de la identidad de los santandereanos.

Luis Carlos Villamizar
Coordinador General – Fundador


Siento una emoción muy grande y ganas de llorar de alegría porque es un beneficio para todo el mundo. Este reconocimiento va a permitir que se beneficien muchas personas. La Ordenanza es un aporte muy importante para que el Festivalito sea parte cada vez más de las querencias de la gente, para que sobreviva en el tiempo, a sus fundadores y a sus actuales dirigentes. La institucionalización departamental lo pone por encima de cualquier circunstancia, y ahora protegerlo es un compromiso general. Ya cumplió dieciocho años y la Ordenanza es su cédula. Me queda la satisfacción por la labor cumplida en la responsabilidad de la organización. Es el resultado de creer en que hacemos las cosas bien, y eso se contagia. Siempre asocio al Festivalito con una palabra, ‘afecto’; hoy lo asocio con otra, ‘convicción’.

Carlos Gabriel Acevedo Á.
Anfitrión en Villa Leo – Fundador


En realidad, uno no espera reconocimientos ni nada. Para mí es el fruto del trabajo de veinte años de una satisfactoria actividad, diferente de mi profesión. La Ordenanza es el reconocimiento de que sí estamos haciendo algo por la cultura. Ahora es más el compromiso; hay que mantenerse y que la gente vaya y verifique por qué es un patrimonio cultural. Siento mucha alegría, y quisiera que mi taita estuviera vivo y que asistiera al Festivalito para que tocara el tiple, el mismo que tengo guardado todavía. El Festivalito siempre ha sido mi identidad; en todas partes me asocian con él, y eso que no soy el maestro de ceremonias ni el regañón. 

 

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