sábado 19 de septiembre de 2015 - 12:01 AM

Un exquisito recorrido por la historia del bodegón en Colombia

En el Centro Cultural Colombo Americano de Bucaramanga, y hasta el 28 de septiembre, se expone ‘Bodegones a la carta’ una muestra itinerante del Museo Nacional de Colombia.

Esta exposición es una selección de diecisiete obras de artistas colombianos, como Óscar Rodríguez Naranjo, Andrés de Santamaría, Fernando Botero, Ricardo Gómez Campuzano, Guillermo Wiedemann, Ricardo Borrero Álvarez, Josef Kinsel, Jacques Villon, Alicia Cajiao y Roberto Pizano, entre otros. La exposición forma parte del Circuito del Arte El Centro con las Salas Abiertas en su quinta edición.

‘Bodegones a la carta’ es un exquisito recorrido por la historia del bodegón en Colombia, que presenta una selección de obras agrupadas en temas como los antecedentes; bodegón académico; interiores y vida cotidiana; ruptura con la academia: Andrés de Santamaría, bodegón neocostumbrista y bodegón moderno. Su excelente presentación de evidentes intenciones pedagógicas nos permite descubrir nuevos enfoques de análisis y nos permite una reflexión más amplia de este género de la pintura, realizada en el país desde comienzos del siglo XX.

Los antecedentes de esta representación artística en Colombia se pueden situar en los frescos coloniales de los siglos XVI a XVII y en la obra de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, ya que este pintor realizó escenas en las que representaba objetos y alimentos.

Bodegones a la carta permite reflexionar sobre la influencia de las ideas estéticas europeas siempre presentes en todos los periodos artísticos aquí dispuestos para el análisis. Si bien estas obras de arte son una presencia del pasado, recogen una temporalidad que nos permiten observar no solo la fuerza de las influencias o la expresión de unos contextos históricos precisos, sino que revelan los límites de la capacidad de reflexión propia, remplazándola por la ejecución magnífica, el candor, la preciosidad, la rigurosa ejecución técnica. Estas obras nos hablan más de nuestro presente que de nuestro pasado. Nos tejen una corporalidad paradójica entre la admiración por ideas que consideramos superiores y nuestra capacidad de obediencia de perfecta ejecución. Los objetos, los espacios, y las “naturalezas muertas” que aquí se representan según la tradición del bodegón de los pintores flamencos del siglo XVII van mas allá de la alegorías ocultas, la transitoriedad de los objetos o la inevitabilidad de la muerte, propios del lenguaje visual de los bodegones. Su conjunto nos permite una visión precisa de nuestra capacidad de acatamiento y también de nuestras formas de rebeldía, pues el recorrido de esta exposición, si bien es exquisita, nos atrapa hacia otros márgenes de pensamiento, donde más allá de las convulsiones históricas propias de cada periodo observamos que la matriz de las influencias no cambia, parece el conjunto, un refugio de temores ocultos a la hora de vernos enfrentados en la necesidad de formación de un pensamiento propio o una identidad que podamos definir y compartir. Este aspecto se siente más cuando observamos obras del periodo neocostumbrista y las comparamos con el periodo moderno.

Estos excelentes artistas y sus grandes obras nos abren un horizonte en el futuro, porque no es solo memoria lo que podemos ver aquí, sino un desafío mucho más amplio, signado por la dificultad de reflexionar colectivamente en la formación de una identidad incluyente de toda la diversidad del país, hasta identificar los caminos que nos conviene recorrer a todos.

Estas obras aquí expuestas son algo más que momentos históricos, que contextos ya vividos o su innegable valor estético; son un reto sobre la autocomprensión de nuestro ser como país y la revelación de ir más allá, para no convertirnos en “naturalezas muertas” o en objetos perecederos de bodegón.

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