domingo 02 de octubre de 2022 - 12:00 AM

El legado de Consuelo Araujonoguera

‘La Cacica’, quien murió el 29 de septiembre de 2001, dejó un legado imborrable en el país vallenato. Ella fue la mujer que nació con el poder de concretar sus sueños que 21 años después, siguen teniendo la mayor vigencia.

En medio de los recuerdos impregnados alrededor de la música de acordeón, caja, guacharaca, versos y cantos arropados con amplias polleras estampadas con flores menudas, bongos, pilones y toda la parafernalia de esta expresiva manifestación folclórica, aparece Consuelo Araujonoguera, la mujer que abrió de par en par las puertas de Valledupar para que fuera conocida como la capital mundial del vallenato.

Acercándose a las remembranzas, ella al lado de Cecilia ‘La Polla’ Monsalvo en el año 1981 lograron que la danza del Pilón tuviera mayor vida y no quedara en el olvido, como lo estaba marcando el tiempo.

Hoy esa danza hace parte esencial del Festival de la Leyenda Vallenata, agrupando a miles de piloneros y piloneras, haciendo posible que el pueblo viva de cerca su tradición.

La acogida de la danza entre niños, jóvenes y adultos fue total. Ella en una ocasión le sugirió a Cecilia ‘La Polla’ Monsalvo, que a la hora de su partida de la vida la vistieran de pilonera. Su voluntad no se cumplió a cabalidad debido a lo trágica que fue su muerte. Se le puso un vestido blanco con sus respectivas trinitarias.

‘La Cacica’ era meticulosa, ordenada y con una visión que traspasaba las fronteras del pensamiento, logrando que se concretaran los proyectos que emprendió. En ese orden de ideas, todo lo tenía previsto.

En su rol de escritora, periodista y gestora cultural siempre al servicio del vallenato, escribió tres libros: ‘Vallenatología’, (1973); ‘Escalona: el hombre y el mito’ (1988), y ‘Lexicón del Valle de Upar’ (1994). Dejó por publicar un libro sobre el maestro Leandro Díaz, titulado: ‘En la casa de Altopino’.

En distintos lugares de Valledupar está un recuerdo de ella. Es así como el viernes 19 de marzo de 2010, se instaló al frente del Parque de la Leyenda Vallenata Consuelo Araujonoguera, el monumento en su honor elaborado en bronce y llamado ‘La Pilonera Mayor’, obra del artista Amílkar Ariza.

DE PIE, COMO VIVIÓ SU VIDA
La mañana del miércoles tres de abril de 1996 se acordó en las instalaciones de Radio Guatapurí la entrevista con Consuelo Araujonoguera, donde se trataron temas referentes a los preparativos del próximo Festival de la Leyenda Vallenata.
En medio de las respuestas, vino una pregunta que no estaba prevista, pero que ella no obvió sino que respondió de inmediato. ¿Doña Consuelo, usted tiene listo su epitafio?
“Claro. Es el siguiente. Aquí yace Consuelo Araujonoguera de pie, como vivió su vida. No contenta con lo anterior tomó la libreta del periodista y lo escribió, diciendo... “ese quiero que sea mi epitafio”.
El primero de octubre de 2001 más de 40.000 personas acompañaron a ‘La Cacica’ hasta la última morada, donde en su lápida estaba la célebre frase.
Acordeones y flores de trinitaria fueron el emblema de la despedida como símbolo de su vida. En el sepelio el maestro Rafael Escalona manifestó conmovido. “Si llorar por dentro cuenta, yo me estoy ahogando”. Ese día también muchas caras tristes estrenaron lágrimas.
Precisamente Lolita Acosta, quien oficiaba como jefe de Prensa de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, leyó en las honras fúnebres una nota que en sus apartes decía. “Todo cuanto hizo Consuelo lo realizó con la convicción y la fortaleza de la verdad de que sus actos no serían efímeros, sino para el mañana. Entendió, casi que desde su niñez la trascendencia del hombre y de la mujer como seres pensantes, transformadores y creativos, dueños de sus destinos, pero condicionados a un poder supremo: el de Dios. Un Dios dador y despojador de todo cuanto tenemos, de todo cuanto sufrimos y gozamos. Así la vimos, así la conocimos y es el testimonio que podemos dar de ella”.
En la memoria vallenata Consuelo Araujonoguera nunca morirá, al contrario vivirá para siempre entre la realidad y la fantasía vestida de pilonera, elegante, sencilla, distinguida, autóctona, perenne, eterna entre el mito y las nostalgias de la leyenda vallenata.
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