¿No le ha ocurrido que a pesar de que hace todo lo posible para lograr un trabajo, un negocio o una determinada posición, al final, no consigue esa meta que tanto anhela? A lo mejor se ha olvidado de algo importante.
Publicado por: Euclides Ardila Rueda / euclidesardila@hotmail.com
¿Sabe qué es?
Puede ser que se olvidó de consultarle sus cosas a Dios.
Quizás no haya contado con su opinión: es más, ni siquiera sabe si eso que tanto busca es lo que realmente Él quiere para su mundo. Incluso, usted no analiza si lo que añora tener, en realidad le conviene.
Con relativa frecuencia la gente hace sus propios planes, organiza su mundo de acuerdo con una estrategia previa y cree hacer lo correcto.
Sin embargo, no siempre eso que se considera 'acertado', es lo que está en los planes del Creador.
Haga el siguiente ejercicio:
Mire el pasado y recuerde alguna cosa que haya planeado y que, por más esfuerzos que hizo, nunca se le dio.
Ahora analice de manera detenida cómo está hoy sin dicha meta cumplida. Es probable que, sin haber logrado eso que tanto quiso, en el fondo hoy se encuentre bien. Tal vez, a falta de aquello, hoy tiene algo mejor.
Nada ocurre antes ni después y, como nos dicen los abuelos, 'si es para uno, le guardan'.
Dios siempre piensa en algo bueno para usted, algo más grande para su vida. Lo que pasa es que muchas veces la gente se empecina en algo que no vale el esfuerzo.
Consultarle a Dios por sus cosas es una estrategia que nunca falla.
Preguntar es de sabios; sólo quien es necio o ignorante cree que se las sabe todas, y por eso fracasa. Las grandes empresas suelen consultar con expertos sobre los pasos a seguir en sus inversiones.
Usted debería hacer lo mismo: consultar la voz de Dios.
¡Bueno! a estas alturas del texto, se preguntará: cómo saber qué es lo que Él quiere si, en últimas, ni siquiera se puede escuchar su opinión de viva voz.
La verdad es que con el diario acontecer y hasta con los espejos que Él le pone, usted va descifrando el camino a seguir.
A Dios no hay que pedirle pruebas de su poder, tampoco hay que solicitarle cosas obvias. Lo que se debe hacer es, de manera literal, estar atento a las señales que manda.
¿Cuáles señales?
Ellas pueden estar en un buen consejo que le dé un amigo de verdad, en algún acontecimiento que le ocurre de buenas a primeras y hasta en aquel problema que se le presentó y que, al principio, usted no supo sortear.
¿Lo dejó el avión? ¿No consiguió ese trabajo que quería? ¿Acaso perdió alguna materia en la universidad?
¡No importa! Por algo le ocurrieron esas cosas.
En cualquier parte está la Señal Divina. Le corresponde pedir capacidad de discernimiento para interpretar lo que le pasa a su alrededor y distinguir qué de lo que ve es lo que en realidad quiere Dios para usted.
EJERCICIO práctico
En una hoja sencilla escriba sus planes a corto, mediano y largo plazo. En cada uno de ellos anote los pro y los contra.
De manera adicional, anote los nombres de las personas que le podrían aconsejar qué hacer y le ayudarían a tomar determinada decisión.
Luego, entréguele tales planes y esas personas a Dios; pídale que le muestre el camino a seguir con el diario acontecer.
Pasos para ser feliz
Lo que más deseamos en la vida es la felicidad. Pero, en ciertas ocasiones, arruinamos nuestros esfuerzos para alcanzarla. Ella no es un destino a donde se llega, sino es la manera de caminar por la vida.
De manera extraña, en el trayecto podemos tropezar con dos problemas graves: algunos seres humanos tienen miedo de ser felices y muy pocos saben exactamente qué desean.
Si quiere vencer estos obstáculos,
sugerimos seguir cuatro pasos.
Primero: ¡Desmantele su armadura!
Con frecuencia tememos ser felices y saboteamos nuestras ilusiones, porque pensamos que no la merecemos y nos da miedo tratar de alcanzarla.
La forma más sencilla y frecuente de protegernos y mantenernos a salvo consiste en construir una armadura de acero, en la que encerramos nuestros sueños y deseos para que nadie pueda alcanzarlos ni destruirlos. Y, por supuesto, el resultado es que jamás damos un solo paso para hacerlos realidad.
Acepte que al reprimir sus sueños no los protege, sino que impide que se realicen. Haga esfuerzos para convertirlos en realidad. Esta decisión lo puede llevar a correr algunas desilusiones y desengaños; pero también le llevará a éxitos que de otra manera no lograría jamás.
Segundo: ¡Conéctese con
los deseos de su corazón!
Haga una cita con usted mismo para explorar cuáles son los sueños y los deseos que duermen en el fondo de su corazón. Considérela y trátela como la reunión más importante de su vida. Si lo cree conveniente, asista a ella con libreta y lapicero en mano.
Tercero: ¡Reconozca su propio poder!
Todos somos capaces de hacer lo que nos proponemos; los límites los ponen nuestro miedo y nuestra imaginación.
Y todos merecemos el éxito, como merecemos el amor y la felicidad.
De manera desafortunada, para muchos es más fácil decir no puedo; y todos solemos creer en nuestras propias palabras.
Así que para conquistar la felicidad, empiece a fomentar la confianza en usted mismo y a decir sí puedo, a todos los retos que le vaya planteando la vida. Descubrirá que puede hacer cosas de las que antes se sentía incapaz.
Cuarto: ¡No tome a las precauciones como pretextos para no hacer nada!
Ser precavido y cauteloso es una virtud cuando se conduce un automóvil, se tienen hijos pequeños y se desea evitar cualquier tipo de accidente. Pero cuando el miedo le impide lanzarse en busca de sus sueños, ha llegado el momento de deshacerse de esas precauciones.
En las decisiones importantes de la vida los temores y pretextos deben dejarse a un lado y debe imponerse el valor para correr ciertos riesgos, porque se necesita determinación para perseguir y alcanzar los grandes anhelos. Para ser feliz hace falta honradez para seguir el camino correcto y para no estropearla con la mentira o el egoísmo.















