Cuando faltan unos segundos para que las manecillas del reloj marquen las 12:00 de la noche del 31 de diciembre, brotan los recuerdos y las nostalgias.

Publicado por: Euclides Ardila Rueda
Durante estos últimos momentos, muchos de nosotros nos ponemos en la tarea de hacer los balances de cómo nos fue, qué dejamos de hacer y las metas que nos corresponderá cumplir mañana.
Pero, si afináramos el oído, podríamos percibir la caída de los instantes que perdimos durante estos 12 meses que pasaron.
Es más, cada segundo que se nos fue se podría escuchar como un recipiente que se vació gota a gota. Lo malo del caso es que en el trasegar de nuestra vida misma, nos quedamos contemplando esas gotas y, al final, admitimos que dejamos pasar muchas oportunidades que Dios nos brindó.
Nos olvidamos de vivir y dejamos de compartir valiosos momentos con la familia por culpa de trabajo; tal vez dejamos ir a alguien importante para nosotros.
Ahora bien, no podemos quedar lamentándonos por lo que pudo ser y no fue. Si nos ponemos a llorar porque se nos ha ido el sol, con tantas lamentaciones nos olvidaremos de ver las estrellas de la noche.
Los instantes llegan y al mismo tiempo se nos van en un abrir y cerrar de ojos; por eso hay que vivirlos ya.
Nos la pasamos esperando ser felices y luego concluimos que desperdiciamos mil situaciones valiosas en esa desesperada búsqueda.
¿Sabe por qué ocurre eso?
Porque dedicamos horas enteras a perseguir un sueño, sin notar que él está anidado dentro de nuestro corazón.
Es una pena que nos hayamos acostumbrado a esperar la felicidad con golpes de suerte, cuando en realidad son las pequeñas cosas que ocurren todos los días las que nos hacen vivir.
Sí, debemos gozar el mundo con sencillez y no pretender ser más de lo que somos.
Mejor dicho: nuestra existencia está llena de armarios; de cosas que no nos hacen falta y que nos estorban. Convertimos la vida como ese 'Cuarto de San Alejo', en donde 'acumulamos' trastos que nunca utilizamos; pero que tampoco nunca botamos.
¿Sabe cuáles son esos 'trastos' de los que hablamos?
Uno de ellos puede ser el hecho de estar al lado de nuestras parejas, más por costumbre que por amor. También identificamos esos 'trastos' cuando trabajamos más por la necesidad de un sueldo, que por el disfrute laboral; o cuando vamos a clases sólo por un diploma, antes que por la profesionalización.
La Página Espiritualidad suena hoy como un regaño, pero no hay tal. Es una invitación a vivir el 2011 de otra manera.
No repita el año 2010, ¡supérelo y no se olvide de ser feliz!
Porque los instantes felices no tienen nombres, ni edades, ni menos fechas específicas. ¡Ellos llegan! Pero también, si no los aprovechamos, se nos van sin haber hecho lo que nos corresponde.
¡Arriba!
¿Ya sabe qué es lo que va a hacer para conseguir lo que quiere? ¿Tiene claro en qué lugar del camino se encuentra? ¿Ya definió cuál será el siguiente paso a dar?
La gente, sin excepción alguna, sueña con metas económicas, familiares, intelectuales y físicas. Sin embargo, no siempre las logra.
¿Le ocurrió eso este año?
A lo mejor usted no consigue lo que quiere, porque se la pasa buscando excusas para no actuar.
Usted, y sólo usted, es el responsable de
su éxito o de su fracaso. Lo que pasa es que se acostumbró a buscar en los demás, en su pobreza, en su anticuada forma de ver la vida y hasta en el Gobierno, a los culpables de sus derrotas.
En lugar de esa 'quejadera por todo', mejor consiga un plan de acción que le permita ser una mejor persona, un mejor profesional, un mejor esposo o un mejor amigo.
Organice el plan para alcanzar sus propias metas, sin olvidar que todo lo que haga o deje de hacer es ciento por ciento su responsabilidad.
Además, recuerde que nada llega porque sí.
¡Escale peldaños!
Y el primer escalón que debe subir, es ese que le recuerda que usted puede llegar más alto, porque 'el éxito también se hizo para usted'.
¡Claro! en esta escalera del éxito debe tener presente que un día podrá estar muy alto, y al siguiente, a lo mejor le tocará pararse en el piso de abajo.
Y es que nunca sabrá cuándo le tocará volver a empezar a subir.
Lo importante es que no deje de escalar, porque las cosas buenas están allá: ¡arriba!
CONSEJOS
Si está afligido, ore; si está contento, cante; si está enfermo, no pierda la fe. Si alguno está triste, recuerde las cosas buenas que la vida le ha dado.
Pídale a Dios y verá que se irán los temores. La oración es medicina.
Debe tener paciencia, sin dudar nada; porque el que desconfía es como si fuera una ola de mar, que el viento lleva de un lado a otro.
EJERCICIO
Antes de terminar este año, responda las siguientes preguntas:
¿Usted posee una relación personal con Dios?
¿Ya tomó la decisión de no mantener dentro de usted rencores, envidias, resentimientos o antipatías?
¿Mantiene buenas relacionas con las personas a su alrededor?
¿Ha sentido la necesidad de hacer algo bueno por alguien?
¿Sus metas ayudan a que los demás también triunfen?
¿Participa en actividades cívicas, comunitarias y sociales?
¿Cree en la gente con la que trabaja?
¿Confía en la buena fe de los demás?
¿Se considera una persona con valores?
¿Reflexiona sobre su quehacer diario?













