Espiritualidad
Jueves 16 de junio de 2011 - 12:00 AM

El alma arrugada

Con relativa frecuencia usted “se baja de nota”. A veces es su carácter impulsivo el que lo hace reventar de la rabia; en otros momentos es la melancolía la que lo sumerge en la depresión; y hay ocasiones en donde son sus equivocaciones las que lo hacen ver ‘achantado’.

Quienes atraviesan el desierto entienden que, una vida en medio de penalidades nos hace fuertes. Porque la adversidad, así pensemos que con ella el mundo se nos acaba, logra cimentar una gran personalidad. (Foto: / VANGUARDIA LIBERAL)
Quienes atraviesan el desierto entienden que, una vida en medio de penalidades nos hace fuertes. Porque la adversidad, así pensemos que con ella el mundo se nos acaba, logra cimentar una gran personalidad. (Foto: / VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

Sea como sea, usted vive el día a día lleno de amargura y,  al final, termina cabizbajo.
Cuando eso ocurre, su corazón late de una forma distinta. Él se convierte en una especie de pedazo de papel arrugado, lleno de pliegues y desvencijado.
Ojo: no se puede dejar llevar por las situaciones difíciles, ni mucho menos puede permitir que su día se le arruine.
Si se pasa la vida llorando y maldiciendo, ese será su destino.
Mejor cambie el rumbo: esté alegre, bendiga los momentos y duerma tranquilo.
Cuando sienta ganas profundas de estallar, debe tener presente ese papel arrugado en el que se puede convertir su corazón. Por ello, es aconsejable aprender a ser más comprensivo y paciente en todas las esferas de su vida. 

¿... Y cómo armarse de comprensión y paciencia en los momentos duros?
Es clave tener una gota de serenidad.
Lo anterior, de alguna forma, implica que usted puede dejarle al tiempo que le ayude a arreglar sus asuntos. Aunque no lo crea, las horas nos enseñan que se les debe permitir a los minutos que traigan las soluciones.
Es cierto que dicha fórmula, así como se lee, se puede interpretar como algo de “resignación”. No obstante, dejarle al tiempo actuar puede llegar a ser más saludable que amargarse por algo que no llegará ahora.
Si su vida aparece inmersa en una de esas tormentas que azotan sus ramas y lanza las hojas a los cuatro vientos, lo mejor es conservar la calma.
Y en medio de la serenidad, debe continuar su vida. No les dé importancia a cosas triviales; no le haga daño a nadie; viva de una manera intensa los buenos momentos para no arrepentirse más tarde de las oportunidades perdidas. El tiempo se le va como el agua entre los dedos.
La vida debe ser una experiencia tras otra, y se debe saborear a toda costa. Qué distinto sería todo si pensara antes de actuar, si se esforzara por dar lo mejor de usted y si le pusiera corazón a todo lo que la vida le traiga.
Cada día, cada minuto y cada aliento de vida realmente es un regalo de Dios. No vale la pena estar con el ánimo en el piso.
Por último, tenga presente que sólo Dios puede hacer que bajo el sol crezcan los trigales; pero usted puede triturar el grano y compartir el pan.
Además, sólo Dios puede hacer que se conserve o prolongue una vida; pero usted puede hacer que dicha vida esté llena de alegrías.

Consejo
No les tema a los fantasmas por una sencilla razón: no existen en otra parte distinta a su mente. Es ahí, en su cabeza, donde ellos se anidan. Uno no debe tenerles miedo a los muertos. ¡Y qué se sepa!, jamás ellos han logrado alzar sus fúnebres lozas, ni mucho menos han podido desgarrar los sudarios.

Enseñanzas
1 Ame de verdad.
2 No desee el bien ajeno, ni tampoco quiera más de lo que le corresponda.
3 No busque ser el primero.
Estas tres enseñanzas le garantizarán su paz interior.

“Vivir sin odios”
Doña Marly, elegida como la mujer más feliz del mundo, nos cuenta cómo aprendió a vivir sin odios.
Dice que ahora ocupa más tiempo leyendo y menos horas haciendo el aseo en su casa. Se sienta en el patio y disfruta de las flores sin que le preocupe la mala hierba que haya en el jardín. Pasa más días con su familia y con sus amigos, pero sin inmiscuirse en sus asuntos personales o íntimos.
Por eso, ya no ‘guarda’ nada para una ocasión más propicia. Pone la mesa con la mejor vajilla y los mejores cubiertos cada oportunidad que se le presenta. Además, luce su traje favorito para ir al mercado. ¡Hay que verla en la plaza! Tampoco espera hasta que la inviten a una fiesta para usar un buen perfume, sino que lo utiliza para que lo disfruten quienes le atienden en el supermercado y en el banco.
“Los que han muerto no sé qué habrían hecho diferente si hubieran sabido que no iban a estar aquí para el mañana que todos damos por sentado. Creo que habrían conversado con sus familiares más cercanos. Tal vez habrían llamado a algunos para pedirles perdón y mejorar las relaciones con ellos, limando asperezas por los malentendidos. Me parece que habrían disfrutado de su comida preferida, ya fuera en su casa o en su restaurante favorito. ¿Quién sabe?”, reflexiona Doña Marly.
“Si yo supiera que me van a quedar pocas horas de vida, me enojaría si no hubiera escrito ciertas cartas que tenía la intención de escribir, y lamentaría mucho si no les hubiera dicho a mi esposo y a mis hijos, con suficiente frecuencia, lo mucho que los amo”.
Ella hoy se esfuerza por no aplazar ni dejar para otro día nada que pueda enriquecer su vida. Y cada mañana, al despertar, recuerda que el solo hecho de abrir los ojos es algo especial. Y da un último consejo para ser feliz: “hay que vivir sin odios”.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

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