Espiritualidad
Jueves 30 de junio de 2011 - 12:00 AM

Ocuparse antes de...

Sus preocupaciones terminan justo en el mismo punto en donde empieza la fe.

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Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

El  ‘pre’, de la palabra ‘preocuparse’, significa ‘antes de’. Es decir, dedicarle tiempo a algo antes de que corresponda hacerlo.
Y a muchos les ocurre eso: se ‘pre…ocupan’ antes de que sucedan las situaciones.
Lo más irónico es que sus preocupaciones son absurdas y lo único que logran es alterar el sano orden de los acontecimientos.
Se gasta mucha energía en problemas que ni siquiera existen.
Casi siempre, la gente se imagina lo peor y sospecha que lo que le ocurrirá será terrible.
¡Y no hay tal!
Muchas de las cosas por las que usted se angustia nunca suceden. Todo ocurre en el tiempo de Dios: ni antes ni después.
El afán no deja cosas positivas ni permite que su mente esté tranquila. Y con el de-sespero no hay oportunidad de avanzar.
Es más, si se pudiera comparar a la preocupación con algún objeto específico, tocaría hablar de una mecedora: esa que lo pone a realizar algo, pero que nunca lo lleva a ninguna parte.
Una de las grandes situaciones que alteran su vida consiste en que usted llega a centrarse demasiado en sus problemas; y se sumerge tanto en ellos que se ahoga.
Cuando eso sucede pierde la perspectiva y,  poco a poco, una gota de agua se convierte en un océano de adversidad. El ‘tsunami’ de presiones innecesarias termina arrasando con su entorno.
La preocupación es una carga que Dios jamás quiere que usted asuma. Él sólo le pide que se ocupe de sus asuntos sólo en el momento en el que deba actuar.
Las alas de la fe; es decir, el solo creer que las soluciones a sus problemas son posibles, levantará su corazón por encima de las dificultades mismas.
Por eso, el equilibrio es la mejor herramienta para superar el estrés que le generan sus angustias. Es como estirar los brazos y pensar en las cosas ‘buenas’ que los problemas le traen.
La idea es mantener la debida proporción en todo lo que haga.
 Sí, hay que trabajar, pero no excederse. Sí, hay que ser responsable, pero no matarse por cumplirle a todo el mundo. Sí, hay que ganar dinero, pero no agobiarse porque no logra ser millonario.
Simplifique su vida y verá que muchas de las preocupaciones que lo agobian desaparecerán.
Le recomendamos seguir estos pasos, los cuales serán determinantes para salir adelante:
1º - Tenga confianza en usted mismo y, por supuesto, en la ayuda divina.
2º - Aprecie y valore su capacidad de reaccionar ante algún problema.
3º - No se desespere y jamás actúe ‘a la topa tolondra’. Eso no sólo no tiene sentido sino que, además, no lo llevará a ninguna parte.
Un último consejo: recuerde que no se mueve ni una sola gota de agua, si Dios no lo decide.
Pídale a Él que el rocío de su vida llegue en el momento preciso para ser feliz.

Reflexión
Las personas tienen que viajar por un camino que contempla muchas rosas. Pero en medio de ellas, existen espinas punzantes que les impiden avanzar con la debida regularidad.
Esas espinas son las “simpatías” o las “antipatías”. Cuando alguien se deja llevar por simpatías, prefiriendo a unas personas más que a otras, sólo porque le son más agradables sentimentalmente, tales comportamientos le detienen su camino a la perfección. Y es peor cuando se deja dominar por las antipatías y no las combate.

Algunos consejos

* ¿Tiene ansiedad por algo? Respire profundo, tómese una pausa para pensar y pídale a Dios una gota de serenidad.

* No dedique toda su vida a ocuparse de los demás. Sin llegar a ser egoísta, piense en usted antes de resolver problemas ajenos.

* No se sumerja, ni se atormente con bobadas.

* Organice su  día, pero tenga un ‘Plan B’, por si acaso. Algunas veces las cosas no le salen como las había pensado.

* Disfrute de los placeres sencillos. Un poco de café, una ida al cine, una siesta, una salida al parque y hasta un tiempo para el ocio viendo un buen programa lo pueden relajar.

* Usted es sólo lo que hace con su vida. Nadie le puede cambiar sus planes.

* Regálese cinco minutos por cada dos horas de trabajo. Repita esta pausa en su vida casera, porque durante ese tiempo se multiplican las fuerzas.

* Cuando lo apabulle un problema, piense qué provecho le puede sacar a esa situación.

* Deje la rigidez para las piedras. Usted no es un hombre de yeso: siente, desea y ama. Así que si algo lo angustia, póngase en las manos de Dios.

* Concéntrese en una sola cosa a la vez. Para qué hacer de todo, si al final no hace nada.

* Solicite ayuda cuando en verdad la requiera. Eso sí, percátese de pedirle el favor a la persona correcta.

* Aprenda a decir ‘no’ con amor. Si aplica esta táctica, dejará de sentirse culpable por no poder ayudar a alguien.

*Dele gracias a Dios por lo que le ha dado y deje de reclamarle por lo que no tiene. cada quien tiene lo que se merece.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

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