Espiritualidad
Jueves 29 de septiembre de 2011 - 12:00 AM

Tema de Espiritualidad: El Eco

A veces hacemos mucho ruido con nuestros problemas, y se escucha tan fuerte como el sonido de una campana. Nos convendría dejar de quejarnos tanto.

(Foto: Internet/ VANGUARDIA LIBERAL)
(Foto: Internet/ VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

El eco es la repetición de un sonido y, si analizamos bien, nuestras acciones también podrían definirse de igual forma. Así muchos no lo crean, en la vida todo lo que hacemos se nos devuelve.

Si deseamos amor, antes debemos ofrecerlo; si deseamos felicidad, nos corresponde hacer felices a los demás; si queremos que nos sirvan, tendríamos primero que servir para algo.

La vida nos dará de regreso, de manera precisa, aquello que nosotros le demos a la gente que nos rodea.

Nuestras acciones tienen sus propias reacciones y ellas recaen en nosotros mismos.

¿Quiere un ejemplo cotidiano?

Si nos ponemos de mal humor, afectamos a los demás con nuestra actitud. Así las cosas, comenzamos una cadena que, tarde o temprano, terminará afectándonos.

Muchas veces descargamos nuestra rabia con los demás y les traspasamos el odio sin prever que causamos disgustos y malos recuerdos que, al final, nos pasan las cuentas de cobro.

La cosa no es sólo un asunto del estado de ánimo. También ocurre con los negocios, con los amores, con el trabajo, con el estudio, en fin…

Si hacemos trampa, allá vamos a parar y sin que nadie nos empuje; si mentimos, caemos más rápido que un cojo, y así de manera sucesiva.  

Aunque no nos demos cuenta, todo lo que hacemos se paga. El ciclo se da todos los días, una y otra vez.

Y cuando alguien nos hace mal, tampoco debemos vengarnos. Nadie tiene derecho a obrar mal, aunque le hayan hecho daño. Es necesario dejar que sea Dios quienhaga los respectivos ajustes.

No lo olvide: somos un reflejo de nosotros mismos.

Este mensaje es algo más que palabras, es ‘matemática pura’: debemos dar más, para recibir en la misma proporción.

Oscuridad
Dicen que durante la noche, todos los gatos son pardos. Es decir, la noche hace desaparecer muchos defectos e imperfecciones. En ese orden de ideas, la oscuridad es la ‘alcahueta’ de las feas costumbres que los hombres adquirimos. Tenga cuidado de refugiarse en las tinieblas, ya que ante los ojos de Dios todo es transparente.

Simpática historia
Un mecánico estaba removiendo la cabeza de un cilindro del motor de un carro, cuando vio en su taller a un reconocido cirujano del corazón. Acto seguido, el mecánico le dijo al doctor: “échele una mirada a este motor. Yo abrí su ‘corazón’, saqué las válvulas, las arreglé, las volví a instalar y cuando terminé, el motor trabajó como nuevo. Pudiera entonces decirme: ¿Por qué gano muchísimo menos que usted cuando ambos hacemos básicamente el mismo trabajo?”.

El cirujano sonriente, se inclinó de una manera pausada sobre el mecánico y le dijo: “trate de hacerlo con el motor andando”. Dios es quien nos ciñe de poder y hace perfecto nuestro camino.

Todo en su punto
El Sol quema si usted se expone demasiado tiempo; por eso, tenga la medida precisa para todas las cosas que haga.

Procure no ‘calentarse’ tanto. Hay que aceptar las derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente; con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto.

Construya hoy todos sus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos; y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.

Además, mientras vivamos afanados pensando cómo será el día de mañana, ese mañana se nos convertirá en el ‘ayer’.

Acepte que las personas buenas pueden herirlo alguna vez y usted necesitará perdonarlas. Recuerde: hablar puede aliviar los dolores del alma.

¡tenga fe!
No es difícil acceder a la fe. La cuestión es soltarse, teniendo la certeza de que Dios lo sostendrá.

¡Ahora no es que se le dé por lanzarse de un edificio!

Lo que queremos decir es que tener fe es asumir que todo le va a salir bien.

Veamos un ejemplo:

Cuando usted toma un taxi, da por sentado que el conductor lo llevará a su destino y por su mente no pasa que ocurra un accidente. Si en su rutina eso es así de sencillo y usted confía su vida a un desconocido, ¿por qué no creer que Dios lo va ayudar en aquello que le pidió?

¡Tenga fe! verá que todo le saldrá bien.

El cielo que nos espera
Hace muchos años un cazador llegó al sur de Colombia y con sus lentes de largo alcance vio, en lo alto de las montañas, a un nido de cóndores. Como pudo se las ingenió para llevarse uno de los pichones. Luego mantuvo el animalito en el jardín de su casa, cortándole las plumas cuando le crecían, para que no tratara de volar. Después de varios años no le volvió a tocar las alas, pero ya el cóndor no sentía ganas de partir.

Fue entonces cuando lo regresó a las montañas de donde lo había sacado. Y cuando el cóndor, desde las encumbradas rocas, divisó el cielo azul, se le despertaron las ganas de ser libre; al punto que desplegó sus alas y se perdió en el horizonte.

Moraleja: A muchos nos hace falta alguien que nos señale el bello cielo que nos espera.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

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