Siempre que estamos en apuros, invocamos a Dios. Nos llenamos de muchas ansiedades y perdemos la fe. Aunque no lo crea, si recurrimos a la plegaria, y lo hacemos con total devoción, escucharemos las respuestas que Él les da a nuestros problemas.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
Es probable que no tengamos la respuesta exacta para la inquietud que plantea el título de esta página; lo que sí le podemos garantizar es que, Dios siempre contesta cada una de sus peticiones.
Usted dirá, “a mí nunca me responde”. Y de pronto tiene esa percepción justo en los momentos más dramáticos de su vida.
Si lo analiza bien, cuando se toca fondo, justo cuando aparece con toda su crudeza la gran debilidad humana, también brilla en un instante el gran esplendor del amor generoso de Dios hacia usted.
Lo que pasa es que le falta fe.
La gente, cuando atraviesa por una dura situación, solo tiene que pedirle a Él con la certeza de que logrará lo que anhela. Poco a poco, la respuesta del Altísimo comienza a escucharse.
Habría que decir que esa respuesta no es, de manera precisa, una fórmula matemática. Pero, más allá de ello, siempre hay un mensaje divino en cada cosa que nos ocurre.
A lo mejor usted insiste en el reclamo y replica: “siempre pido con fe y nunca me responde”.
Ha de saber que Dios siempre está en diálogo con nosotros; lo que pasa es que usted pareciera que no lo quisiera escuchar.
¿Por qué? Porque con relativa frecuencia usted se sumerge más en lo material que en lo espiritual. Así las cosas, su nivel de abandono hacia Él es tan grande que, sus oídos terminan padeciendo una sordera absoluta.
¿Cuál es el antídoto para los llamados ‘no oyentes espirituales’?
Si se tiene en cuenta que Dios da la sabiduría a quien le pide con fe, habría que precisar que la oración es la herramienta más eficaz para ser escuchado.
Tampoco es cuestión de quedarse pronunciando retahilas de frases que ni siquiera entiende. La idea es que todas las plegarias que eleve al cielo sean conscientes y, sobre todo, que tenga claro qué significado tienen las palabras con las que ora.
Las cosas tienen una razón de ser y, en últimas, todo lo que le sucede tiene una explicación.
Algo más: recuerde que Dios a veces envía la respuesta de una forma inmediata; en otras ocasiones ella tarda más de lo normal. Sin embargo, Él siempre contesta cada una de sus inquietudes.
Tres tipos de respuestas
Como si se tratara de la prueba Icfes, Dios solo le da tres opciones de respuestas.
La primera es: “Sí”
Sin vacilaciones, Él le responde de manera afirmativa. Es esa respuesta que llega de inmediato y que a usted le parece un milagro.
La segunda es: “Todavía no”
Así nos llenemos de ansiedades, Dios lo único que nos quiere decir es que tengamos paciencia para esperar. Muchas veces cuando queremos algo de una, puede ser contraproducente tenerlo en nuestras manos. Solo Él sabe cuál es el tiempo perfecto para nuestras cosas.
La tercera es: “Tengo algo mejor para usted”
Personalmente esa respuesta es la que más me gusta. Con relativa frecuencia queremos cosas que no son lo mejor para nosotros. Y Dios, en su infinita sabiduría, siempre sabe qué es lo que más nos conviene o qué es lo que nos corresponde vivir.
¿Hasta cuándo?
La pregunta se las formulamos a quienes se dejan vencer por los problemas. Ustedes tienen que ver el ejemplo de la hormiga, que trabaja sin cesar en el tiempo bueno y amontona alimentos para el tiempo malo. ¿Hasta cuándo se van a quedar sin hacer nada, esperando que las angustias los agobien?
TEST
Resuelva las siguientes preguntas:
1 ¿La forma como trata sus problemas es la más adecuada?
2 ¿Deja ‘enfriar’ el problema o lo enfrenta de una?
3 ¿Se ocupa antes de tiempo?
4 ¿Acaso emprende la retirada ante el primer obstáculo?
5 ¿Tiene la fe y la confianza necesarias en usted mismo?
6 ¿Pide ayuda si es necesario?
7 ¿Sueña con que el problema ya se le solucionó?
8 ¿Reconoce que tiene derecho a equivocarse?
9 ¿Toma decisiones?
10 ¿Sabe pedirle a Dios?
Échele cabeza
* Piense cuáles son las salidas que tiene su problema. Escriba en un papel las fórmulas que se le ocurran para encontrar la solución a eso que lo inquieta. Cuando menos lo piense, leyendo esas líneas hallará escrita, en letra y molde y con su propio puño y letra, la solución indicada.
* Búsquele el lado bueno a su angustia. Un ejemplo: no se queje porque el doctor le cobró $100 mil por la consulta; es mejor alegrarse porque tiene esa plata para pagarle a él y para pagar los remedios.
* Reflexione hasta dónde lo puede llevar su problema. Tiene dos opciones: quedarse sentado esperando que todo le caiga del cielo, o analizar qué tanta posibilidad real tiene de seguir mirando al frente.
* Salir del problema es dar un paso más, no retroceder. Mejor dicho, si mira hacia el frente, con seguridad algo bueno encontrará.
* Siempre haga algo para sobreponerse a la tristeza que lo embarga. Cada vez que la nostalgia toque a su puerta, tome vasos llenos de los buenos momentos que ha tenido su vida y écheselos a las amarguras. Ese truco es el mejor ‘bombero’ para apagar el incendio de su tristeza.













