Alguien deja de depender de las cosas cuando es capaz de continuar, así no alcance los éxitos.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
¿Padece la dolencia de la ‘dependicitis’? Esa palabra no existe en el diccionario, pero sí podría ser tildada como una especie de enfermedad del espíritu.
¿De qué se trata? Es algo muy común en estos tiempos: es depender de alguien o de cierta situación en particular.
Usted depende del trabajo, de una ‘traga maluca’, de una costumbre, de un vicio, de una familia, de una religión, del dinero, de sus gustos, en fin… Y cuando usted padece de ‘dependicitis’, no se da cuenta de lo grave que está. Porque más allá de que los síntomas le salen a flor de piel, ni siquiera se da por enterado de su dependencia.
Peor aún, con frecuencia les niega a los demás que está atado a algo y se cree el cuento de que todo lo superará.
Es una pena padecer este mal.
¿Por qué?
Porque la clave de todo en la vida no radica en agarrarse, sino en soltarse. O mejor dicho; entre menos dependa, mejor.
Los demás no tienen ni la tarea ni la misión de lograr que usted sea feliz. ¡Ni más faltaba!
Todo lo que le pasa, tal como les ocurre a los alambres, suele enredarse. En ciertos momentos a usted se le cruzan los cables y provoca ‘cortos circuitos’. En esos casos, antes
que depender del electricista, debería estar atento para no electrocutarse.
Cuando el asunto es de los problemas, por citar solo un ejemplo de ‘alta tensión’, debería entender que es usted, y solo usted, quien tiene la posibilidad de decidir, actuar o resolver determinada situación.
Si se queda esperando que los demás le resuelvan sus líos, cada día se enredará más su vida.
Usted dirá: ¿Muchas veces no soy capaz solo de resolver las cosas?
¡Y puede ser cierto! Algunas veces necesita de sabios consejos y, por supuesto, de una mano amiga. Sin embargo, no puede atar su forma de ‘ser’ a lo que digan o piensen los demás.
Debe superar las aparentes limitaciones que les plantean los problemas, y aprender a pensar de una manera creativa.
Para no depender, hay que cambiar. ¡Claro! No basta con saber que debe cambiar su manera de ser; tiene que actuar. Porque a veces usted es tan consciente de sus errores, que raya en el propio cinismo. Sabe que debe ser disciplinado y se la pasa ‘desabrochado’ por la vida. No supera el vicio de la excusa y, en cambio, sí se ata a seguir su vida igual que siempre y apegado a cosas que no lo dejan crecer.
Si está perdido y no encuentra el camino, le conviene volver atrás y revisar en qué momento se extravió de la ruta. Ojo: siempre será mejor volverse atrás, que perderse en el trayecto.
Ponga los pies sobre la tierra. ¿Para qué va por su vida aferrado a cosas que, tarde o temprano, deberá dejar?
Lleve su bolso con lo esencial, lo básico y lo liviano; la verdad es que lo que no puede ser poseído, entonces no puede ser objeto de apego.
El amor, por mencionar otro ejemplo, no consiste en estar al lado de su pareja a toda hora: debe soltarla y, a veces, dejarla ir. Si es para usted regresará; de lo contrario, ni siquiera valía la pena conservarla.
Ahora bien, no se compare con los demás para despreciarlos, envidarlos o hacerles competencia; tampoco se apegue a los ejemplos de los demás. Cada quien tiene su propia misión.
Compárese con lo que usted puede llegar a ser y luche por serlo. Y por supuesto, ¡suéltese!













