A cada día le bastan sus propios temores, y no hay por qué anticipar los de mañana. Con relativa frecuencia nos preocupamos antes de tiempo y sin motivo alguno. Nos llenamos de inseguridades o angustias. Con tal proceder, lo único que hacemos es perder la maravillosa oportunidad de vivir el presente.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
Nuestros temores son naturales; sin embargo, es importante saberlos vencer, pues ellos pueden paralizarnos.
Debemos tener presente que esos miedos son los que, en últimas, nos tienen estancados.
Ellos nos impiden emprender proyectos, tomar decisiones sabias o, simplemente, no nos dejan aceptar el bello reto de vivir felices.
Lo más grave es que los temores tienen la fea costumbre de contagiarnos a todos y, en un santiamén, se multiplican.
Es probable que justo en este momento, cuando lea esta página, usted esté preso de alguno de ellos o de muchos.
¡Mucho cuidado!
Los temores desorganizan nuestras mentes. Es preciso que se llene de fe y de valentía para doblegarlos.
Suele suceder que tales miedos no son otras cosas que físicas necedades.
Porque, casi sin darnos cuenta, les ponemos tapas al cofre de la vida y terminamos encadenados a nuestros propios temores.
Lo cierto es que existen muchos eslabones en esta cadena que traban nuestras vidas.
Existe una fórmula maestra que nos libera de esas absurdas ataduras. La ‘llave’ que sirve para abrir dichas cerraduras se denomina: “confianza en nosotros mismos”.
Para poder avanzar es preciso soltarse y uno solo se suelta cuanto tiene la plena convicción de que las cosas le van a salir bien.
Por las calles vemos a diario personas ‘corroídas’ por el temor, faltos de fe y decididos a seguir estancados, sin enfrentar las vicisitudes que les presenta la vida.
Los temores a los cambios son los peores.
Ojo: cuando la realidad de nuestra vida cambia, debemos ser valientes para vaciarnos del ayer.
Si no lo hacemos
corremos el riesgo de quedarnos atrapados en nuestras ‘taras’ y con docenas de sinsabores por no saber mirar al frente con dignidad y con entereza.
Más sobre la fE
El remedio verdadero para la preocupación
crónica radica en la fe. Hay que tener fe en lo bueno; fe en que el Misterio Universal no está contra nosotros, sino a favor nuestro.
Si usted se ha acostumbrado a creer en la desgracia y el odio, pues vivirá en esos mundos.
Sin embargo, ¿no cree que también tiene capacidad para cambiar y creer en la bondad y en el amor?
El valor de la vida estriba más en su contenido, que en su duración; por eso suele decirse con mucha sabiduría que “no vive más el que más vive, sino el que vive mejor”.
Viva cada segundo como si fuera el último, pero también trate de planearla como si no tuviese fin.
No les dé importancia a cosas triviales. Viva intensamente los buenos momentos para no arrepentirse más tarde del tiempo perdido. Los días pasan por nosotros como el agua entre los dedos.
Vivir del “qué dirán”
Teresa, una mujer muy insegura de sí misma, se puso una pulsera de oro un día que fue a visitar a sus padres. Su hermana, quien le reprochaba todo lo que ella hacía, la cuestionó por esa arandela:
-“¿Por qué gastas tu dinero en algo tan frívolo?”.
Teresa se sintió mal. Sin embargo, juró no volverse a poner esa joya hasta tanto ella misma fuera capaz de lucir su manija sin que le hirieran los comentarios
de los demás.
La tarea era difícil, porque ella siempre había vivido del ‘qué dirán’. Le costó trabajo pero, al cabo de dos meses, volvió a usar su particular brazalete.
La anterior historia, así de escueta como se lee, demuestra que en algunos momentos podemos ‘regodearnos’ de la vida, sin tener que pensar en lo que digan los demás.
Suele suceder que quienes están a nuestro lado nos contagian de sus temores y, al final, nos aniquilan y nos hacen pensar que no seremos capaces de tomar nuestras decisiones.
Una recomendación: al asumir actitudes hay que tener cuidado de no hacerle daño a nadie con nuestro proceder. ¡No se trata de maltratar sino de ser autónomo!
Elimine al ‘odioso nO’
* Primero que todo, tenga presente que decirse usted mimo que no puede cuando ni siquiera ha intentado afrontar el problema, no sirve de nada.
* No levante ‘monumentos’ a sus obstáculos. Algunos convierten una gota de agua en una tormenta y lo peor es que se ahogan sin intentar nadar.
* No repita frases como: “Yo nunca he podido” o “Yo jamás saldré de pobre”. Esas son expresiones que, de entrada, aniquilan cualquier posibilidad de surgir.
* No crea que los demás valen más ni menos que usted.
* No crea que todo le va a salir mal; si ha trabajado de una manera honesta, no va a fracasar.
* No preste demasiada atención a lo que expresan los demás; muchas veces la gente que le rodea solo quiere verlo fracasar.
* No deje para más tarde lo que debe hacer hoy.














