Cada cosa que hagamos, cada pensamiento, cada emoción y cada palabra que decretemos en nuestra vida se nos devuelve.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
Aunque nos las demos de ingeniosos, deberíamos tener presente que de Dios no nos podemos burlar: lo que hacemos, nos regresa multiplicado. Esa es como la retribución del universo por la forma como actuamos.
Aquello que sentimos o pensamos, casi que de manera literal, atrae una consecuencia. Todo lo que realizamos repercute por fuera y por dentro.
Ojo: los problemas y los conflictos que le causemos al prójimo retornarán de manera inevitable a nuestras vidas. Y si lo que hemos hecho con los demás es brin-darles nuestras manos, ellos mismos nos abrirán las suyas cuando las necesitemos.
Nuestro presente es el resultado de los hechos que en el pasado hemos generado. Y sin ser adivinos, el fu-turo dependerá de lo que hagamos hoy, del amor o del odio que les irradiemos a los demás.
Si amamos, nos amarán; si pegamos, nos pegarán; si robamos, esa misma plata nos la quitarán; si criticamos de manera injusta, luego seremos vapuleados por comentarios insulsos, en fin…
Parece una fórmula matemática y la verdad es que es así de sencillo.
Si asumiéramos esta máxima, por física lógica podr-íamos empezar a pensar antes de actuar, podríamos tener consideraciones hacia los demás e incluso nos llenaríamos de paciencia para entender qué estamos haciendo con nuestro mundo.
Estas líneas que hoy redactamos nos sirven para abrir la mente. Porque aunque no alcancemos a percibirlo por esa extraña arrogancia en la que nos acostumbra-mos a vivir, todo lo que se hace se paga.
¿Dios tiene que ver en esta filosofía?
¡Pues! los mandamientos los dictó Él y por algo nos invita a cumplirlos. Sin embargo, debemos entender que somos nosotros, con nuestro libre albedrío, quienes generamos las consecuencias según los actos que asumamos.
Más allá de nuestras decisiones, sí podríamos ‘achacarle’ a Dios algo de esta reflexión, muy reconfortante por cierto. Y es que, hagamos lo que hagamos, contamoscon el perdón de Él. Así nos equivoquemos, Él siempre estará presto a ayudarnos a rectificar.
Cualesquiera que sean los móviles que nos llevan a actuar, más allá de las imperfecciones, de las angustias o de las equivocaciones, siempre habrá una ma-nera de emprender otra vez nuestro camino con la venia de Dios.¡Claro! tampoco se trata de pecar, rezar y empatar. ¡Tal fórmula no funciona aquí!
Todo es posible con una gota de voluntad. Se trata de disolver, borrar completamente y, sin costo alguno, recomenzar para bien.Una última sugerencia: dé su corazón a quien le pide afecto; de esta forma disfrutará de las maravillas terapéuticas que logra una sencilla expresión de amor y afecto como lo es el abrazo.













