Domingo 21 de Octubre de 2018 - 12:01 AM

Reconectémonos con nuestra energía

Hay que vivir con pasión y con ganas. Cuando ‘nutrimos’ nuestro entusiasmo somos capaces de hacer más cosas de las que imaginamos.
Archivo/VANGUARDIALIBERAL
Cada día, al levantarnos, debemos ingerir unas buenas dosis de motivación.
(Foto: Archivo/VANGUARDIALIBERAL)

Cada día, al levantarnos, debemos ingerir unas buenas dosis de motivación y de optimismo, tantas como sean necesarias para no desfallecer.

Esas gotas de ‘buena vibra’ se tienen que suministrar en nuestros pensamientos con tal intensidad, que nos permitan contagiar de alegría y de seguridad a quienes estén a nuestro alrededor.

¡No lo digo por cliché ni mucho menos!

Menciono este tema porque percibo que muchos andan ‘bajos de nota’: tal vez sea la crisis económica de la que tanto hablan, puede ser que estén algo confundidos o de pronto es que las cosas no les han salido como esperaban. Lo peor es que, en ese ‘mar de circunstancias’, se está perdiendo la fe.

Sea cuál sea la razón, siento que a nuestras mentes les faltan motivaciones a través de las cuales podamos encontrar situaciones que despierten nuestra atención y todo nuestro interés, brindándonos además las energías que necesitamos para perseverar.

Es fundamental renunciar a todo aquello que nos contamine el espíritu, es preciso soltarnos de esas ataduras que nos llegan con el desánimo e incluso tenemos que liberarnos de ese montón de cargas que llevamos a cuestas de manera injustificada.

Hay que dejar tanta agresividad y resentimiento, ya que consumen nuestra energía. Mantener una actitud negativa hace que, en todo momento, nos desgastemos.

Nos corresponde revestir los pensamientos con un lenguaje más esperanzador y siempre tener la disposición necesaria para no dejarnos vencer por los problemas.

Con una sincera e inteligente decisión y la consecuente acción de nuestra parte lograremos gestar las condiciones que pueden convertir en realidad nuestros más soñados propósitos.

Ojo: No será la suerte la que vendrá a resolvernos los problemas o nuestras actuales limitaciones. Solo con una fe sólida, acompañada de un compromiso arduo y constante, alcanzaremos los anhelos que sembramos en nuestros corazones.

Atemos los cabos que hemos dejado sueltos y liquidemos ese pesimismo que nos embadurna para reconectarnos y dedicarles toda la energía a las cosas que realmente nos apasionan.

El entusiasmo es una chispa renovable, limpia y revitalizadora.

Así las cosas, cada situación que afrontemos debe ser vivida con una intensidad maravillosa y emprendedora.

Hasta el día más aburrido y gris puede cambiar en un segundo con un pensamiento positivo y con la férrea decisión de ver la vida con ojos nuevos.

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