Jueves 29 de Noviembre de 2018 - 12:01 AM

Nos agobia la ansiedad, encendamos los botones

¡La ansiedad es un tema de mucho cuidado! Ella es, sin lugar a dudas, una patología que nos afecta de manera considerable. Esa ‘desazón’ es tan grave, que ha sido considerada como una de las principales enfermedades de nuestro tiempo.

Algunos sostienen que sentir ansiedad es ‘relativamente normal’. Sin embargo, cada día son más recurrentes las denominadas ‘preocupaciones intensas’ de nuestros ciudadanos.

Estas alteraciones hacen que los seres humanos se vuelvan más temerosos y lo más grave es que interfieren en sus actividades cotidianas; de hecho, muchas de sus ansiedades son difíciles de controlar.

La verdad es que últimamente las personas afrontan más problemas económicos y hay más rupturas sentimentales, sin contar que padecen de inusitadas ráfagas de desánimo. De igual forma se desesperan cuando algo no les sale como anhelaban y, en consecuencia, se dejan llevar por las decepciones.

Los ataques de ansiedad pueden darse por muchos motivos: sucesos de la niñez, falta de conciencia, inseguridad, dependencia, perfeccionismo, etc...

Cada quien debe identificar el origen de su problema. Y si el asunto es muy grave, el que perciba rasgos de ansiedad debería consultar un profesional para aclarar sus dudas.

Sin embargo, de manera propositiva hoy me permito darles algunos consejos a manera general para poder aportar mi granito de arena al respecto.

Muchas veces algunas actitudes que tomamos frente a las cosas se deben a ciertas creencias que adoptamos frente a algo específico y que afecta de manera positiva o negativa a nuestra vida.

Cuando hablamos de ansiedad estamos haciendo referencia a ciertos pensamientos que, lejos de parecerse a la realidad, solo hacen parte de la imaginación.

¿Qué quiero decir con esto?

Hablo de aquellas inseguridades que alteran nuestra forma de actuar y de relacionarnos con los demás, debido a la percepción que tenemos de las situaciones que aquejan a nuestro diario vivir.

Todos respondemos de diferentes formas ante las adversidades, pero esa actitud está marcada por lo que pensamos de ellas.

Yo sugiero que hagamos un análisis de qué nos está provocando estos episodios ansiosos.

Una vez tengamos claras las razones pensemos en cómo podríamos empezar a actuar, encaminando los ‘problemas’ hacia lo que esperaríamos sentir y a su vez comparándolos con lo que realmente sentimos.

Es un trabajo de mucha interiorización y de comunicación con nosotros mismos. Si lo hacemos descubriremos más de lo que creeríamos. Les puedo asegurar que nos vamos a sorprender.

Lo bonito es saber que todo problema de ansiedad tiene su solución y que no debemos desesperarnos ni un poquito por ello, por más paradójico que parezca. Animémonos porque la vida es una sola y debemos disfrutarla lo mejor posible. Liberémonos de la ansiedad. Pensemos que lo que puede ‘ser sí será’ y, en un abrir y cerrar de ojos, veremos que todo nos sale al natural. Dios les bendiga. Les envío un fuerte abrazo.

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