jueves 23 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

A muchos les hace falta ver la vida con mayor claridad

No todos son capaces de descubrir o apreciar la esencia más auténtica del ‘día a día’. Algunos se pierden en las divagaciones y se complican; y en el afán por dar los pasos precisos, se quedan en elucubraciones sin sentido. ¡Hay que aprender a enfocarse en la vida misma!
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Muchos, incluso ya entrados en años, no saben qué hacer con sus mundos. Se la pasan inmersos en angustias existenciales y divagando ‘una y otra vez’ sin tener claridad.

Viven sumergidos en pensamiento reiterativos entre los recuerdos y los temores que al final los dejan estancados.

Si estas personas entendieran que la vida se mide en instantes y en la capacidad para estar abierto a la realidad, a la oportunidad, a la magia de los detalles más simples que nos rodean y al optimismo, podrían salir de tales encrucijadas.

Es preciso que asuman las riendas de sus propias existencias y para ello deben salir de esos ‘escondites’ que se han creado en sus mentes, los cuales no les permiten lograr ver otras perspectivas.

Ellos deben enfrentarse a sus propios temores para que superen los momentos difíciles y asuman de una vez por todas sus asuntos.

Es decir, tienen que conocerse de verdad para dilucidar sus pasos de acción y enfrentar lo que creen que son y lo que realmente son capaces de realizar.

Tal vez ese desfasamiento se debe a que hace mucho tiempo que no se miran a sí mismos con total sinceridad.

Todos tienen que encontrar los verdaderos objetivos de sus vidas. Y para lograr eso necesitan hacer algunos cambios lentos y graduales, pero no por ello menos decididos. Esto hará que las cosas tiendan a estabilizarse de la mejor manera y así tendrán unas ‘gafas’ más reales.

Deben renovarse no solo no en lo material sino también en su forma de ser. No pueden seguir siendo tan negativos ni tan escurridizos; tampoco pueden quedarse en el plano de las quejas.

Con una ‘buena vibra’ y ‘colocando los pies sobre la tierra’ podrán superar con creces cualquier reto.

En esta misión deben estar conectados con Dios, entre otras cosas, porque lo que Él tiene para cada uno de nosotros es más grande de lo que nosotros mismos alcanzamos a imaginar.

Aunque no lo crea, el Señor les ha diseñado una misión y lo más acertado que pueden hacer es desenvolverse en esas tareas.

Por eso siempre será bueno ponerse en las manos de Él y permitir que haga su voluntad en sus vidas.

Claro está que eso no significa que se queden con los brazos cruzados esperando que todo les baje del cielo. ¡Todo lo contrario! Actúen con serenidad y perseverancia.

Tengan fe, pues el Señor estará junto a ustedes, ayudándoles y guiándolos hacia cada una de sus metas.

Han de saber que el Creador no les promete un caminar fácil, pero sí un final dichoso. Sepan que cuando Dios les regale sueños sin duda despertarán acompañados de Él, pues con su Venia todo les será posible.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las angustias asaltan con relativa frecuencia a nuestro estado de ánimo y nos despiertan muchas inquietudes. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos la posibilidad de razonar y aplicar sanas estrategias para curar el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Cuéntele su caso a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá su inquietud. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Soy un hombre joven y me acaban de diagnosticar una grave enfermedad. Tan pronto me enteré de qué se trataba este mal, me derrumbé y se me vino el mundo encima. En los últimos días me he levantado enojado con la vida, con Dios y en general con toda mi existencia. Siempre le pregunto al Creador por qué me pasa esto a mí. Es duro padecer esto y usted no alcanza a imaginar lo triste que estoy. Desde su perspectiva, me gustaría que me ofreciera un buen consejo. Le agradecería en el alma”.

A muchos les hace falta ver la vida con mayor claridad

Respuesta: Es normal experimentar esas emociones luego de que se le diagnosticó esa grave enfermedad. Sin embargo, entienda que aunque sea duro el asunto podrá sobrellevar esta situación y por ende será capaz de aprender a controlar determinados sentimientos para que el tema no se le complique más de la cuenta.

Debo advertirle que nada sacará con estar enojado con Dios. ¿Para qué se indispone?

No le pregunte a Él “¿Por qué a mí?”; mejor respóndase usted mismo cuáles serán los retos que deberá asumir para pasar esta exigente prueba.

No pierda la confianza en el Señor ni en su habilidad para controlar las circunstancias que hoy vive. Si pierde la fe, se dejará llevar por la frustración y ahí sí que perderá la serenidad y la calma necesarias para superar esta etapa de su vida.

La mejor forma de hacer frente a una noticia de este tipo es poniéndole la cara y estableciendo un plan de acción para asumir lo que todo esto implique. Y no hablo solo del tema médico, sino también de la arista sicológica.

Resuelva todas sus dudas con los médicos, analice cuáles pasos deberá seguir y mantenga una terapia o una ruta de sanación, en la que serán claves la fortaleza, la paciencia y la disciplina.

Tenga en cuenta que, tratándose de enfermedades graves, cada organismo es distinto y por esta razón es necesario como paciente comprender lo que está pasando con su cuerpo, lo que puede esperar y sobre todo lo que usted mismo deberá hacer para ayudarse con el tratamiento, obviamente bajo la asesoría profesional.

Yo sé que el tema es bien neurálgico, pero manténgase firme aunque eso no implica reprimir sus emociones; es mejor desahogarse pues, de no hacerlo, esto puede suponer un riesgo mayor.

Pídale a Dios fortaleza, serenidad y entereza para pasar con la mayor tranquilidad posible este momento. Mantenga el aliento, cultive la esperanza, reviva su fe y entienda que mañana todo esto solo será un recuerdo de una gran prueba superada.

REFLEXIONES CORTAS

A muchos les hace falta ver la vida con mayor claridad

* En las oficinas, en los hogares y en el entorno hay gente maravillosa, gente que tiene empatía, gente que sabe escuchar y gente que ayuda a los demás. Si usted hace parte de alguna de ellas, realmente marca la diferencia.

* Que no se lea egoísta, pero después de Dios la única persona que estará a su lado cada día de su vida será usted mismo. Así las cosas, ámese, téngase consideración, cuídese y siempre viva orgulloso de lo que consigue legalmente.

* Si llega, salude; si se va, despídase; si le hablan, conteste; si promete, cumpla; si ensucia, limpie; si no sabe, aprenda; si sabe, enseñe; si lo necesitan, ayude; si ama, dígalo; si no lo aman, acéptelo; y si ofendió, pida perdón.

* La felicidad no llega cuando conseguimos todo lo que deseamos o cuando nos ‘tapamos en plata’; ella aparece cuando disfrutamos, valoramos y estamos agradecidos por lo que tenemos, sea mucho o poco.

* Una persona no es humilde por lo pobre que es; ella es humilde porque es honesta, sencilla, transparente y, sobre todo, porque tiene amigos no por el dinero que tienen sino por lo que ellos son en realidad.

* No se trata de qué marca de carro tiene o en cuál barco navega con su vida; lo importante es ser el conductor o el capitán que tiene claro hacia dónde quiere ir o el lugar en el que realmente debe estar.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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