martes 29 de diciembre de 2020 - 12:00 AM

¡A pesar de todo, somos bendecidos!

Independientemente de las circunstancias actuales, debemos darle gracias a Dios porque nos ha permitido sobrellevar estos duros tiempos de crisis.
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Por más duros golpes que hayamos recibido últimamente, no podemos terminar ‘peleando’ con la vida por lo que nos ha sucedido.

Lamentarnos por todo o quejarnos por lo que no pudimos hacer solo enrarece más el ambiente y empeora el panorama. Resignarse a sufrir o asumir el ‘rol de la víctima’ finalmente nos hundirá en el abatimiento.

Soy consciente de que afrontar los diversos y complejos problemas que nos ha desencadenado la pandemia no es una tarea fácil; incluso puede trastornar el equilibrio y la armonía que tanto anhelamos.

No obstante, nos corresponde mantener la serenidad no solo en la misma cotidianidad sino también en el alma y en el corazón.

Pese a que aún no entendamos lo que nos sucede, más temprano que tarde la vida se encargará de explicarnos el por qué de las cosas.

Finalmente será preciso hacer lo que podamos con lo que tengamos y desde donde estemos.

No hay por qué buscarle tanto complique a la situación actual. Ya es suficiente con todo el enredo que nos ha traído este 2020, como para amargarnos más por lo que se viene.

La vida es así, tiene sus tiempos: un día se ríe, al otro se llora; de pronto todo es fácil, luego todo se ve tortuoso.

Querámoslo o no, la vida se la pasa meciéndonos en esa singular balanza en la que algunas cosas salen bien y otras, por momentos, parecen estar al revés.

Las circunstancias adversas nos hacen creer que no debemos esperar nada bueno, cuando es todo lo contrario: cada prueba difícil va puliendo nuestro carácter. Por eso, siempre será válido tener una mirada esperanzadora y ser propositivo ante lo que suceda a nuestro alrededor.

Si lo vemos desde una perspectiva más objetiva, todo lo vivido se ha traducido en grandes lecciones que hemos podido asimilar y que serán útiles para lo que vendrá de ahora en adelante.

Dicho de otra forma, si decidimos tomar los golpes de la vida de un modo constructivo las cosas nos resultarán mejor.

Desde esa perspectiva podríamos decir que, tras la pandemia, pudimos entender que el dinero no es tan importante como creíamos; ya no desplazamos tanto a la familia por culpa del trabajo; para algunos la soledad se convirtió en la mejor confidente; y también comprendimos que las cosas materiales no hacen la felicidad, pues podemos vivir bien con lo justo y necesario.

Hoy somos más resilientes, más capaces de adaptarnos ante situaciones adversas y podemos salir de ellas transformados en hombres de bien.

Dejemos atrás los temores, nuestra vida necesita de un respiro y debemos ir más allá de las vicisitudes que nos ha traído este año que termina.

Esta es una propuesta para escucharnos a nosotros mismos, sacarle provecho al ‘día a día’ y convertir aquello que nos limita en oportunidades. ¡Hagamos que las cosas buenas nos sucedan!

REFLEXIONES CORTAS

* Un gran salto no sirve de nada si al final cae estrepitosamente; mejor dé pasos cortos, pero firmes.

* Recuerde que no tiene sentido tener una cabeza llena de versículos bíblicos si su corazón es hipócrita.

* Los manantiales o los pozos de agua se agotan cuando se extrae el líquido a toda hora o sin racionarlo.

* Debe reflexionar antes de hablar. La idea es que sea consciente de lo que pronuncia y sus consecuencias.

* Independiente del tiempo que tenga, lo importante es que tenga claro lo que hace con su vida para ser feliz.

* Puede ser el más pequeño del grupo, pero siempre será capaz de liderar grandes causas en su vida.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo aturden en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Al cierre de este año me enfrento a la posibilidad de tomar una decisión que le daría un giro a mi vida y que, en el fondo, yo estaba esperando. Pero con este tiempo de pandemia que he vivido, estoy lleno de dudas y ansioso por el paso que voy a dar. Se trata de una oportunidad para cambiar de ciudad y de trabajo. La cuestión es: irme y probar, o seguir haciendo lo mismo que realizo desde hace años. Eso implicaría dejar muchas cosas que hoy son bastantes rutinarias en mi vida. Suena obvia mi decisión, pero de alguna forma quisiera conocer su recomendación. Muchas gracias”.

Respuesta: No es fácil tomar una decisión. La costumbre, la estabilidad y, sobre todo, los miedos al cambio nos ponen a titubear.

Pese a ello, la realidad nos enfrenta a situaciones trascendentales. Yo creo que, más allá de este año atípico, siempre habrá más de una alternativa.

Lo que sí le garantizo es que no puede pretender seguir haciendo lo mismo, porque definitivamente el mundo cambió. Si insiste en quedarse anquilosado en lo que hacía antes de todo este caos, seguirá en la rutina de la que me habla. Es decir, por lo que interpreto en su carta, su quehacer diario se ha vuelto tedioso y es evidente que no lo disfruta del todo.

Durante este tiempo vivido, tal y como nos pasa a muchos, usted se está enfrentando a opciones distintas de hacer las cosas y de alguna forma eso lo está haciendo pensar más de la cuenta.

¡No es para menos! La incertidumbre que ha traído la pandemia hace que le aterre el paso que va a dar. ¡Pero bueno, todo en la vida es una decisión y cambiar es una de ellas!

Además, está comprobado que cuando una persona decide experimentar cosas nuevas prueba que no solo está más sana mentalmente sino que además es más feliz que aquellas que siguen con sus aburridas agendas, desgastando su vida y anquilosándose en una falsa zona de confort.

Aprovechar las oportunidades y, en general, arriesgarse a ver el mundo con unos lentes menos comunes lo harán estar más comprometido con su futuro o con su proyecto de vida.

Mi respuesta le apuesta a que reflexione sobre lo que realmente quiere hacer con su vida.

Si usted ha recorrido un camino cien días seguidos, puede ser que hasta pueda atravesarlo con los ojos vendados sin siquiera tropezar; pero si toma una ruta desconocida, eso lo obligará a estar más atento que nunca.

¡Claro que hay riesgos! La clave no es cambiar por cambiar. De manera sencilla es intentar buscar un camino diferente para ver las otras posibilidades que tiene a su alcance.

Una vez que haya tomado la decisión, sea cual sea su desenlace, habrá abierto un camino ante usted. Si tropieza, no importa, por algo será y una gran lección aprenderá.

Como usted no es muy claro en la propuesta que va a tomar, déjeme solicitarle un poco de prudencia y sensatez. Es decir, tampoco se ponga a hacer cambios radicales de buenas a primeras o a la topa tolondra; es mejor centrarse en pequeñas modificaciones que puedan convertirse en el bálsamo que tanto está buscando.

Una última recomendación: si toma una decisión, ¡disfrútela! Después comprenderá el ‘porqué’ Dios le permitió tomar esa ruta.

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