sábado 08 de febrero de 2020 - 12:00 AM

A veces nos sentimos desanimados

Somos los directores de nuestro propio entusiasmo. Si nos dejamos aniquilar por el abatimiento, la vida se nos volverá demasiado gris. ¡Es mejor levantarnos y enfrentar los problemas con altura y dignidad!
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Con seguridad a usted suele pasarle lo mismo que a mí. Hablo de esos extraños episodios de decaimiento anímico que nos dejan ‘bajos de nota’. No sabemos por qué, pero de pronto aparecen.

Cuando yo los experimento me siento con ganas de ‘tirar la toalla’. De repente percibo que las cosas que me rodean son difíciles. Es como si creyera que la vida misma me trata ‘a las patadas’. El semblante me cambia para mal. Son épocas de estrés y de desconcierto.

Yo sé que se lee ‘raro’ que alguien que escribe mensajes espirituales confiese que se siente así a veces. ¡Pero es cierto!

Reitero que no me pasa solo a mí. En general, los circuitos internos de nuestro cuerpo son víctimas de apagones sorpresivos y, por alguna razón que pretendemos desconocer, nos volvemos pesimistas.

¿Le ha ocurrido?

Recuerde esos días en los que usted se preocupa demasiado por todo lo que tiene que hacer y termina embadurnado en la peligrosa área de la negatividad.

Los continuos vaivenes de nuestro estado de ánimo nos dejan petrificados, entre otras cosas, porque comenzamos a ver nuestra realidad ‘muy dura’.

Y es que cuando estamos desesperados, creemos que nuestro destino no es otro que el de sufrir. ¿Sabe algo? ¡No hay tal! En estos momentos críticos es cuando usted y yo debemos ser conscientes de que tenemos grandes reservas de energías y podemos recurrir a ellas.

Estas líneas que hoy publico están destinadas a ayudarlo a tener más fuerza para perseverar y para no dejarse vencer por los días opacos.

Necesita mirar la vida con esperanza y entender que nadie viene a este mundo a sufrir. ¡Ni más faltaba!

Uno no puede vivir con el agua hasta el cuello y quedarse esperando a que el agua lo ahogue. Hay que sacar la cabeza y el cuerpo a la superficie, para nadar y sobrevivir.

¡No hay de otra!

Hay que actuar y, para ello, debemos convertir nuestro mundo en algo más atractivo. No vinimos solo a pagar deudas, a ‘trabajar como burros’ o a padecer desamores.

Sé que no es fácil mirar la vida con amabilidad cuando los problemas nos atosigan. No obstante, le cuento le cuento que hay tácticas para no deprimirse. Varias de ellas consisten en conservar la cordura, estar centrado y recurrir al sentido común.

En mi caso, cuando atravieso por momentos difíciles me refugio en la oración. No sabría explicarle cómo lo logro, -tal vez sea por mi fe-, pero las plegarias calman mis crisis.

Orar me permite buscar dentro de mi propio ser vitaminas espirituales y, de esta forma, me irradia claridad para entender lo que me pasa con el singular efecto de la tranquilidad.

Y si no se siente muy religioso que digamos, pues no está acostumbrado a rezar, le sugiero que en momentos de adversidad confíe en que lo que le está ocurriendo, a pesar de las apariencias, es para su propio bien.

Todas las experiencias de la vida nos sirven para aprender y para crecer. Debe eliminar las dudas y tratar, en la medida de lo posible, de mirarse con menos rigor.

Para la angustia que lo agobia hay otro secreto: vivir con pasión aquello que vaya a emprender.

Por eso le sugiero pensar en aquellas cosas que encienden su ánimo. Si los días se viven con ganas, todo fluye. Notará que, de repente, oportunidades inesperadas llegarán a su vida.

A medida que usted mismo vaya formando su pasión por las cosas, así ellas sean pequeñas, la vida misma se encargará de recompensarlo.

Recuerde que de las espinas de la realidad siempre se pueden extraer rosas.

CUÉNTEME SU CASO

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

A veces nos sentimos desanimados

Testimonio: “Las preocupaciones son mis constantes. Me angustio hasta por los mínimos problemas que surgen en la oficina, en la casa o en mi relación de pareja. Siento que en cualquier momento podría pasarme algo desafortunado. La verdad es que me resulta imposible dejar de preocuparme por el futuro, por mi trabajo y por todo lo que es cotidiano. Soy un hombre de Dios, pero eso me mantiene intranquilo. ¿Qué cree usted que pueda estarme pasando? Deme uno de sus consejos”.

Respuesta: Todos nos preocupamos por algunas situaciones de nuestra vida cotidiana; casi que se podría decir que eso es ‘relativamente normal’.

Pero también es claro que esa preocupación excesiva por muchas cosas es anómala, perturbadora y de cuidado.

Préstele mucha atención a su situación, porque ese tipo de ansiedad puede desencadenar desde jaquecas hasta taquicardias.

No en vano en las propias Sagradas Escritura se lee que “una mente tranquila es salud para el cuerpo”. Este proverbio, dicho sea de paso, también es validado por los profesionales de la salud.

Yo le pregunto: ¿En qué momento de su vida decidió instalar en su mente el radar de la preocupación?

¿Qué es realmente lo que le mantiene tan inseguro y temeroso?

Preocuparse por muchas cosas y, peor aún, sentir dificultad para controlar esas angustias no es bueno.

Puede ser que, sin darse cuenta, le esté costando adaptarse a la vida cotidiana y a sus cambios. Será preciso poner los pies sobre la tierra y entender que la vida no está escriturada y, sobre todo, que cada día llega con su propio afán y con sus riesgos y posibilidades.

Debe aprender a dejarse sorprender gratamente. A usted, a mí y en general a todos en el ‘día a día’ nos pasan cosas 'buenas' y también 'malas'. ¡Es cuestión de saber asimilar cada una de ellas!

Aplicar la técnica de la preocupación intensiva no le sirve de nada y, por el contrario, le altera su bienestar y tranquilidad.

No puede seguir en ese círculo vicioso de las preocupaciones, porque tales angustias se autoalimentan a sí mismas y no lo dejan crecer. Si deja que esa ansiedad se dispare verá en cada día, en cada hecho y en cada obstáculo ‘fantasmas’ que no corresponderán a su realidad.

¿Qué le estoy tratando de decir?

Que usted tiene que aprender a dejar que las cosas fluyan.

No llene sus pensamientos de ideas negativas. Use sus momentos de sano esparcimiento para descansar de verdad o simplemente para alimentar una buena vibra.

No rellene su cabeza con suposiciones absurdas o con temores que, en últimas, solo lo desgastan.

Todos los expertos en sicología coinciden en recordarles a sus pacientes que, buena parte de las cosas que les preocupan no ocurrirán jamás.

Ellos también señalan que una excesiva preocupación deriva en depresión y en trastornos de ansiedad.

En su texto me dice que es un hombre de Dios. Como yo también lo soy, me permito sugerirle la siguiente oración que, sin lugar a dudas, le traerá tranquilidad. Ella reza así:

“Señor: Permita que sus ángeles de paz vayan delante de mí cuando salga a vivir mi día a día, y permita que ellos permanezcan a mi lado las 24 horas del día. Espero su Bendición, en su Santo Nombre. Amén”.

REFLEXIONES SUELTAS

A veces nos sentimos desanimados

* Siempre será clave que defina su espiritualidad desde su relación con el mundo y con su propia filosofía de vida.

* Todos venimos con un propósito; conseguirlo será nuestra tarea inmediata. ¡Miremos hacia el frente!

* No sea bullicioso. Hable solo cuando corresponda y verá que así su argumento será más sólido.

* Hay una noticia ‘mala’ y otra ‘buena’: la primera es que el tiempo vuela; la segunda es que usted es el piloto.

* El mundo le abre paso a quien sabe hacia dónde se dirige. Si no tiene una meta fija, se extraviará.

* A medida que crece se da cuenta de que tiene dos manos: una para ayudarse y otra para ayudar a otros.

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