jueves 04 de junio de 2020 - 12:00 AM

¡Abrámosle la puerta a una nueva vida!

Hoy, como nunca antes, todos debemos tomar la decisión de abrirle la puerta a una nueva etapa de nuestra cotidianidad.
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Siempre he creído que lo que la vida quiere mostrarnos con las etapas difíciles que alteran nuestra tranquilidad y armonía es mostrarnos, de manera especial, ciertas realidades o verdades que no hemos querido tomar en cuenta por el hecho de estar distraídos en otras cosas.

Cada obstáculo o cada dificultad nos pone contra la pared y, de alguna forma, nos mueve el piso. Sin embargo, también nos hace reaccionar.

En general, cualquier cosa que nos suceda, por extraña o incomprendida que parezca, tiene siempre la intención de enseñarnos algo o de ayudarnos a progresar en el camino del desarrollo personal y espiritual.

Hoy muchos estamos afrontando difíciles situaciones, nos sentimos incómodos e incluso nos hemos ‘salido de casillas’ por los problemas que ha despertado el COVID-19.

Ante esta etapa inesperada o inexplicable que nos llegó, valdría preguntarnos: ¿Qué es lo que esto quiere decirnos en relación con el arte de vivir o en nuestra cotidianidad?

En lugar de huir de las situaciones difíciles o de escondernos de ellas, debemos abrir bien los ojos y procurar sacar el máximo provecho de las lecciones que ellas nos dejan.

Los problemas sólo se resuelven favorablemente cuando tenemos el coraje de enfrentarlos con madurez, con valentía de guerrero y con corazón noble y generoso.

Es obvio que ya nos dimos cuenta de lo vulnerables que somos y también de que vienen grandes cambios.

Y aunque esos giros nos aterren un poco, hemos de saber que muchos de ellos nos van a favorecer.

Tal vez hemos estado ‘atorados’ en las brechas que los cambios suelen hacer en nuestra vida. De pronto no nos habíamos dado cuenta de que nos encontrábamos de pie, sin movernos, precisamente frente a la puerta que podría conducirnos a la transformación personal.

Si miramos bien, aunque digamos y creamos que queremos pasar al otro lado y seguir avanzando, el miedo, muchas veces disfrazado de exceso de ocupaciones, es lo que nos ha mantenido inmóviles y nos ha impedido avanzar hacia nuevas etapas y mayores logros.

Es preciso que tomemos el tiempo que sea necesario para que podamos asimilar todo y hagamos una reflexión sincera y objetiva sobre lo que nos ha venido pasando, para saber actuar.

Si no lo hacemos y seguimos postergando el paso decisivo que debemos dar, perderemos una gran oportunidad para ser mejores personas.

Hay que aprender a ceder un poco y a comprender y aceptar que cada situación pasa ‘para algo’.

Con voluntad firme y decidida podremos vencer los obstáculos que se nos han venido presentando.

¡Ha llegado el momento de actuar! En ese orden de ideas, debemos mermarle el tono a nuestros temores y a los apegos porque, por mucho que demos vueltas con nuestros pensamientos, es preciso pasar de la retórica a la realización.

Más allá de los desafíos que la vida inexorablemente nos trae, no es sólo con las buenas intenciones como se solucionan los problemas, sino precisamente a través de una acción decidida y eficiente.

Abordemos ya nuestra situación y decidámonos a actuar en la dirección requerida, para ver nuestro porvenir con un tono más esperanzador.

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