jueves 14 de octubre de 2021 - 12:00 AM

Aceptemos las situaciones, pero no perdamos la fe

A veces queremos todo para ya, pero cada situación o cada proyecto tiene su respectivo tiempo. Además, las cosas no siempre salen como las imaginamos y debemos aprender a vivir con ese tipo de realidades.
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Dicen por ahí que la frustración tiene su ‘caldo de cultivo’ en las falsas expectativas y que cuanto menos nos dejemos llevar por ellas, mejor.

No se trata de resignarnos o de estancarnos; la clave es aprender a asimilar ciertos designios.

Dicho de otra forma: la vida implica cierto grado de aceptación, pero sin perder la fe.

Menciono este tema porque hay personas que se desesperan cuando no consiguen las cosas en el momento en el que las tienen planificadas. También se indisponen porque diseñan algo y al final les resulta algo completamente distinto.

Lo peor es que en muchos casos tanto mujeres como hombres desisten de todo, se enojan con la vida misma y se la pasan angustiados porque no saben qué hacer.

Bien dicen que el tiempo es demasiado lento para los que esperan, demasiado rápido para los que temen, demasiado largo para los que sufren y demasiado corto para los que gozan.

A todos nos corresponde contemplar y sobrellevar esos momentos. Las cosas se nos dan en el tiempo de Dios, no en el nuestro.

Ahora bien, tengamos en cuenta que el futuro no es siempre lo que esperamos, sino lo que hacemos. No nos podemos quedar sentados o cruzados de brazos añorando que la vida se nos resuelva; es mejor, dedicar tiempo a trabajar y realizar todo lo que requerimos para alcanzar las metas anheladas.

Además, muchas de las cosas que no nos salen como esperamos tienen un punto de inflexión identificable. Antes de ese punto podíamos haber dicho las cosas más claras o haber hecho algo que no hicimos, y después de ese punto ya simplemente quedaba fluir con la situación.

Si logramos identificar ese punto de inflexión entenderemos que cada cosa que no nos sale, al final nos deja enseñanzas para futuras ocasiones.

Lo anterior no implica que debamos vivir preocupados por todo. ¿Para qué tanta angustia? Cuando en nuestro proyecto de vida se nos presente algún tipo de imprevisto, elevemos una plegaria al cielo e invoquemos gotas de serenidad.

La oración es importante porque nos ayuda a automotivarnos. Hagamos una especie de higiene mental y reflexionemos sobre lo que podemos estar haciendo mal para enmendar los errores a la hora de planear nuestra agenda.

Lo anterior implica no engancharnos a pensamientos negativos ni catastróficos.

Todas las mañanas, después de espantar el sueño y de dar gracias por el nuevo día, salgamos a devorarnos al mundo. Elijamos insistir en nobles causas y borrar de la mente las palabras ‘derrota’ o ‘fracaso’.

¡Si asumimos que sí se puede, podremos llegar bien lejos!

Y con un contundente ‘manos a la obra’ seremos capaces de crear muchos proyectos, incluso más de los que nos imaginamos.

Y si la salida no está en donde las indagamos, visualicemos otros lados y escudriñemos otros medios y perspectivas.

No gastemos nuestras energías en lamentaciones, sino en construir.

Aceptemos las situaciones, pero no perdamos la fe

REFLEXIONES CORTAS

* No importa lo difícil que sea, siempre hay un camino cuando la fuerza viene del corazón. Lo que nos hace crecer y superar adversidades es el amor que le imprimimos a la vida.

* Tiene dos opciones ante un obstáculo: tirar la toalla y renunciar o usarla para secarse el sudor de

la frente y seguir adelante. ¡La decisión está en sus manos!

* Autoestima, una buena comunicación, transformar los sueños en realidades, una actitud positiva y dedicación al trabajo son claves para triunfar.

* Para ser grande y tocar el cielo hay que empezar desde el suelo. Ponga los pies sobre la tierra y mire hacia lo más alto de la cima. ¡Acepte ese gran reto!

* Puede perder lo que tiene, pero nada le arrebatará lo que ha crecido para escalar en la vida. Por eso siempre debe darle el justo valor a cada proceso.

* Permita que todo siga su debido curso. No se aferre a nada ni a nadie, todo tiene un momento y una razón; también hay un porqué en cada suceso.

EL CASO DE HOY

Aceptemos las situaciones, pero no perdamos la fe

Las angustias asaltan con relativa frecuencia a nuestro estado de ánimo y nos despiertan muchas inquietudes, sobre todo en esta época. Sin embargo, con cada cuestionamiento tenemos la posibilidad de razonar y aplicar sanas estrategias para curar el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Cuéntele su caso a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Hay un cúmulo de experiencias negativas que he vivido durante los últimos 18 meses, por culpa de la pandemia que nos ha azotado. Le confieso que no he logrado asimilar estos fracasos, los cuales me han llevado a una completa frustración. Hoy, con el nudo en la garganta, estoy dando todo por perdido y no sé qué hacer con mis proyectos, mis iniciativas y mis ilusiones. Me gustaría leer en esta página algunas de sus recomendaciones. Se lo agradecería”.

Aceptemos las situaciones, pero no perdamos la fe

Respuesta: Según los expertos, en medio de la emergencia sanitaria que hemos vivido la desesperanza se convirtió en el común denominador en el mundo entero. ¡Y no es para menos! En estos tiempos tan difíciles, en alguna medida todos nos sentimos frustrados.

¡Entiendo por lo que pasa! Sé de qué se trata ese nudo en la garganta del que habla y también comprendo que lo invada una sensación de impotencia.

Pero más allá de la frustración que le ha dejado la pandemia, quisiera sugerirle que tome estos ‘fracasos’ como experiencias valiosas en su camino.

Así sienta que quiere salir corriendo y que un gran muro le impide levantarse, no se deje amilanar. Las ráfagas de desánimo usualmente ‘vienen y van’. Aunque usted no me da mayores detalles de cuáles son esas experiencias negativas, es relativamente normal que se sienta así tras las situaciones vividas.

Sin embargo, eso de “dar todo por perdido”, en cierta forma, lo hace ver agotado anímica y emocionalmente.

Comprendo que esté cansado de las decepciones y de las tristezas acumuladas, pero no tiene otra opción distinta a la de levantar el ánimo, so pena de recrudecer su panorama. Es decir, no puede permitir que la desesperanza siga apagando sus ilusiones.

Usualmente ese tipo de ‘bajonazo’ es como ese visitante inoportuno que toca a la puerta de su casa, que se le mete a la sala y hasta le ‘pide café’, pues no se quiere ir. Sin embargo, siguiendo con esa figura simbólica, hay que despachar ese desaliento emocional lo más pronto posible y eso solo se logra cambiando su enfoque y las perspectivas que tiene.

De la misma forma, debe emprender otros sanos hábitos en los que serán fundamentales unas buenas dosis de autoestima, confianza en sí mismo y sobre todo fe. Tales antídotos finalmente lograrán desvanecer esa visita tan incómoda que tiene.

Si conoce sus capacidades, si sabe explotar sus talentos y si confía en lo que es capaz de hacer, le cuento que se necesitará mucho más que una ‘mala racha’ para derrocarlo. Reconozca sus habilidades y cultívelas para llegar lejos.

La reitero que si insiste en respirar a través de la amargura, a la larga usted se volverá más vulnerable.

Es mi deber advertirle que si el desánimo es persistente serán precisas unas terapias con algún especialista; él le sugerirá un tratamiento que le permita ver el horizonte con unos lentes más revitalizadores. ¡Dios lo bendiga!

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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