martes 13 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Aprender a ‘encontrarnos’ para crecer en la vida

Hay días en los que nos levantamos desanimados. Y en lugar de seguir ‘bajos de nota’, deberíamos utilizar esos momentos para reflexionar y para mirar hacia el frente con optimismo.

A muchas personas, sin importar la edad que tengan, sus situaciones económicas o los entornos en los que se encuentren, les llegan momentos en los que no se encuentran a sí mismas y no saben qué hacer. Estas ráfagas grises en el estado de ánimo de ellas no son culpas del pasado, ni de su sensibilidad; tampoco están enfermas.

¿Qué les pasa? Sin siquiera notarlo, a estas personas la vida las está invitando a crecer. La verdad es que la madurez llega a veces de manera inesperada y con síntomas extraños de melancolía.

¿Le ocurre algo similar a usted? ¡No se afane, a todos nos suele pasar!

Ha de saber que estos movimientos intempestivos en el ánimo tienen como intención motivarlo aceptar la transformación como parte integral de su naturaleza.

Debe procurar, eso sí, que ese estado no se le convierta en depresión y para ello debe destinar un buen rato a la reflexión.

Tal vez le corresponde hacer una pausa para encontrarse a sí mismo. La idea es que no permita que sus estados depresivos, provocados por los sinsabores de la vida, le hagan perder el dinamismo, el equilibrio o la serenidad.

En mi caso yo recurro a la meditación y sobre todo al poder sanador de la oración.

¡Créame! Las bondades del mundo espiritual estarán próximas a sus manos si le dedica suficiente tiempo a la búsqueda del desarrollo de su interioridad.

Tal vez sea el momento más oportuno para explorar nuevos horizontes que le ayudarán a progresar.

Comience entonces a pensar más en el futuro, al margen de todas esas situaciones rutinarias y secundarias que le ocurrirán en su cotidianidad.

Tampoco se extrañe si de pronto descubre que ciertas cosas que hasta ahora le han parecido muy importantes y trascendentes comiencen a dejar de serlo; y que otras que tenía descuidadas empiecen a ganar cada día mayor importancia y significación.

Estos son los signos del crecimiento, y antes que angustiarse debe saber que empieza a trajinar por los caminos de la madurez.

Lo mejor que puede hacer es estar preparado para asumir los nuevos retos de la mejor manera posible, pues de esta actitud dependerá la total realización de los sueños y de las metas existenciales que se haya propuesto.

Es obvio que deberá disfrutar al máximo las cosas nuevas que cada día se le presenten.

También es preciso dejarse llevar por la vida misma e insisto en decirle que debe volver sus ojos a las cosas trascendentales.

Por muchas tareas materiales que realice, nada tendrá un sentido pleno si no encuentra razones más profundas y significativas para vivir.

Si pone suficiente atención a los vaivenes de la vida descubrirá que estos acontecimientos lo van a obligar a preocuparse más por las cosas del espíritu. También debe resolver esta pregunta: ¿Qué es lo que hago aquí?

Aunque existan algunos asuntos de su propia existencia que no le agrade asumir, hágales frente y procure resolverlos.

¡Mire siempre hacia delante!

Esto significa decidir por usted mismo todas las cosas que tengan que ver con su vida haciendo a un lado, con firmeza pero con elegancia, aquellas que frenen su crecimiento.

Aleje los pensamientos negativos o pesimistas porque estos aumentan sus preocupaciones, disminuyen sus fuerzas y aminoran la productividad.

Algo más: En los momentos difíciles y cuando le agobie la incomprensión humana, descubrirá que las personas que lo aman de verdad son las más apropiadas para infundirle el ánimo que necesita para seguir adelante.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En este espacio, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Inquietud: “Creía en la gente de una forma incondicional; pero se me pagaba con traición. Eso me volvió muy desconfiado al punto que ya no quiero saber de nada ni de nadie. Me acostumbré a ver el lado negativo de los demás y no confío ni en mi propia sombra. ¿Por qué hay tanta gente que nos falla? Me gustaría leer esa reflexión en su página y además saber qué hace usted cuando es víctima de sujetos que lo falsean así. Gracias”.

Respuesta: Las personas que nos fallan, sobre todo cuando creemos que deberían poder estar ahí para nosotros, nos producen bastante desazón. Tanto que terminamos decepcionados de manera extrema y no siempre sabemos cómo responder.

Creo mucho en la lealtad y de alguna forma entiendo el ‘por qué’ usted ha ido perdiendo la confianza en la gente.

No obstante, no puede juzgar a todos por las acciones concretas de aquellos que lo traicionaron.

Si bien hay que aprender a estar ahí para usted mismo, tampoco puede encerrarse en una coraza. Esa especie de autodefensa personal no le permitirá vivir en una sana convivencia con seres humanos con los que sí podría contar.

No debe dejar que la deslealtad de algunos lo haga desconfiar en el resto del mundo.

No cierre la puerta a la llegada de nuevas personas a su vida. Deje de lado los prejuicios que le llevan a observar a los demás con una visión negativa.

Si cree en la gente de verdad se estará dando la oportunidad saludable de vivir sin rencor.

Hay tanta gente por conocer y tantos que no lo conocen a usted, que bien vale el esfuerzo de volver a creer.

Eso no quiere decir que ‘haga como si nada’ y deje que los que se burlaron de usted vuelvan a herirlo. Perdonar no es olvidar, sino recordar sin dolor.

Perdone a aquellos que le hicieron daño, pase la página y empiece de nuevo.

Le estoy planteando un ‘perdón terapéutico’ que le permita aprender la lección.

¿De qué hablo? De la capacidad de soltar eso que tanto le dolió y tener claro que lo hecho, hecho está.

Debe dejar ir lo que corresponda.
Insisto en decirle que el hecho de que haya sido traicionado no significa que otros seres humanos le hagan lo mismo. No se trata de confiar en todo el mundo, pero tampoco tiene por qué ser un incrédulo de la vida.
¿Qué he hecho yo en estos casos? Siempre he confiado en mi intuición. Hablo de esa voz interior que me da luces para saber qué hacer ante algo y analizar a las personas para saber qué puedo esperar de cada relación o de cada situación.
Cuando alguien me falla, acepto el hecho de que cambiarán las cosas. Por ende, sé que las relaciones no volverán a ser iguales y, no por eso, me echo a la pena. Aprendo la lección porque, en el fondo, cada traición nos deja un gran aprendizaje. Después solo dejo que las cosas siguen su marcha con la mayor naturalidad posible.

Obviamente sigo creyendo en la gente. Me niego a creer que no exista gente buena y humana.

Por último quiero dedicarles esta parte de mi respuesta a quienes acostumbran a abusar de quienes confían en ellos y se burlan de forma descarada. A ellos les digo: Nunca subestimen a las personas buenas, ellas no son tontas.

REFLEXIONES CORTAS

TORMENTA

La serenidad no es estar a salvo de la tormenta, sino encontrar la paz en medio de ella.

¡DE UNA!

¡Hágalo ya! Si lo deja para después, nunca lo hará. Deje de evadir y cumpla con su misión.

CONCEPTO

La humildad es el sencillo reflejo de la grandeza de su corazón y la riqueza de sus sentimientos.

LA META

Mantenga su objetivo en la mira. Tenga claro que, más allá de los obstáculos, logrará hacer todo.

CON FE

Dios le da su fuerza y luz en cada respiro; usted construya con su fe y con las manos su realidad.

CONSEJO

No necesita competir con nadie, solo sea la mejor versión de usted mismo cada día.

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