jueves 01 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Asimilemos los cambios de la vida

Para que las cosas fluyan es preciso ‘soltar lo pasado’. Por es clave dejar ir lo que deba partir,
cerrar círculos y siempre mirar el horizonte con lentes esperanzadores.

Aveces nos empecinamos con algo o con alguien y terminamos forzando nuestra propia cotidianidad. Al comportarnos así, de manera caprichosa, pretendemos que la vida se nos ajuste a juro.

Las cosas que poseemos, los cargos que ocupamos o las personas que están a nuestro alrededor no nos pertenecen. No somos dueños de nada ni de nadie; además, nada es permanente en la vida.

Pese a esa gran verdad nos acostumbramos a ser dependientes de relaciones sentimentales, de cargos empresariales, de hábitos desgastantes y hasta de nuestros propios familiares.

A veces no somos capaces de modificar esa costumbre de aferrarnos y nos dejamos invadir de emociones negativas que nos hacen sufrir innecesariamente.

Con frecuencia nos atamos al pasado sin saber que vivir de recuerdos solo nos refuerza nuestra dependencia.

Si nos aferramos haremos más traumáticos los cambios normales de la existencia.

O nos atrevemos a experimentar las transformaciones que nos llegan o, de manera literal, quedaremos presos de relaciones tediosas, de puestos de trabajo rutinarios y de otros sinsabores que no nos permitirán disfrutar la vida ni mucho menos avanzar.

Es preciso aprender a soltar. Yo sé que eso no es fácil pero hay que hacerlo ‘sí o sí’, so pena de amargarnos.

Si pretendemos abrir nuevos frentes de acción o incursionar en otros caminos, debemos aprender a dejar ir lo que deba partir.

Incluso tendríamos que estar dispuestos a sacrificar algo de nuestras viejas prerrogativas y permitir que muchas cosas de nuestro presente se conviertan en un pasado finiquitado.

¿A qué viene toda esta reflexión?

A que hay que tener un corazón generoso y embadurnarnos de amplitud de mente para aceptar que las cosas cambian y que las pérdidas y las renuncias que debemos enfrentar se tienen que hacer con el mayor grado de dignidad.

La gran ley cósmica del universo es la evolución; de hecho, la vida solo puede mantenerse en su pleno dinamismo cuando estamos dispuestos a aceptar que algunas cosas deben morir para que otras progresen.

Lo único constante e inmutable en el universo es el cambio y la tarea que debemos asumir los hombres es la de aceptar e intentar sacar provecho de cada nueva situación.

Y esto rige para todos los aspectos: en la partida de un ser querido, en el rompimiento de una relación, en un despido sorpresivo de empleo, en fin...

Estamos obligados a renovarnos y a buscar la forma de crecer e incluso, si es el caso, a tomar distintos rumbos cuando las cosas ya no funcionan.

Señores: Alejémonos de la rutina en la que hemos caído últimamente y empecemos a ver la vida de una manera más optimista.

Dejemos que la intuición nos oriente y nos permita dilucidar el camino que nos espera. ¡No frenemos nuestro desarrollo!

Enfrentemos valientemente las dualidades de la vida y aprendamos de ellas. Por esta razón debemos procurar mantener vigente un estado de ánimo positivo.

Planifiquemos y proyectemos nuestro futuro con total confianza y con la certeza de que las cosas buenas están por venir.

No nos amarguemos por nimiedades y sigamos adelante, soltando lo que nos corresponda y actuando con fe.

En nuestras manos está el poder crecer, pero nada nos ayudará si no evolucionamos y no enfrentamos los nuevos retos o las circunstancias que se nos presenten en el camino.

EL CASO D EHOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio:

“Desde hace algunos meses algo anda mal en mi vida. Es un asunto que no logro definir muy bien, pues siempre había sido una persona con una gran motivación. Es como si la energía por las cosas se me hubiese apagado. Por mi salud mental sé que debo hacer algo para evitar que eso me estrese más, pues me veo caminando por una calle gris y bordeada por cuadros marcados con tiza. Tal vez sus reflexiones pudieran ayudarme a entender lo que me pasa. Agradezco su atención”.

Respuesta:

A mí me ha pasado con frecuencia eso que le está ocurriendo; de hecho eso les pasa a muchas personas. Si bien es un asunto para prestarle atención, nada saca con estresarse más de la cuenta.

Tal vez por las ‘telarañas de la cotidianidad’ se le está colando en sus pensamientos una desmotivación que al parecer surge de la nada, pero que en el fondo tiene una razón de ser.

Es preciso deshacer muchos de los nudos que se arman en su vida y que le impregnan de ese sorpresivo desencanto inusual que hoy no logra explicar.

En estos momentos es preciso que analice usted mismo qué puede ser lo que lo está alejando de las motivaciones que antes tenía.

Si me permite hacerle un diagnóstico inicial, percibo de pronto que es probable que esté distraído y eso ha hecho que se le apague un poco la chispa que lo caracterizaba.

El entusiasmo es como un ‘toma corriente’: si no se conecta no hay energía. Es posible que lo que antes le entusiasmaba haya sido usurpado por cosas como el tedio o algún sinsabor que haya vivido.

Después de que haya identificado esas distracciones, le recomiendo siete estrategias que a mí me funcionan en estos casos. Ellas son:

1. Cambie la manera de hacer las cosas. No hablo de modificaciones sustanciales, sino de algunas tácticas para despejar un poco .

2. Vuélvase a enamorar de esas expectativas que lo hacían levantarse todos los días. No es volver hacer lo mismo, sino recordar lo bien que se sentía cuando tenía esperanzas.

3. Arriésguese un poco y para ello inspírese con la meta de buscar la felicidad.

4. Es bueno orar. La plegaria le dará claridad, le permitirá encontrar eco en su mundo interior y lo conectará con Dios.

Si alimenta su espiritualidad con la plegaria, su forma de ver el mundo tendrá modificaciones positivas: se sentirá lleno de alegría, habrá tranquilidad en su alma y la buena vibra lo perseguirá y lo hará ser una mejor persona.

5. No se preocupe tanto porque finalmente todo pasa. Nada es tan extremo como para echarse a la pena.

6. Tal vez debería concentrarse en hacer tareas sencillas y rápidas.

7. Cierre cosas pendientes, aunque sean poco importantes. Eso le dará energía y fuerza para asumir otras tareas.

Espero que ponga en práctica estos siete consejos.

Una precisión final: Es mi deber decirle que si lo que evidencia en su cuerpo pasa por un desgano crónico; es decir, si definitivamente estos consejos no le sirven y su espíritu está en el piso al punto que no se levanta, no estaría de más consultar a un especialista en salud mental. Él le podría sugerir unas terapias acertadas para evitar caer en casos graves como la depresión.

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