domingo 05 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

¡Asuma el error y corríjalo!

Los errores no definen quién es usted, lo que lo caracteriza es cómo los enfrenta. Cuando falle en cualquier aspecto de su vida, enmiende la falta, levántese y siga adelante.
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Una de las cosas que seguramente más lo mortifica cuando comete algún error es la culpa que siente. Eso le pasa porque usted ‘nutre’ la persistente idea negativa de que falló.

Si bien es bueno tener conciencia de la falta cometida, también es saludable y maduro enfrentar las consecuencias de la equivocación de una manera amable y tranquila.

La vida es como un gran experimento y usted tiene todo el derecho a equivocarse; lo malo es quedarse lamentándose por lo ocurrido y no enmendar para volver a caer en la misma falta.

Debe romper la cadena dolorosa del fracaso. No todo en la vida sale perfecto, y cuando algo no tiene éxito es preciso eliminar la frustración que ello genera.

Si comete algún error, imagínese haciendo algo diferente la próxima vez y obteniendo resultados diferentes. Verá cómo se reduce la sensación de fracaso y, mejor aún, jamás volverá a cometer el mismo yerro.

Lo que estoy planteando no es otra cosa que entender su realidad a partir de lo vivido, asumiendo las cosas en las que ha fallado pero, al mismo tiempo, siendo muy objetivo en sus apreciaciones y actuando de una forma serena y sin tantas autorecriminaciones.

Lo anterior no implica evadir su realidad inventando tontas justificaciones, pues al único que engaña es a usted mismo.

Es mejor sincerarse y poner los puntos sobre la mesa, asumiendo el reto de perdonarse y recuperando la autoconfianza cuanto antes.

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Si obra en concordancia con su conciencia, la divina providencia le reconocerá su valor y le traerá bendiciones. Tenga siempre esto presente y no deje de abonar la semilla de su fe.

También siga los pálpitos que le marque su intuición y no pierda de vista su capacidad de salir adelante.

Tenga claro que se le abrirán nuevos caminos y oportunidades para que logre la realización de sus acariciados sueños y triunfe de verdad.

Independientemente del error que cometa, el sol volverá a salir mañana y usted tendrá otro día más y un nuevo comienzo para hacer las cosas como deben ser.

Dedique un buen tiempo a repensar su vida y a definir ciertos cambios que son necesarios, luego de cometer el citado error. Así no sea una experiencia particularmente grata, enmendar una falta le recuerda que puede tener una segunda oportunidad y que todo en el universo es cambio.

Aplique toda su fuerza de voluntad para recomponer su vida, así se anularán las malas influencias que quieran entorpecer su camino ascendente.

Deje que fluyan las ideas que le permitirán encontrarles las mejores soluciones a los problemas que han desencadenado sus yerros. En síntesis, la vida se vuelve mucho más fácil cuando decide aceptar que es un ser humano y que al igual que todos puede tener desaciertos. ¡Dios lo bendiga!

¡Asuma el error y corríjalo!

BREVES REFLEXIONES

¡Asuma el error y corríjalo!

* Somos lo que elegimos ser, tener, soltar, cuidar, amar, olvidar, agradecer y recordar. Es importante recordar que la vida está llena de opciones que pueden ser vistas como desvíos, refugios, rincones, puertas e incluso cruces de caminos. Y estas opciones están divididas como ‘buenas’ o ‘malas’. ¡Nosotros decidimos!

* ¿Por qué será que sufrimos tanto por lo que nos falta y disfrutamos poco de lo mucho que tenemos? Debemos desarrollar esa habilidad para disfrutar la vida, a pesar de lo que nos ocurra. ¡Claro! Todo eso depende en gran medida de la decisión que tomemos cada día para ser felices.

* Los padres no son eternos: llámelos, visítelos, lléveles a sus hijos, ría con ellos, deles un abrazo, déjelos hablar y que cuenten sus historias así usted ya se las sepa. También procure complacerlos en todo lo que ellos deseen hacer, trátelos con respeto, paciencia y amor. ¡Mañana puede ser demasiado tarde!

¡Asuma el error y corríjalo!

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico:

eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Deseo cambiar el ritmo de mi vida, la cual está atrapada en una especie de somnolencia. Es como si mis sueños se hubiesen apagados en un abrir y cerrar de ojos. Aunque tengo un trabajo estable y un hogar normal, por alguna razón no estoy satisfecho: siempre hago lo mismo y no encuentro nuevas emociones. ¿No sé qué debo hacer? Espero que me pueda aconsejar”.

Respuesta: Percibo que la monotonía se ha anquilosado en su alma y le urge renovarse. Esta percepción es relativamente ‘normal’ en estos tiempos, sobre todo porque la rutina y el tedio están convertidos hoy día en los mayores castradores de sueños.

Lo que no logro precisar en su carta es si su deseo de cambiar de vida proviene de una carencia especial o simplemente de la necesidad de potenciar determinadas capacidades para descubrir nuevos ámbitos de actuación.

Creería que usted desea explorar nuevos derroteros y eso, desde mi perspectiva, es algo saludable.

En el ámbito laboral, esta situación es bastante común. Es cuando la persona decide que está preparada para enfrentar nuevos retos que marquen un punto de inflexión en su vida, pero no se atreve a cambiar de empresa. ¿Será su caso?

Le respondería que hacer cambios es bueno, pero no siempre hay que modificar la vida radicalmente. Yo creo que está en mora de entablar un diálogo directo con usted mismo para que pueda clarificar su entorno y tomar decisiones que, le reitero, no deben ser bruscas ni aceleradas.

¡Pídale a Dios serenidad para tomar la mejor decisión! Él le mandará las señales necesarias en este proceso por el que atraviesa.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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