jueves 25 de febrero de 2021 - 12:00 AM

Atrapados en una burbuja para escapar de la realidad

A veces preferimos darle la espalda a la realidad para evadirla de una y mil maneras. De esta forma jamás nos responsabilizaremos de todo aquello que nos corresponde cambiar.
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De manera desafortunada casi todos vivimos obsesionados con la idea de ‘vernos bien’, antes que ‘sentirnos bien’. Y aunque no veo nada de malo en tratar de vernos lo mejor posible e incluso pienso que siempre se les puede mostrar una bonita cara a los demás, creo que el problema surge cuando dejamos de ser nosotros mismos para reflejar una vida paralela que está muy distante de nuestras posibilidades.

Muchos han desarrollado el peligroso hábito de enmascarar sus realidades con maquillajes absurdos, ocultando el hecho de estar completamente destrozados.

Las redes sociales, sin querer satanizarlas, se han convertido en herramientas que nos ayudan a aparentar. A través de ellas damos a conocer una imagen a los demás que, en más de una ocasión, no corresponde con nuestra realidad.

¿Qué sacamos presentándonos ante los demás como algo distinto de lo que realmente somos?

A veces por orgullo, por el ‘qué dirán’ o por la incapacidad de enfrentar nuestra situación, convertimos todo en una auténtica mentira.

Al insistir en vivir dentro de esas burbujas, les ponemos límites a nuestros sueños y negamos lo que realmente somos, solo para diseñar una vida llena de falsedad.

En la medida en que nos acostumbramos a actuar de esa forma, nos vamos volviendo más frágiles y vulnerables.

Tal vez nos han enseñado a aspirar a una vida llena de lujos, creyendo que ellos son el dinero, la belleza, el poder y la comodidad. Grave error.

Las verdaderas ‘suntuosidades del alma’ están en los compartires con la familia, en el disfrute del amor sincero, en seguir nuestros verdaderos ideales y, sobre todo, en servirle a la comunidad.

En esa carrera desaforada por lo material se han perdido los valores. Ahora somos más protagónicos, pero lo logramos a punta de apariencias e imitaciones de mundos que son ajenos.

Al final de todo esto nos sentimos vacíos. Con razón solemos levantarnos abatidos, sin tener presentes las miles de razones que nos da Dios para sonreír.

Usted, yo y en general todos somos las sumas de las bendiciones que recibimos del cielo y la primera de ellas es la de vivir.

No podemos seguir pensando en trivialidades. Seremos lo que hayamos hecho y nos corresponde sembrar buenas semillas. Si abonamos el terreno para trascender en la vida, podremos crecer y entender nuestra misión.

Es cierto que estamos afrontando tiempos oscuros y que la vida nos ha dado duros golpes, sobre todo en este último año. No obstante, con la Misericordia de Dios podremos restaurarnos a punta de resiliencia y aceptación.

Desde donde estemos, sea en un puesto importante o desde la humildad de nuestro hogar, debemos ser artesanos de la armonía.

Transformemos nuestro entorno logrando que un día ‘común y corriente’ termine siendo una jornada extraordinaria.

Cuando dejemos de darle tanta importancia a lo material, nos podremos acostumbrar a brillar con la luz radiante de nuestros corazones y, lo que es más importante, aprenderemos a ser felices.

La invitación hoy es a dejar de ser incongruentes. Para ello será fundamental aceptar con humildad lo que nos corresponda vivir, tratando siempre de esforzarnos para ser mejores personas.

No más apariencias, no le demos más la espalda a nuestra realidad, no insistamos en copiar modelos caros de otros seres que son ajenos a nuestros sueños.

Es mejor ser auténticos, enfrentar la vida con el mayor decoro posible y apostarle siempre a ser felices.

¡Salgamos de nuestra burbuja!

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con relativa frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Definitivamente estoy tocando fondo. He sentido que ando en una espiral que me hunde cada vez más y no sé cómo salir de ella. Siempre quise ser el mejor en la vida y casi que se podría decir que lo conseguí; solo que en un abrir y cerrar de ojos todo se me derrumbó. Lo que creía que era importante para mí se vino al piso en el trabajo, en mi hogar y en general en todos mis proyectos. Hoy soy un hombre sin rumbo, aniquilado profesionalmente y sin familia. Estoy profundamente ‘bajo de nota’ y no sé qué hacer. Ayúdeme, por favor”.

Respuesta: Tocar fondo es preocupante pero, en cierta medida, esa misma condición lo empujará y lo ayudará a salir de la ‘espiral destructiva’ en la que se encuentra.

La verdad es que todos, en algún momento de nuestra vida, hemos llegado a un punto de choque en el que las consecuencias de nuestro comportamiento destructivo nos han llevado a un estado difícil, tal y como le ocurre en la actualidad.

Le tengo una buena noticia: con una sana actitud podrá ‘salir a flote’. Recuerde que cuando se llega a ese estado, el único camino es mirar hacia arriba. Es decir, ‘sí o sí’ le corresponde salir del atolladero.

Reflexione y analice en qué falló, cuál fue su error y diseñe una estrategia para enmendar y obviamente para empezar de cero.

Por lo que percibo, la vida comenzó a deshacerle estructuras sobre las que usted mismo había sustentado su ritmo de vida y, casi sin quererlo, comenzaron a trastabillar sus relaciones, su trabajo, sus estudios, sus proyectos, en fin...

Debe tener claro que no todo en la vida es felicidad y dicha. Se lo planteo es para que no siga enfrascado en el tormento de ‘querer ser el mejor’.

Basta con hacer las cosas lo mejor posible. Dé lo que esté a su alcance, sin que por ello tenga que sacrificar su tranquilidad o su bienestar. No permita que sus anhelos se sigan rompiendo en pedazos ante su propia mirada, porque de seguir así pensará que nada tiene sentido.

Si bien ha tocado fondo y eso lo tiene ‘bajo de nota’, le garantizo que ese estado le ofrecerá una lección de valor incalculable, a pesar de que ese aprendizaje le haya traído sufrimiento. ¡Pídale a Dios fuerza para levantarse!

Es mi deber decirle que, si siente que cae en la depresión será importante solicitar ayuda profesional y seguir el tratamiento que los expertos le sugieran. ¡Dios lo bendiga!

REFLEXIONES CORTAS

* ¿Cómo piensa alcanzar las estrellas si nunca se aleja del suelo? Si quiere tocarlas, despliegue sus alas para poder ‘besar el cielo’ y ‘ser feliz’. Despréndase de parte de su equipaje, ese que lo tiene anclado. Liberarse de cargas inútiles y atreverse a devorar el mundo con sus sueños, debe ser el propósito de cada día. ¡Vamos para adelante!

* Usted requiere de un acto de priorización; es decir, debe saber qué necesita incluir en su viaje y dejar de cargar cosas que le sobran o que no requiere con urgencia. Deje atrás las maletas de la envidia, la de los miedos, la de la tristeza o las de las frustraciones. Lo que le pesa demasiado y no lo deja mover, déjelo a un lado.

* Si yo gano, usted gana. Así debería ser. Y aunque en competiciones tal regla no se cumple al pie de la letra; es preciso entender el momento y tratar de compartir. Si me enfrento a alguien, ya sea por deporte o por un tema profesional, procuraré no ufanarme si gano, ni tampoco deprimirme si pierdo.

* Las incertidumbres, la falta de confianza y en muchos casos los afanes hacen que uno se equivoque y vea algo distinto de lo que realmente es. En ciertas ocasiones, las cosas no son como parecen. Muchas veces vemos todo con otras gafas y nos desesperamos tanto, que nos enredamos. Si nos tenemos fe, podremos entender que cualquier situación que nos ocurra será siempre un reto, un hecho relativamente normal o, en cierta forma, algo que debe pasar. ¡Nutra su confianza!

* No podemos cambiar la actitud de los demás, pero sí podemos elegir no entrar en ese juego desalentador que castra vuelos y promueve desánimos. Si no nos dejamos afectar tanto por lo que hagan los demás, podremos ver la vida de otra manera.

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