martes 23 de junio de 2020 - 12:00 AM

Cada día es una oportunidad para renovar fuerzas

Ante los imprevistos que ha traído esta pandemia es normal que usted sienta angustia por lo que vendrá, pero también puede esperar que estos feos sentimientos desaparezcan. Para ello, debe aumentar su capacidad de resiliencia para afrontar los próximos desafíos de su vida.
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Lidiar con la incertidumbre personal por lo que vendrá, dada la crisis del COVID-19, con seguridad no ha sido un asunto fácil para usted.

El no tener claro qué pasará mañana, el miedo y sobre todo darse cuenta de que hay cosas que se escapan de su control, de pronto lo hacen sentir vulnerable y en más de una ocasión lo paralizan.

Es normal que la impaciencia, la ansiedad y el estrés lo dejen atrapado en las preocupaciones. Es duro no tener respuestas inmediatas y más grave aún es verse obligado a vivir en medio de ese remolino de percepciones.

Si eso siente hoy tenga en cuenta que eso no quiere decir que la vida le haya dejado de sonreír. Lo que sucede es que obviamente ha cambiado mucho la manera como hoy asume su cotidianidad, y finalmente la vida le ha traído rutinas diarias alteradas, afugias económicas e incluso un aislamiento social que no le permite compartir más.

Pero yo le pregunto: ¿Qué gana con lamentarse y vivir atrayendo pensamientos fatalistas? Al hacer eso sólo nutre la posibilidad de sentirse más triste.

Sé que son tiempos difíciles, pero nada saca con angustiarse más de la cuenta. Con serenidad se logra más que con el afán. Cuando irradia lo que es sano o cuando hace lo que su conciencia le indica, atrae la solución a sus problemas.

Claro que sobreponerse a estos imprevistos supone un esfuerzo sicológico, y por eso vale la pena apostarle al equilibrio.

Y, aunque no lo crea, la regulación emocional es una habilidad que usted mismo puede entrenar. En ese orden de ideas, debe buscar estrategias de gestión cotidiana para aliviar y sobrellevar la tensión. Hablo de practicar algún ejercicio, orar, leer un buen libro, dormir bien, en fin... debe sacarle jugo al ocio.

Sé que cada uno es un mundo aparte, pero también es cierto que los problemas en muchas ocasiones no son tan graves como usted los ve.

Obvio hay que recurrir a la calma, a la resiliencia y a la bella opción de tener mirada más esperanzadora de todo lo que hoy le ocurre.

Usted tiene que saber sobrellevar la situación actual de la mejor manera posible. Además, recuerde que lo que tiene que ser será, a su tiempo y en su momento.

Es normal que esté angustiado por lo que está afrontando, pero si insiste en vivir preocupado todo el día no podrá con esta cuarentena, ni mucho menos recompondrá su estado de ánimo. ¡Necesita una gota de serenidad!

Más allá de la pandemia, siempre surgirán problemas, pero la diferencia estriba en que tiene la capacidad de afrontarlos mirándolos a los ojos y venciéndolos con fe y fuerza de voluntad.

De igual forma reflexione y dese cuenta de que no vale la pena sufrir por los problemas que no tienen solución.

Use sus valores morales o su vida espiritual como una terapia reconfortante. Si sus creencias le dan fuerza, recurrir a ellas puede brindarle consuelo en estos momentos adversos.

Así las cosas, deje todo en manos de Dios y siga adelante. La desesperación huye cuando confía en Jesús y en su promesa de aliento.

Y si bien hoy la vida no sea la fiesta que tanto esperaba, debe entender que mientras esté aquí le corresponde bailar con entusiasmo.

Cada día es una oportunidad de renovar fuerzas. Jamás se dé por vencido. Debe esforzarse y dar lo mejor de usted para avanzar. Si lo hace, Dios lo respaldará.

Si tiene el sol por dentro, no importa si afuera llueve. ¡Asuma una actitud positiva!

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