domingo 20 de noviembre de 2022 - 12:00 AM

Cada quien afronta su propia tormenta

A veces usted se siente como si estuviera solo, a bordo de un barco, navegando en un lugar lejano sobre el mar. Lo peor es que está a merced de una marea alta, que lo arrastra al vaivén de las olas.

Lejos de la ficción y dejando la escena del ‘mar picado’, habría que decir que en la cotidianidad también arrecian sobre usted tormentas en las que debe enfrentar embates que amenazan su embarcación.

Aunque en la realidad no se trata de las monstruosas olas del océano, usualmente si se enfrenta a los golpes del diario vivir, los cuales suelen ser devastadores para su estado de ánimo y en general para su mundo.

Es probable que hoy algunas cosas en su entorno no anden tan bien como usted las desearía, pero si mira a su alrededor entenderá que cada día es una bendición que Dios le regala.

Las situaciones difíciles, en este caso las tormentas, pueden hacerlo ir al vaivén de las circunstancias; sin embargo, ellas también son oportunidades para reflexionar, para aprender y para forjar su carácter.

Y si analiza con objetividad, descubrirá que usted mismo es quien se ha labrado tal destino, no porque haya querido estar en medio de un mar picado, sino porque muchas veces no sabe tomar el timón de su propio barco.

Tal vez no les ha prestado la debida atención a sus cosas y se ha descuidado en aspectos fundamentales o básicos para su felicidad.

Ojo: Si hoy está atrapado en una corriente que lo arrastra de un lado a otro, no se asuste. Tendrá la mejor oportunidad de salir de esa situación si mantiene la debida serenidad.

Conservar la calma puede ayudarlo a recargarse de energía y a pensar con claridad el camino a seguir para no naufragar.

Así las cosas, le corresponde ser fuerte para no permitir que el agua le llegue hasta el cuello y logre nadar fuera de la corriente.

Dicho de otra manera, es cuestión de actitud. Se lo menciono porque las cosas importantes de la vida suelen definirse por lo que se hace con tenacidad y constancia a lo largo del tiempo, y no por golpes fortuitos o las eventualidades.

Además, su forma de comportarse ante la adversidad, con el mayor grado de resiliencia posible, será clave para levantarse de nuevo.

Lo que debe hacer es acudir a una buen dosis de esperanza, trabajar valientemente y, sobre todo, no esperar cosas ilusas que nunca le han de llegar.

Si desarrolla una mentalidad entusiasta, si nutre su autoconfianza y si se mantiene en una acción permanente, podrá ser una persona más decidida e irá por sus objetivos creando soluciones todo el tiempo y conservando su fe intacta.

No se deje llevar por la marea alta, tome el timón de su propia existencia.

REFLEXIONES CORTAS

Cada quien afronta su propia tormenta

* Dios siempre lo protege, lo bendice, lo respalda en todo lo que hace y lo premia tras sus buenas acciones. Deje que Él sea su fuerza cuando esté débil y su compañía cuando esté solo. Siempre recuerde que si se aferra a la mano del Altísimo, estará protegido con su luz celestial.

* A usted no lo daña lo que le falta, sino la creencia de lo que supuestamente necesita. Sus carencias aumentan cuando compara su vida, sus cosas, sus cuentas bancarias, su familia, su cargo laboral, su forma de vestir y hasta su cuerpo con los de los demás.

* No haga de su vida un borrador, tal vez no tenga tiempo de pasarlo en limpio. Es decir, haga menos planes y decida vivir ya. El presente es la única realidad que tiene a su alcance; el pasado ya quedó atrás y el futuro aún está por llegar. ¡Aproveche el día de una vez por todas!

* El riesgo más grande es no tomar ninguno. En un mundo que gira tan rápido, la única estrategia válida para crecer es la de atreverse a cambiar. Aproveche su vida venciendo el miedo. Aunque no tiene absolutamente nada garantizado, suba los escalones que sean necesarios para ser feliz.

EL CASO DE HOY

Cada quien afronta su propia tormenta

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página de Espiritualidad. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Me parece terrible decirlo, pero estoy perdiendo la fe. Las cosas no me han salido como las esperaba y por esa causa cada día soy más escéptico. Es algo que me da temor, pero no puedo ocultarlo. ¿Ha sentido alguna vez este grado de incredulidad en su vida? Si es así, ¿Qué ha hecho al respecto?”.

Respuesta: En varias ocasiones algunos lectores me comentan, al igual que lo hace usted en esta carta, que sienten que se les disminuye la fe en Dios, sobre todo cuando algo no les sale como lo anhelaban. Nadie es inmune a esta experiencia; de hecho, le confieso que he sentido lo mismo.

Sin embargo, cuando eso me sucede oro para recibir fortaleza y para pedirle a Dios que me despeje el entorno. También tengo por costumbre leer algunas citas bíblicas, pues en las Sagradas Escrituras encuentro respuestas a las incertidumbres que me asaltan.

En su caso, es claro que pasa por una crisis de fe y, como le reitero, hay muchos que han recorrido este camino antes que usted. No sienta temor por ello, mejor enfrente sus dudas.

Si ve que su fe se está menoscabando, entable un diálogo interior. Si no se sincera, se perderá entre la maleza.

Le sugiero que haga las cosas que sean necesarias para nutrir su propia fe. Y más allá de orar o de leer apartes del Libro Sagrado, procure ponerse en las manos de Dios, agradecer por las bendiciones recibidas y tener la suficiente paciencia como para recomponer su estado de ánimo y fortalecer su espíritu. Es obvio que eso no sucederá de un día para otro; es un proceso que lleva su tiempo.

Es conveniente hacer ejercicios espirituales en medio de su cotidianidad. Y ellos no son otras cosas que desplegar buena vibra, ser propositivo y, en la medida de lo posible, sobreponerse a los obstáculos que encuentre. ¡Hágame caso y verá que pronto volverá a ser un hombre de fe!

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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