jueves 10 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Cómo ‘sacarle el quite’ a alguien envidioso

La envidia es corrosiva y afecta el entorno. Sin embargo, el mayor daño que causa el envidioso se lo hace a sí mismo, porque tarde o temprano queda en evidencia.
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Dicen que no hay nada más peligroso que ser feliz delante de un envidioso. ¡Uy... nada más cierto! Lo menciono porque, de manera desafortunada, ese pecado capital puede llegar a ser demasiado tóxico.

La envidia es eso un: un feo sentimiento que experimenta alguien por no poseer lo que uno sí tiene. Lo peor es que en ese estado mental, el envidioso sufre y hasta se muere de la rabia.

Por la envidia que se despierta en un vecino, en un compañero de trabajo o en alguien más es que se crean las malas atmósferas cotidianas. Y ese tipo de comportamiento se detecta en las oficinas de trabajo, en las aulas de clase, en la vida social, en fin...

¿Por qué será que alguien así no soporta que a los demás les vaya bien?

Habría que responder que la envidia no es más que la proyección de las inseguridades que tiene una persona sobre otra, dando como consecuencia que ésta sienta que se merece lo mismo, sin analizar el contexto de las situaciones y el por qué de éstas.

No hay nada más triste que la envidia porque es la muestra viva de lo que es la falta de autoestima.

Todos, de alguna forma, hemos tenido que batallar con la envidia de otros, y por eso al leer estas líneas más de uno se identificará con mi texto.

Así que aquí les daré algunos consejos para que sepan lidiar con las malas energías y de paso puedan hacerles el quite a quienes quieren hacerles daño.

Tengan en cuenta que las personas envidiosas son víctimas de múltiples carencias derivadas ya sea de la niñez, de su contexto familiar o social, y también de abandonos afectivos.

Así que deben tener clarísimo que cuando una persona envidiosa los ataca o quiere hacerles daño, es porque el problema lo tiene esa persona y no ustedes.

Muchas veces caemos en el juego de estos individuos porque esto se nos olvida, y permitimos que nos arruinen el día.

Siempre es necesario tener la inteligencia emocional suficiente para marcar una raya y recordarle al envidioso cuál es su lugar.

Yo les recomiendo que cada vez que identifiquen a una persona envidiosa no pretendan responderle o sacarse el clavo con algún tipo de venganza.

Y para eso hay miles de formas. Una manera puede ser ignorar al envidioso, otra es voltearles la estrategia para demostrarles que ustedes son inteligentes, otra es responder con una acto de total humildad y generosidad para desarmarla ante sus ataques, etc...

Lo importante es que el envidioso entienda que no puede hacerles daño y que sus intentos jamás lo harán sentirse mejor consigo mismo. Así, tarde o temprano se cansará de atacarlos.

Ustedes continúen haciendo lo que han hecho hasta ahora, enfóquense en seguir siendo las mejores versiones de ustedes mismos y sean ejemplos por lo que son.

Se sorprenderán de cómo la vida pone a cada persona en el lugar que se merece sin que ustedes tengan que empujarla o mover ni un solo dedo.

Sigamos adelante que cada quien decide si quiere ser el rey del desfile o ser solo un espectador. ¡Un abrazo a todos!

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Cómo ‘sacarle el quite’ a alguien envidioso

Testimonio: “Me siento bastante viejo, pues ya bordeo los 79 años de edad. Me encuentro con la senectud, los achaques y las nostalgias severas. Todo me duele, me comporto con desgano y me doy cuenta de que los que eran mis amigos se están muriendo. Esa angustia se acelera con el paso de los días. Me casé, tuve tres hijos y todos ellos viven con sus esposas. Mi mujer murió hace años y nunca pensé en formar otro hogar. Hoy me siento solo. Lo he leído y me gustan sus escritos. Espero uno de sus consejos”.

Respuesta: Aprovecho su carta para responderle y de paso para hacer una sana reflexión sobre este tema de la vejez.

Todos vemos a los que llamamos ancianos y creemos, de manera errada, que son los demás los que se hacen mayores; es más, por nuestra mente no pasa la idea de llegar a tener arrugas.

Pero todos, en algún momento de nuestra existencia, comprobamos en carne propia que también vamos rumbo hacia la ancianidad o incluso que ya podemos estar en esa importante fase.

Lo primero que debo decir es que negar que ya hemos pasado varios calendarios sería equivocado; pero tampoco hay que vivir amargado por esa situación.

Es cierto que tiene muchas dificultades esta época, sobre todo en una sociedad como la nuestra; sin embargo, también la vejez nos permite dedicarnos más a nosotros mismos y sacarles provecho a las experiencias y a la sabiduría.

Es decir, llegar a los 79 puede ser un valioso momento de placidez. En el fondo es una cuestión de actitud, más allá de los achaques que nos aparezcan.

Para algunos es una de las épocas más duras; para otros es una oportunidad para elegir vivir con la certeza de que sabremos aprovechar cada segundo.

Aunque es algo que no podemos detener, sí depende de nosotros que esa etapa sea más llevadera y deje más alegrías que tristezas en estos últimos años de nuestra existencia.

Puedo decirle que aunque no soy un anciano, ni tampoco un muchacho, he sabido llevar bien los años gracias a que siempre me he mantenido enfocado en hacer actividades que me llenen y traigan satisfacción a mi vida.

Para mí las canas no son angustias desde ningún punto de vista.

Analizando su caso, ¿No cree que este es el momento perfecto para hacer y dedicarse a muchas tareas que dejó atrás por dedicarse a su familia y al trabajo?

Si bien la vejez es la etapa final de todo ser humano, también es la oportunidad perfecta para dedicarnos más tiempo y hacer lo que antes no podíamos porque no teníamos el tiempo.

Dedíquese a disfrutar, a hacer nuevas actividades, a aprender cosas interesantes y a tener nuevas experiencias.

Si tiene la oportunidad de viajar, hágalo. No se excuse en las arrugas: en cualquier instante de la vida uno puede elegir ser feliz.

No necesariamente tiene que viajar con sus amigos o con sus familiares, hay muchos lugares donde puede rodearse de gente que tenga sus mismos intereses.

Recuerde que la mayoría de problemas que tenemos consisten un 10% en lo que representan, y el otro 90% de cómo los asumimos.

Así que no se lamente y vaya en busca de eso que lo hacen feliz. Nunca es tarde para comenzar. Un abrazo y cuando quiera nos tomamos un tinto.

FRASES SUELTAS

* No sufra por lo que le hace falta, disfrute lo que tiene. No se quede en lamentaciones; aproveche su presente.

* Un parabrisas es más grande que el retrovisor. La razón: el frente es más importante que lo que deja atrás.

* No permita que un mal minuto destruya las 23 horas y 59 minutos del resto del día. Ninguna rabia es productiva.

* No dude de su importante valor como ser humano. Tampoco permita que lo menosprecien por ningún motivo. Quien no lo sepa apreciar, amar y respetar, nunca puede tener algún lugar en su vida ni en su corazón.

* Al principio ganan los falsos porque son astutos. Pero si usted es honesto y tiene calma, al final vencerá.

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