jueves 15 de octubre de 2020 - 12:00 AM

Con Dios usted tiene una mayor fuente de energía, recurra a Él

La Bendición del Señor nos permite irradiar más luz y así enfrentar mejor los problemas.
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No importa qué tan duro le haya ido este año, siempre y cuando esté con Dios. Junto a Él podrá sacar del ‘baúl de su corazón’ las más grandes reservas de ánimo.

La idea es que mantenga una buena vibra para despercudirse de esa mala energía que lo viene acompañando desde hace rato.

¿Qué le estoy planteando?

Que le pida al Creador que le permita sacar a flote ese espíritu propositivo que yace en usted, para poder encarar cualquier situación de una forma más alentadora.

Lo mejor es que aprenderá valiosas lecciones de los actuales momentos, manteniendo la serenidad.

Recuerde que las cosas buenas no se dan cuando usted se la pasa abatido, quejándose o maldiciendo ‘aquí y allá’ por todo lo que le pasa. Ellas ocurren cuando pone su fe en Dios y va de su mano trabajando para salir de cualquier circunstancia adversa.

No permita que la tristeza que siente, tal vez por la crisis de la pandemia, le haga seguir en el plano del desaliento. Tampoco se sumerja, con su forma de pensar fatalista, en el mar del desconsuelo.

Reflexione y verá que, tal vez sin darse cuenta, usted suele ser negativo y hace que su vida vaya por ese callejón sin salidas que poco a poco ha ido construyendo.

Admita que se ha ido acostumbrando a ‘bajarse de nota’ frente al menor tropiezo.

Debe aprender a dejar ir lo que no le conviene, ver todo con un sano propósito, ser fuerte para que ningún golpe pueda ‘noquearlo’ y, sobre todo, comprender que si algo no llega es porque vendrá algo mejor.

Los obstáculos que hoy afronta son oportunidades. Eso que usted define como ‘problemas’ son herramientas para aprender, para crecer e incluso para buscar mejores opciones de vida.

Entiendo que la situación actual lo haya afectado, pero debe armarse de valor para asumir lo que venga.

Todo viene y va; y obviamente cada hecho debe aceptarse como parte de la vida misma, sin tener que resignarse a sufrir. Haga acopio de la mayor actitud positiva y tenga la suficiente dignidad para salir adelante.

Los remolinos que le corresponda enfrentar no pueden hacerlo desmayar; por el contrario, usted debe salir fortalecido de ellos.

Si se lo propone, puede diseñar estrategias para recomponerse en lo que queda de este año. Revise bien cuáles son los frentes de acción que debe emprender para que, con una buena estrategia y dedicación, reencuentre el camino.

Ahora bien, no todo es trabajo o preocupación. Haga actividades que le hagan recuperar el matiz de su rostro.

Dicho de otra forma, propóngase cumplir agendas sencillas que le proporcionen felicidad: leer un buen libro, ver tranquilo su partido de fútbol y hasta vivir un sencillo plan de ‘arrunchis’ son grandes vitamínicos. ¡Es cuestión de hacer algo que le quite el hastío que hoy le agobia!

Y con una plegaria, invoque la Bendición de Dios. Pídale que le ayude en esos días en los que está afligido, no para que le resuelva todo de una sino para que le dé fuerza para superar las barreras. Su momento más difícil puede ser el camino más corto para encontrarse con su fe.

Cualquier cosa es posible si tiene la mentalidad, la voluntad y el deseo de hacerla. Y tal vez pierda la esperanza en algún momento, pero cuando menos lo espere Dios llegará y lo sorprenderá.

REFLEXIONES CORTAS

* No se detenga ni desfallezca en el camino. Con la compañía del Creador, pronto llegará a su destino.

* El sexto sentido y las vibras son reales. La intuición existe y la energía jamás miente. ¡Hágase caso siempre!

* Evite el mal carácter: daña relaciones, genera estrés, lo hace decir lo que no quiere y enferma su cuerpo.

* Usted es más valiente de lo que cree; más fuerte de lo que parece; y más inteligente de lo que piensa.

* Las grandes cosas están conformadas de otras más pequeñas. Jamás subestime sus ‘pequeños’ logros.

¡CUÉNTEME SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto en esta sección. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Nunca he sido un tipo casado con ninguna religión, ni pretendo hacerlo a estas alturas. Sin embargo, jamás he podido acercarme a Dios, de tal forma que pueda entender lo que sucede hoy en mi mundo. He aprendido a leerlo a través de sus páginas y me gustaría que me ofreciera algunos consejos sobre cómo tener un contacto más cercano con el Ser Supremo. Se lo agradecería de corazón”.

Atentamente, Reynaldo Javier Torra F.

Respuesta: Un momento a solas con Dios puede cambiar su perspectiva de una manera sana. Encuéntrese con Él, como si tuviera una cita con un amigo de verdad y plantéele una conversación transparente. Tal vez no le responderá con palabras, pero sí con acciones misericordiosas en su propia cotidianidad.

Cada día, al levantarse o al irse a la cama, dedique un minuto para dirigirse a Él desde la intimidad de su cuarto y de su corazón. Eso liberará su mente de distracciones o preocupaciones y, de paso, le permitirá concentrarse.

Sin necesidad que se vuelva un fanático religioso ni mucho menos una persona dogmática, encontrará un bálsamo cada vez que entable esa sincera conversación con el Creador.

Entre más hable con el Omnipotente le será más fácil comprender lo que sucede en su mundo. Y para ello, no es preciso matricularse en credo alguno, sobre todo si no le nace hacerlo.

Ha de saber que la oración es, sin lugar a dudas, el medio por el cual podrá conectarse con la presencia del Creador.

Cuando le hablo de orar no le estoy planteando que esté obligado a repetir frases que, en algunas ocasiones, se pronuncian como ‘loras borrachas’ sin saber el sentido de ellas. Tampoco estoy cuestionando las plegarias tradicionales, sino la forma como a veces se dicen sin entender sus significados.

Ojo, tampoco conocerá a Dios mediante intercesiones irreflexivas, que no son otra cosa que requerimientos personales o peticiones exclusivas para que Él le conceda sus caprichos.

La conexión con Él debe ser sublime y siempre hay que pedirle que se haga su Santa Voluntad.

Algo más: no busque al Señor solo en tiempos de necesidad o en momentos difíciles de su vida; eleve oraciones al cielo incluso cuando las cosas le vayan bien. Si lo busca solo cuando las cosas marchan mal, esto indicará que no existe un compromiso verdadero con su fe.

Leer uno o varios versículos de las Sagradas Escrituras también es revitalizante. En la medida en la que tenga a la mano la lectura de la Palabra de Dios, sin que por ello tenga que volverse un erudito de las historias que allí encuentre, podrá cultivar su relación con Él de una manera más íntima y personal.

Le reitero que no espero que se vuelva un religioso ‘recalcitrante’, pues esa no es la idea. Solo le estoy sugiriendo que si aún no tiene un hábito de comunicación constante con Él, hoy es un buen día para que pueda comenzar, y así dejar que nuestro Padre sea el mentor de su vida.

Estas sugerencias que le escribo, las cuales yo enmarco en una especie de disciplina espiritual, se pueden incorporar en su rutina diaria no solo como un tiempo devocional, sino también como una terapia relajante que le hará ver las cosas que le pase de una manera más renovadora.

¡Hágame caso y luego me cuenta cómo le va! Estoy seguro que así podrá tener una visión más nítida del Señor.

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