sábado 21 de noviembre de 2020 - 12:00 AM

Con la fe puesta en el Señor

¡Confíe en Jesús! Tenga la certeza de que siempre y en cualquier circunstancia, por muy difícil que parezca, Él le ayudará y estará a su lado.
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La fe no es una creencia pasiva. La persona que mira al Señor sabe, admite y reconoce que no se mueve ni una sola hoja de un árbol sin que Él lo decida. Es por eso que todas las cosas se dan en el momento de Dios y no en el de nosotros.

Aunque usted sea ateo o sienta apatía por las cosas espirituales finalmente tiene una misión en este mundo, y no se irá de él hasta tanto la haya cumplido.

Todas las circunstancias de su entorno tienen un determinado propósito, así no lo detecte de entrada.

Mucha gente que ha encontrado al Señor después de años de búsqueda y de dudas, admite de manera pública que hoy es solo una gota que cae del cielo y que, en algún momento, se secará para darles paso a otras vidas, no sin antes ser parte del rocío.

Dios existe y nos habla. ¡Siempre lo hace! Lo que sucede es que a veces usted, yo y muchos insistimos en no querer escucharlo, tal vez por nuestra prepotencia o por ese falso orgullo que nos carcome.

¿Por qué si el Altísimo siempre está pendiente de ayudarnos y de hablarnos no logramos percibirlo?

Es porque nuestra fe no es tan sólida y, así las cosas, nuestros oídos se vuelven sordos.

A usted, sobre todo en este tiempo de crisis, le corresponde tener fe ante la adversidad y abrir el corazón para que el Todopoderoso le cure el alma y, por qué no decirlo, el mismo cuerpo. Ha de saber que muchas enfermedades no desaparecen con las medicinas, sino con las terapias infatigables de la esperanza, del amor y de la confianza en nuestro Ser Supremo.

Cuando estamos conectados con la Fuerza Divina, la vida se nos manifiesta con amor puro.

Recuerde que si su vida crece espiritualmente, usted logra cosas realmente valiosas.

Ser espiritual, sin que por eso tenga que ‘casarse’ con religión alguna, le aclara las dudas cuando algo lo confunde; irradia esperanza cuando lo abate la tristeza; y, lo mejor, le brinda las soluciones de aquellos problemas que no lo dejan dormir.

La verdad es que hay muchas razones por las que usted va perdiendo su armonía; y una de ellas tiene que ver con la disminución progresiva del gran motor que cada quien tiene como ser humano: la fe.

Con la confianza en Jesús, usted logra estabilizar su vida.

Le recalco que no puede ser una fe quieta. El asunto no se limita solo a creer y a quedarse con los brazos cruzados.

La fe sin actos es una creencia vacía; es decir, si no hace todo lo posible por lograr eso que tanto anhela, jamás alcanzará nada.

Si no trabaja duro en lo posible, no obtendrá lo imposible. Dicho de otra forma, usted es el conductor de su mente.

Tome el control y mantenga sus pensamientos con sanas instrucciones, indicándoles hacia dónde quiere ir. Es fundamental ‘timonear’ bien su mente y con la suficiente seguridad, ya que la pérdida de la confianza en usted mismo puede derivar en desórdenes para su alma.

Una gota de serenidad, una actitud positiva y orar hacen parte de los mejores ejercicios que le garantizarán ese balance que tanto necesita.

Recupere la confianza en el Todopoderoso. No hay nada más sublime que ver cómo se materializa su acto de fe en realidad.

De eso se trata todo este texto, de tener la certeza de que saldrá adelante; incluso en esta dura época, cuando las cosas se ven tan aciagas y desesperantes.

¡Dios lo bendiga!

REFLEXIONES SUELTAS

* ¡Es su trayecto! Otros pueden acompañarlo, pero nadie podrá caminar ni conducir por usted. ¡Siga adelante!

* Siempre debe desearles el bien a todos; los éxitos de los demás jamás limitarán sus triunfos personales.

* Un sano hábito es como un gran deseo; nos entusiasmamos tanto en él, que no descansamos hasta lograrlo.

* Nunca le será tarde para buscar un mundo mejor y más nuevo, si en el empeño pone coraje y entusiasmo.

* El ocaso de una gran esperanza es como el ocaso del sol: con ella se extingue el esplendor de nuestra vida.

* Jamás pierda la bonita costumbre de dar los buenos días al llegar a un sitio, hágalo así nadie le responda.

¡CUÉNTEME SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto en esta sección. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Recuerdo y añoro con nostalgia lo bien que me iba antes de que apareciera esta pandemia. También confieso que desaprovechaba muchas oportunidades. Hoy escasea el dinero, tanto que vivo obsesionado con la idea de recuperar el capital que tenía antes de que esta tragedia apareciera en mi vida. Busco respuestas a esta crisis y no las encuentro. Quisiera ser lo suficientemente maduro para entender mi realidad y no agobiarme, pero no puedo lograrlo. ¿Qué consejo me podría dar? Agradezco que atienda mi caso”.

Respuesta: Considero que está centrando demasiado su vida en los recuerdos y, a decir verdad, esa no es la mejor estrategia.

Despréndase de esas añoranzas porque, si bien fueron grandes épocas, es preciso afrontar el presente. Solo tome ese ayer como lo que fue; es decir, como una valiosa experiencia. Me gusta que quiera recuperar su capital, pero no se acelere tanto con ese asunto, entre otras cosas, porque el dinero no es la felicidad.

Perdone que le insista en el tema, pero esta no es una época para remembranzas, ni para quedarse contemplando con amarguras y lamentos las oportunidades que no aprovechó. Mejor observe las cosas buenas y valiosas que aún persisten en su mundo.

Debe ponerles la máxima atención y cuidado a todas las nuevas oportunidades que con seguridad le dará la vida para que, aprovechándolas de la mejor manera posible, le ponga un piso firme y estable a su presente.

Le recalco que no se preocupe porque el dinero que tanto necesita esté escaseando hoy.

Le garantizo que la plata le comenzará a llegar con más frecuencia y en mayor cantidad, en la medida en que serene su espíritu y vea la realidad circundante con más objetividad.

Si se afana menos por la idea de tener que producir cada vez más dinero, descubrirá que él llegará a sus manos a su debido tiempo.

Además, es relativamente ‘normal’ que su situación económica esté un tanto esquiva en esta época de crisis.

Si deja de obsesionarse con ese tema y corta los afanes y nervios, tendrá la cabeza serena para pensar y para atraer la abundancia y la prosperidad.

No sé mucho de economía, pero dadas las circunstancias de hoy y el avance de la pandemia, pienso que por ahora lo más efectivo es tener calma y saber esperar con paciencia, pues la crisis aún no ha terminado.

¡Eso sí, sea prudente con los gastos!

Procure tranquilizarse para que de esta manera pueda encontrar las posibles soluciones a las dificultades que le presente la vida.

Debe analizar bien su actual estado para que pueda llegar a las conclusiones más inteligentes y maduras. Claro está que para llegar a ellas debe meditar profundamente y autoanalizarse con sinceridad.

Si realmente está bien interesado en madurar y crecer, tendrá que aprender a encontrar usted mismo las respuestas a sus angustias.

La autonomía, aunque a veces parezca complicada de lograr, tiene la ventaja de que le permite decidir cómo es que debe actuar en cada situación.

No deje que el exceso de emociones ni las remembranzas le resten su visión.

También le sugiero que le abra las puertas de su corazón a Dios y, mediante la oración, le solicite sus Bendiciones. ¡Le envío una buena vibra!

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