sábado 11 de julio de 2020 - 12:00 AM

Consulta del día: Les doy demasiadas vueltas a mis cosas

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Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:
Testimonio: “Pienso ideas buenas para ejecutar, pero después les doy vueltas y vueltas en mi cabeza y se quedan en nada. Siempre creo que todo saldrá mal. Por más que se me ocurren cosas que me parecen acertadas, me atiborro de pensamientos desmotivadores y no logro llevar nada a la práctica. ¡Después me quedo con los brazos cruzados! Siempre ha sido así y jamás he podido hacer nada. Todo me da miedo y no me atrevo a emprender. ¿Qué será lo que me pasa? Deme un consejo, por favor”.
Respuesta: Es evidente que usted mismo se sabotea y, por esa fea costumbre de pensar que ‘todo le saldrá mal’, termina como usted mismo lo escribe en esta carta: “con los brazos cruzados”.
No deje que el ‘parloteo’ se incruste en su cabeza, porque él es el que no lo está dejando actuar. ¿De qué le hablo? De todas ese ‘ruido mental’ que lo está llenando de ansiedades y de temores infundados.
Si insiste en escuchar esa ‘charla insulsa’ que a diario retumba en su cabeza, seguirá a la deriva.
No se la pase diciendo que no es capaz de hacer nada. Ya es hora de que se aplique una buena dosis de autoconfianza. Usted debería ser su ‘mejor consejero’.
¿Cómo salir de ese parloteo?
Debe empezar por pensar de una manera positiva y dejar tanto pensamiento ‘basura’ atrás.
Para ello, es preciso cultivar varias ideas visionarias, leer cosas agradables y mantener siempre la esperanza viva.
Tiene que abolir el comportamiento negativo y entender que usted sí saldrá adelante.
Según lo que puedo detectar en lo que me escribe, no ha aprendido a utilizar para bien el poder de la mente, entre otras cosas, porque no sabe concentrarse.
Le recuerdo que la concentración es el acto por el cual usted puede mirar algo de una manera atenta; no con los ojos de la cara sino con los de la mente.
Fijando la atención en una cosa positiva, enfoca la mente en un punto determinado.
Desde el punto de vista espiritual, la concentración es el esfuerzo y la disciplina que realiza para que su mente se dedique a un solo pensamiento y para poder analizarlo con total profundidad a fin de que pueda obtener de ese ejercicio los máximos beneficios.
Cuando en lugar de estos pensamientos inútiles aparece sólo uno que es firme, perseverante y propositivo, la mente se convierte en un innegable poder y eso tiene además una amplísima influencia en su quehacer diario.
Trate de concentrarse en cosas agradables y escriba las metas que debe cumplir, ojalá con plazos o fechas en el calendario.
Ojo: los objetivos importantes no se consiguen de un día para otro. No es cuestión de una pequeña acción, sino que las cosas son los resultados de muchas acciones, esfuerzos e intentos.
¡Así que debe perseverar!
Le insisto en que no hay que ‘parlotear’, sólo suspirar y mirar cuán grande puede llegar a ser su bonita vida.
Destierre la palabra ‘miedo’. Lea aquella cita bíblica que nos dice que “Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor, de entereza y de dominio propio”.
Debe liberarse de esos temores, para lograr una plena realización. Hágame caso y verá que podrá avanzar.
¡Dios lo bendiga!
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