jueves 30 de enero de 2020 - 12:00 AM

Crezca y vuele, pero jamás se olvide de sus raíces

¿Cómo volar sin quedarse dormido en las nubes, cómo mantener el corazón en las manos sin alejarse de la realidad y cómo triunfar sin olvidar cómo fue ese proceso para alcanzar la gloria?
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Polo a tierra. No estoy hablando de esa vara o de esos metros de cobre que se conectan al piso, sino de algo que nos permita elevarnos sin que terminemos perdidos en el espacio sideral de las prepotencias, de las ambigüedades y de las fantasías.

Lo menciono porque veo, con cierta frecuencia, a personas que viven en mundos irreales, gracias a las falsas visiones que les brindan algunas situaciones y que de alguna forma las alejan de sus realidades y de sus orígenes.

Siempre he creído que es fundamental soñar y volar, pero ambos verbos hay que conjugarlos con los ojos abiertos y sobre todo con mucha humildad.

Hay que tratar de poner bien los pies sobre la tierra para evitar que los sueños obnubilen su inteligencia y le impidan conseguir las cosas que realmente son las que están acordes con sus posibilidades o con sus reales aspiraciones.

Si se dedica solo a soñar y a darles plena credibilidad a muchas fantasías irrealizables y soberbias, no avanzará ni un solo paso y, en cambio, se ganará más de una decepción.

Reflexione sinceramente sobre sus debilidades y obviamente analice cuáles son sus potenciales. Solo así podrá entender a cabalidad cuáles son los pasos a dar.

Mire el mundo desde diferentes puntos de vista o desde perspectivas opuestas, para que pueda encontrar la sabiduría y la felicidad que suele ubicarse en los puntos medios.

El tema no se queda solo en soñar. Por muy abiertos que tenga los ojos, recuerde que la acción siempre ha sido la indispensable compañera de las personas que triunfan.

Si está despierto y si sabe actuar con prontitud, tendrá enormes oportunidades y maravillosas ocasiones para realizar grandes proyectos.

Solo cuando se decida a actuar encontrará el camino a seguir, y todas las puertas que conducen al éxito se le abrirán a su paso.

Tampoco olvide prestarles toda la atención a todos esos detalles pequeños que hacen de la vida diaria un acontecimiento importante y digno de ser vivido, y que son los pilares de su progreso.

Le recalco que la fórmula es poner sus sueños a volar, pero teniendo en cuenta que sean posibles. Porque usted puede imaginarse que se gana la lotería, pero no precisamente al amanecer aparecerá el ramillete de billetes debajo de su almohada.

Ojo: Aquí tampoco cabe la palabra resignación, pues anclarse no está permitido. Si Dios le dio pies fue para andar, bastante y sin miedo.

La idea es que usted a través del sueño se conecte con sus energías, las explore, juegue con ellas y después emprenda el vuelo de posibilidades que le harán tomar la pista de la realidad.

Y cuando alcance la gloria, debe recordar de dónde vino y cómo llegó a ella.

El sueño simplemente tiene que planearse con fe; tal vez el único secreto es que no pierda el horizonte.

Algo más: No olvide volver sus ojos hacia las cosas trascendentes y las de la espiritualidad. Por muchas tareas que realice, nada tendrá un sentido pleno si no encuentra razones profundas y significativas para vivir.

Si pone suficiente atención a los vaivenes de la vida, descubrirá cómo los acontecimientos lo van a obligar a preocuparse más por las cosas del espíritu y le permitirán llevar una vida humilde.

Crezca y vuele, pero jamás se olvide de sus raíces

CUÉNTEME SU CASO: EL BUZÓN DEL ALMA

Crezca y vuele, pero jamás se olvide de sus raíces

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “No me tengo confianza y eso no me permite aprovechar las opciones que se me aparecen en la vida. De hecho, hoy tengo la oportunidad de acceder a un mejor trabajo, pero no me atrevo a aceptarlo por temor a fracasar. Me da miedo exponerme al colapso. Así me pasa con todas las cosas de mi vida: en el amor, en lo laboral y en las demás situaciones. Casi siempre me siento vencido, pierdo la fe y termino con las manos cruzadas. Mi vida está muy enredada ¿Qué me podría aconsejar? Ayúdeme, por favor”.

Respuesta: Permítame decirle, de entrada, que no puede seguir corroído por el temor a fracasar. Acepte sus responsabilidades y aproveche las opciones de gloria que Dios le otorga.

Jamás será válido estar con las manos cruzadas viendo pasar por el frente de su casa las oportunidades.

Es claro que la forma en la que usted piense acerca de algo que le pase puede ‘derrotarlo’ o ‘sacarlo adelante’.

Lo único imposible en su vida es aquello que no intenta. Si jamás se esfuerza por lograr lo que quiere es apenas obvio que no conseguirá nada.

Vea los nuevos desafíos como bendiciones para crecer, en vez de verlos en términos de ‘ganar’ o de ‘perder’.

Si insiste en tener ideas negativas seguirá viendo cada nueva oportunidad como algo en lo que podrá fracasar y, de paso, frenará sus desarrollos profesionales y personales.

Si lo analiza bien, esa falta de confianza es la que le ha complicado o enredado su existencia. Si pierde la fe, al final se estresa, se deprime y se aniquila.

Usted no está tan vencido como se imagina, entre otra cosas, porque siempre tendrá la posibilidad de actuar por cuenta propia.

¡Todo es cuestión de voluntad! Cualquier problema que afronte, así sea el más difícil, él nunca será tan fuerte como la actitud que decida asumir.

El miedo puede dominarlo y neutralizarlo, si cree que no será capaz; pero si adquiere el valor para enfrentarlo, la vida misma conspirará para que triunfe.

La autoconfianza se va construyendo paso a paso y ella tiene una importancia decisiva, tanto en su bienestar como en los negocios y en las relaciones que mantenga con los demás.

Es obvio que en todo proceso hay momentos de dudas y de desesperanzas, pero si asume todo como parte de la responsabilidad de crecer, estos instantes no le podrán restar fuerza.

En todo hay que ponerse manos a la obra, pues el trabajo hace posible que las cosas se den. La acción transforma su mundo y además le permite descubrir su propia fortaleza. Dese permiso de seguir adelante e incluso tenga presente que puede cometer errores y aún así no será el fin del mundo. Porque no será el fracaso lo que destruya su confianza, sino el no volver a intentarlo.

Si se anima, notará que después de lanzarse al ruedo, la fe en usted volverá a resurgir con renovadas fuerzas.

Poco a poco irá superando obstáculos y, de esta forma, crecerá en sus proyectos.

Quien confía en sí mismo no se siente atrapado por los problemas, tampoco se aferra a las modas o en lo que otros creen que es mejor para su vida.

Le recalco: si ni siquiera cree en usted mismo, cómo pretende que otros sí le tengan fe. Si no se tiene confianza, jamás podrá avanzar.

Así que recupere su autoconfianza y supere todas las barreras que le aparezcan. ¡Dios lo bendiga!

BREVES ESPIRITUALES

* Las respuestas llegarán a tiempo y las preguntas innecesarias desaparecerán. ¡Recuerde que la vida es bella!

* No es pobre quien tiene menos, sino quien desea más; no es rico quien más posee, sino el que anhela más.

* Hay que aprender a caminar solos y sin nada al hombro. Vinimos solos y limpios... ¡Y así nos iremos!

Crezca y vuele, pero jamás se olvide de sus raíces

* No se preocupe por las opiniones de los demás, sobre todo las mediocres. ‘A palabras necias, oídos sordos’.

* ¡Quiérase! Si se perfecciona en el arte de amarse a usted mismo, podrá amar de verdad a los demás.

* A veces necesitamos de un traspié para tomar conciencia y humildad. La soberbia nos hace tropezar.

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