martes 14 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Cuando el viento no juegue a favor

Más allá de concebir una pérdida como una derrota que los ahoga, entiendan que sí pueden controlar sus naves. Incluso cuando el viento no juegue a favor, siempre tendrán la oportunidad de poner a prueba la fe en ustedes mismos.

El único momento en el que las personas fallan es cuando no mueven ni un solo dedo para salir a flote.

¡Lamentable!

Es errado asumir actitudes derrotistas o pesimistas. Es mejor generar alternativas reales de cambio, en procura de superar ese viento que no está a favor.

Si no se automotivan, cada traspié les hará perder la fe y además alimentarán la incredulidad, la indiferencia y la frustración.

¿Por qué se resignan a perder?

La causa fundamental de esta actitud, tan generalizada en estos tiempos, radica en que muchas veces las personas no han aprendido a afrontar de manera inteligente o pragmática una caída o una pérdida inesperada. De esta forma, se desesperan y tocan fondo.

Paradójicamente esto sucede en una sociedad que les exige a las personas ser cada vez más competitivas, lo cual implica de manera directa estar más expuestas a perder y por lo tanto estar más capacitadas para actuar de manera acertada frente a una tempestad.

Es común que ante la más mínima ‘caída’ los seres humanos se desequilibren, se depriman y entren en conflicto consigo mismos.

De hecho, muchas personas, frustradas hasta más no poder, se refugian en el licor u otra adicción; algunas huyen de sus vidas y caen presas de la depresión.

Es relativamente normal que ante un traspié los individuos no se encuentren sicológicamente preparados para asumir y superar este hecho. Pero lo más grave es que se queden atónitos o estupefactos.

Las personas, además de ahogarse en aguas turbulentas, se vuelven frágiles emocionalmente. También se muestran reacias a recuperar el ánimo y no alimentan la esperanza en un mañana mejor.

De esta forma pierden la confianza en sí mismas y, por supuesto, una borrasca termina dejándolas a la deriva.

¿Qué quiero decir con todo esto?

¡Que hay que aprender a navegar cuando sube la marea!

Si bien es necesario tener presente la posibilidad de equivocarse, no por eso hay que resignarse a ahogarse en lo más profundo de las turbulencias de la vida.

No se puede vivir con la dificultad y la derrota tatuadas a la piel. Hay que reponerse de los momentos difíciles y tomar el timón o el control de las cosas.

¡Es importante ganar! Ello implica adaptarse a ciertas circunstancias que incluyan sortear de manera apropiada una posible frustración.

Cuando se está consciente de la posibilidad de perder se asume mejor cada situación, se aprovecha más la vida, las personas se fortalecen, se comprende que la felicidad no depende de otros y emocionalmente se está capacitado para afrontar situaciones adversas.

Cada vez que se tiene una pérdida, más allá de ver ese episodio como una terrible derrota, los implicados deben entenderla como una experiencia que les ofrece un nuevo panorama en el que surge ‘un abanico de posibilidades’ por descubrir.

Miren cómo le sacan provecho a cada momento, más allá de que se presenten obstáculos. La vida no termina cuando hay dificultades.

Más que concebir las pérdidas como fracasos, hay que ver esos momentos como los retos que se deben enfrentar.

Al perder se aprende a valorar más todo aquello que conforma el diario vivir y además surge la oportunidad de construir a partir de esa experiencia.

En la medida en que las personas entiendan la importancia que tiene en sus vidas el adaptarse a las nuevas situaciones, van formando su carácter y se vuelven más creativas. Incluso desarrollan aún más eso que popularmente se conoce como lógica o sentido común.

Es importante que en la mayoría de las crisis de la vida, las personas adopten un adecuado plan de contingencia.

Tras una súbita caída, más que lamentarse y considerar la posibilidad de ‘bajar la guardia’, recurran a la serenidad que se requiere para recomenzar.

Recuérdenlo: Si quieren superar las adversidades tienen que tener claro que podrán superarlas. Porque más allá de que el viento no juegue a favor de ustedes, sí podrán nadar lo suficiente y flotar.

El caso de hoy:

Muchas inquietudes asaltan nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Estoy lleno de limitaciones y estancado con mi crecimiento personal. No tengo ni la cabeza ni el corazón sincronizados; mientras tanto, los que sí están calibrados son mis problemas. Si alguien me ayudara, tal vez vería con mayor claridad en mi futuro; sin embargo, nadie me tiende una mano. Tengo 23 años y vivo con ansiedad; no creo tener el poder de salir adelante. Es que no se despeja mi camino por ningún lado. Quisiera uno de sus consejos”.

Respuesta: En su cabeza y en su corazón están las llaves, esas que le abrirán la puerta y que le permitirán avanzar hacia su crecimiento personal.

Aunque no lo crea, sí tiene el poder de vencer esas limitaciones que no lo dejan progresar.

Es usted la clave y el fundamento de su propio desarrollo. Ojo: Mientras siga pensando que algo exterior o que otra persona es quien tiene la solución a sus problemas, se va a quedar cruzado de brazos y sin sus problemas resueltos.

Tómese un tiempo en soledad para repensar de manera detenida sus vicisitudes.

Aunque en su carta no me da detalles de lo que le pasa, percibo que la vida le pide ahora un espíritu innovador, para inyectarles a sus días esos desafíos que la harán más interesante su mundo.

Si se mete en la cabeza que usted puede lograr sus propósitos, más temprano que tarde el destino confirmará la veracidad de su fe y le abrirá el camino.

Es muy joven. ¡Está en el momento propicio para armar un gran proyecto de vida!

Todos sus problemas, no importa de qué orden sean, se resolverán favorablemente. Es cuestión de asumir la vida con una mirada más esperanzadora. Haga de ese cambio de actitud la columna vertebral de su actuar en los próximos meses.

¡Tiene su vida en sus manos! Debe ser dueño de sí mismo, de sus aciertos y de sus posibilidades, supere las ansiedades y las angustias haciendo uso de la paciencia; ella es la mejor maestra y la más hábil promotora de la sabiduría.

¡Controle sus impulsos! Recuerde que la dedicación y la concentración son esenciales. Aunque a ratos no se atreva a soñar, debe aprender a hacerlo, a soltar sus problemas y a esperar a que la voluntad Divina se cumpla a su alrededor.

Verá que los buenos resultados llegarán a su debido momento. Aproveche las sanas energías que la Divina Providencia ha dispuesto para usted, dándoles flexibilidad a sus planes y adoptando posiciones y actitudes siempre positivas. Hágame caso y me cuenta cómo le va. ¡Dios lo bendiga!

Frases sueltas

* Dese cuenta de que el amor que más necesita es el ‘amor propio’. Acéptese, cuídese y valórese. Mírese al espejo, respétese y dese el valor que usted tiene.

* Se debe vaciar de aquello de lo que está lleno, entre otras cosas, para que pueda ser alimentado de aquello de lo que está vacío.

* No se dé tan duro. Tenga equilibrio y misericordia con usted mismo. Es bueno que sea exigente, pero no olvide apreciar lo lejos que ha llegado en la vida. Recuerde los días en los que pedía por lo que hoy tiene.

* Una buena acción por los demás sana más que cualquier medicina. Una dosis de ayuda a otro es una gran cura espiritual y ella trasciende todas las barreras.

* Más sonrisas, menos preocupaciones. Más compasión, menos juicios. Más bendiciones, menos estrés. Más amor, menos odio.

* No haga nada por obligación, decida ser feliz en cada momento.

* Humor espiritual: Cuando esté triste póngase a cantar; es probable que descubra que su voz es peor que sus problemas.

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