jueves 24 de diciembre de 2020 - 12:00 AM

Cuando las hojas se desprenden del árbol

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La vida suele desprendernos, de manera sorpresiva, de lo que tenemos en nuestras manos. De hecho, podríamos decir que este año muchas cosas no nos sucedieron como las pretendíamos.

¡En efecto! El 2020 no fue el año de tener todo lo que queríamos y, de paso, nos correspondió valorar más todo lo que sí teníamos.

Para algunos cayeron muchas de sus hojas al piso y, de alguna forma, la nueva ‘normalidad’ los hizo madurar a juro.

Y más allá de lo que nos haya pasado, hemos mantenido el equilibrio y el coraje para enfrentar la situación con la mayor entereza.

A veces pienso que tal vez estábamos mal acostumbrados y solíamos pedirle a la vida más de lo que ella nos podía dar; y por eso habíamos cifrado nuestra felicidad en lo ‘extravagante’ y nos habíamos olvidado de la verdadera esencia del arte de vivir.

Después de esta época tan complicada, habría que decir que hoy somos más fuertes y que tenemos claro que la esperanza sigue viva.

Además, nunca será tarde para recomponer el camino, siempre y cuando no desfallezcamos. Si en todo lo que hagamos hay ganas, perseverancia y fe, finalmente Dios nos bendecirá.

Claro que no podemos quedarnos con los brazos cruzados esperando que todo nos caiga del cielo. Si bien debemos estar dispuestos a dejar que Dios haga su Santa Voluntad en el tiempo de Él, es preciso ponernos manos a la obra para restaurarnos.

Nuestro corazón debe aceptar las circunstancias que vengan, sin que por ello nos tengamos que dejar vencer por ellas. La resiliencia espantará nuestros miedos.

Y si sentimos que no estamos conectados con el foco de la energía positiva, hay que hablarle a Dios a través de la oración; de esta forma el panorama se verá mejor.

Hay momentos en los que, cualquiera sea la actitud del cuerpo, es preciso tener el alma de rodillas a Jesús.

De igual forma, dejemos atrás nuestros temores. Apreciemos lo que es realmente maravilloso en nuestra vida: hablo de la salud, de nuestro hogar y del amor.

No seamos tan pesimistas. Lo menciono porque a veces aumentamos la magnitud de las dificultades y experimentamos la sensación de que las soluciones no están al alcance de nuestras m anos; cuando en el fondo están a la vuelta de la esquina.

Todo es menos terrible de lo que parece. Así pensemos que estamos en el fondo, siempre habrá una luz de esperanza.

Enfrentar nuestros miedos es el único tiquete para partir con confianza rumbo al 2021 y, al mismo tiempo, es la clave para crecer con dignidad.

Si tenemos fortaleza podremos reaccionar por encima de las adversidades.

Y si percibimos que se nos mueve el piso, luchemos por todos los medios para no caer y seguir adelante.

Es tiempo de renovación, de soltar y de sembrar las semillas de lo que dará fruto el año próximo.

Utilicemos estos últimos días de 2020 para reflexionar y analizar lo que de verdad tenemos, lo que hemos deseado y lo que realmente necesitamos.

¡Dios siempre nos bendecirá!

REFLEXIONES CORTAS

* No estamos hechos de una forma preestablecida; cada uno de nosotros se forja a sí mismo con las respectivas circunstancias que surjan a lo largo de la vida. Así las cosas, el mundo no se trata de encontrarse sino de crearse y de transformarse.

* Decida amar, en lugar de odiar; elija sonreír, en vez de llorar; atrévase a crear, antes que a destruir; persevere, en lugar de renunciar; sánese y evite herir a los demás; haga las cosas en el momento preciso y no las deje para después; bendiga y no se le ocurra blasfemar; y sobre todo, nunca se olvide de Dios.

* Recuerde que la vida no nos niega nada, ella nos salva de algo que no necesitábamos.

* Eduque a su hijo de tal manera que no deba preocuparle con quién se va a casar, pues él tendrá el discernimiento para saber elegir. No guarde dinero para darle los mayores lujos, mejor invierta esa plata en educación.

* La esperanza suele verse en las alas de una mariposa, cuando el gris del invierno se llena de vida y luego ella vuela con la prometedora primavera. Celebremos la maravilla de la vida y pongámonos en las Manos del Señor.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo inquietan? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.

Testimonio: “Mis padres son demasiado convencionales y siempre han pretendido manipularme. Por eso yo he vivido disgustado con ellos y viceversa. Yo sé que fueron criados a la antigua y tal vez por eso suelen ser radicales en sus formas de proceder. Sin embargo, después de este año tan grave he querido reconciliarme con ellos, pues llevo tiempo sin compartir un diciembre en casa. He estado esperando a que ellos den el primer paso para acercármeles, pero no he logrado absolutamente nada. En esta época de Navidad, incluso con la pandemia en pleno auge, me da tristeza no poder estar bien con mis ‘viejos’. ¿Cuál sería el consejo que me podría dar? Se lo agradezco”.

Respuesta: Dicen que los lazos familiares tienen dos puntos de vista y que mantenerlos es un asunto de ‘parte y parte’; es decir, tanto usted como sus papás deben aportar sus granitos de arena.

Nunca es tarde para sanar la relación con ellos; no olvide que estos conflictos permean muchas áreas de su cotidianidad.

Entiendo que no sea una tarea fácil llegar a acuerdos, sobre todo porque usted siente que tratan de controlarlo. Pero sí es viable respetar sus posiciones.

La realidad es que usted mismo reconoce que sus padres, tal y como les ocurrió a los míos, fueron educados de una forma distinta a nuestros tiempos y también crecieron con unas buenas dosis de orgullo que, en muchas ocasiones, solo han servido para ponernos barreras.

¿Qué le puedo decir?

El amor humano es imperfecto y, de alguna forma, no hemos aprendido a entendernos entre nosotros mismos.

En su caso, no creo que deba esperar a que sus ‘viejos’, como les dice de cariño, den el primer paso. Se lo digo porque, cuando se es adulto, a veces se toman más cosas en cuenta y se es un tanto radical. Tal vez deba empezar por comprender la forma como ellos fueron criados y tomar la iniciativa de hacer las paces.

Si siente esa necesidad de verlos y de compartir con ellos, hágalo ya; eso sí, guardando las debidas medidas de bioseguridad, dada la pandemia.

Usted, que es joven, puede echar a volar el resentimiento y la mala vibra para erradicar ese pasado y poner su cuota de comprensión para hacerse y hacerles la vida más agradable a sus padres.

En estos casos hay que saber escuchar, tener empatía, asumir una buena disposición para entender puntos de vista y, sobre todo, no dejar que las diferencias aumenten.

Pídale al Creador sabiduría para saber qué decir y para que pueda pasar una Feliz Navidad junto a los suyos. ¡Dios lo bendiga!

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