martes 07 de julio de 2020 - 12:00 AM

¡Cuéntenos su caso!

Por más que sean complicados, siempre tenga en cuenta que sus padres poseen más experiencia que usted y quieren lo mejor para su vida.
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Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:
Testimonio: “Desde que era muy niño mis papás han querido manipularme. Eso me da rabia y a toda hora me la paso peleando con ellos. A veces no los soporto. Hasta pretenden que vaya a sus cultos todos los domingos, cuando jamás he comulgado con esos credos. Yo no aspiro a seguir los ejemplos de sus rutinarias vidas. Cumplí 18 años y no veo cómo hacerles entender que quiero hacer otra cosa con mi mundo. ¿Qué me aconseja?”
Respuesta: Antes de responderle debe tener presente que sus padres son las personas más importantes de su vida y que, más allá de lo que usted quiere ser, el respeto y el amor hacia ellos son fundamentales. Es clave mantener una actitud de empatía para dejar la puerta abierta al diálogo.
Sin conocerlos, podría jurar que sus progenitores lo quieren de una forma incondicional y siempre desean lo mejor para usted.
Es curioso que entre las cosas que afecten su relación con ellos esté el tema de supuestamente ‘tener que ir cada domingo a los cultos’. Obvio que la forma como decida encontrarse con Dios es personal; sin embargo, pienso que usted y muchos de nosotros, entre los recuerdos que siempre mantendremos latentes, será el plan que los domingos hacemos en familia: no hablo de la Misa, sino de compartir en casa: desde hacer un asado, ver una película o incluso ‘tirar locha’. No le estoy diciendo que vaya al templo, pero al menos mientras le sea posible comparta con sus padres: le garantizo que cuando no estén más a su lado los extrañará.
Ahora bien, tengo claro que tampoco sus papás pueden pretender que usted sea una fotocopia de sus vidas. Es cierto: somos iguales, nos cubre el mismo sol, tenemos los mismos derechos que los otros; pero desde el mismo momento en el que nacemos dejamos de ser idénticos y empezamos a colocarles las rúbricas a nuestras acciones.
No tiene por qué calcar su vida, pues tiene derecho a percibir su propio mundo. Eso no quiere decir que se tenga que aislar de ellos o que no los respete. ¡Todo lo contrario! Parta del amor que les tiene para entender que somos iguales; y con un lenguaje propositivo explíqueles que quiere vivir a su estilo. Nadie puede obligarlo a hacer lo que está fuera de su propia voluntad.
Posdata: a los padres quiero recordarles que nada bueno lograrán intentando controlar a sus hijos como si fueran marionetas. Lo mejor es que les enseñen a ser independientes, para que puedan salir adelante por sí mismos. ¡Dejen de manipularlos!
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