sábado 20 de junio de 2020 - 12:00 AM

¡Cuéntenos su caso!

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Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:
Testimonio:
“Tengo 24 años y todavía no sé cuál es mi misión en esta vida. Empiezo cosas y al poco tiempo me aburro y las dejo. No sé qué me pasa y la verdad no siento que eso sea algo normal. La cuarentena, en lugar de servirme para encontrarme y reflexionar, me hundió más en la incertidumbre. ¿Cómo diseño mi proyecto de mi vida, aún sabiendo que la pandemia trastocó todo el mundo y que incluso el porvenir mío es más desalentador que nunca? Le agradezco un consejo”.
Respuesta:
Déjeme decirle que yo pasé por lo mismo a su edad. Y aunque no lo crea, con o sin pandemia, eso es algo más común de lo que parece.
Todos, tarde o temprano, pasamos una larga temporada de nuestra vida en la que no nos sentimos motivados por nada y no le vemos rumbo a nuestro futuro. En su caso, tal vez el tema se acentuó por el aislamiento obligatorio.
En mi caso personal, con el pasar del tiempo me di cuenta de que esa falta de motivación se da muchas veces de un exceso de perfeccionismo, en el que si las cosas no salen como queremos preferimos echar todo por la borda y no hacer nada. Inexplicablemente sentimos que nos merecemos todo en el mundo sólo porque sí; lo peor es que ‘tiramos la toalla’.
¡No hay nada más derrotista y conformista que eso!
Esa tendencia a creer que el mundo gira alrededor de nosotros es un gran problema, porque nos hace caer en una burbuja de engaños. Y lo peor es que cuando caemos el golpe es más duro.
Yo le aconsejo que deje de ser tan escéptico con usted mismo, entre otras cosas, para que recupere al menos una gota de autoconfianza.
También le sugiero que logre salir primero de lo de lo que le puede estar ocasionando esa sensación de inconformidad, para poder avanzar al siguiente paso que, es de manera precisa, aceptar lo que está viviendo sin que tenga que resignarse.
Una vez entienda que no todo saldrá al 100% como usted quiere, y asuma que tiene que aprender a vivir con ello, viene lo mejor: aprender a ser feliz con lo que tiene al alcance de sus manos.
Nos han criado y acostumbrado a crecer con demasiadas expectativas sobre la vida, y que si no logramos ciertas cosas no vamos a hacer felices: nada más equivocado que eso.
Resulta que todos los seres humanos somos diferentes y tenemos distintas prioridades y sueños, por lo que no tiene sentido creer en falsos estereotipos que nos infundan desde niños, como ser ricos, casarse, tener hijos, destacarse profesionalmente y muchas cosas más con las que nos quieren lanzar a todos en un mismo costal, como si todos fuéramos iguales.
Lo que tiene que preguntarse es qué es lo que realmente quiere para su vida, dejando de lado las expectativas sociales (lo que esperan de usted sus padres, amigos, pareja, etc...) sino más bien con qué se sentiría más cómodo y pleno.
Ahí está realmente la respuesta de lo que pregunta, en su propio corazón.
Cuando aprenda a quererse tal cual es y pueda darse la mejor calidad de vida posible a partir de lo que tenga al alcance de su mano, descubrirá cosas maravillosas de usted mismo.
Muchas veces cometemos el error de botarles energía a cosas que no podemos cambiar. ¡Un abrazo enorme y mil bendiciones!
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