sábado 08 de agosto de 2020 - 12:00 AM

¡CUÉNTENOS SU CASO!

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Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:
Testimonio: “No tengo claro exactamente por qué, pero atravieso por ráfagas de tristeza que antes no experimentaba. Al principio creía que era por la pandemia actual, pero ya no pienso igual. Porque a pesar del confinamiento, mi cotidianidad está acompañada de un abatimiento que no logro dilucidar. Recuerdo mi vida pasada y eso me genera cierta nostalgia. También le cuento que me da mucha rabia estar así y quisiera sentirme mejor, pero no puedo salir de esto. ¿Usted qué hace cuando se siente desanimado? Espero que pueda brindarme algún tipo de consejo. Gracias”.
Respuesta: Pienso que los instantes de tristeza, en su caso, pueden ser respuestas naturales ante ciertas situaciones difíciles que usted vive en medio de su cotidianidad.
Me alegra saber que ha podido diferenciar esto que percibe hoy, incluso por encima de la crisis de la pandemia. Es un buen indicio de que ha sabido llevar la ansiedad del aislamiento.
Sin embargo, debe identificar el motivo exacto que lo ha llevado a sentirse mal.
Estar ‘bajo de nota’, de alguna forma, puede obedecer a una insatisfacción, a una necesidad no cubierta o una frustración en medio de la realidad que afronta.
No se regañe ni se exija un cambio rápido por esa emoción, pues tiene derecho a sentirse así. Es más, si lo que necesita es desahogarse... ¡hágalo!
No sé qué tan gris vea todo, pero le garantizo que si saca esa ‘mala vibra’ podrá brillar con más luz de la que usted pueda imaginar.
Y mientras puede sacudirse de ello, debe tomar medidas concretas para que no se le complique el tema. Mejor dicho, no permita que el abatimiento arme su propio nido y se quede a vivir en su corazón.
Cuando yo me siento agobiado por algo, suelo hacer las cosas que más me gustan. Eso no sólo me espanta el aburrimiento, sino que además me motiva a ver las cosas distintas o al menos con unas lentes más esperanzadoras.
Le advierto que esa incómoda sensación no va a desaparecer si insiste en tener pensamientos desalentadores.
Por eso, le planteo un sencillo ejercicio: ¡Escúchese a usted mismo!
¿Cómo hacerlo?
Saque un tiempo corto y establezca un diálogo honesto para que pueda detectar con exactitud por qué está así.
Ese encuentro personal le hará ver con más transparencia su entorno y encontrará la razón del por qué de este momento amargo. Además, le ayudará a ‘regular’ sus emociones.
No se trata de encerrarse en su casa o alejarse del mundo. Tampoco se recrimine por nada. La idea es que se dé permiso para entender el por qué de ese abatimiento y escudriñe en su alma la esencia de este malestar anímico.
Le recomiendo que piense en una escena positiva que le transmita energía, ilusión o sentimiento de éxito, pues tal imagen hará que su visión de la vida sea más propositiva.
Después de ese diálogo interno, autoformúlese y respóndase esta pregunta: ¿Qué se puede hacer para estar mejor?
Si hace una sincera reflexión encontrará la respuesta correcta.
Le cuento que la energía está dentro de usted. También le sugiero un instante de oración, pues la plegaria es un bálsamo que amaina la tristeza.
Espero que pueda resolver esta situación. ¡Tenga fe! Sé que podrá sacudirse de este momento y salir adelante.
¡Le envío un cálido abrazo!
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