jueves 27 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Cuéntenos su caso: Hoy, “Llegué a los 60 años y no tengo ganas de vivir”

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Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de este jueves:
Testimonio:
“Siento que los años me tomaron por sorpresa y en medio de mis achaques me están dando un golpe certero en el espíritu. Tengo 60 años y siento que debo dejar de un lado todo lo que antes me motivaba. He perdido las ganas de hacer cosas, ya no armo programas sociales y cada día que pasa vivo con más desaliento. No es que esté enfermo, ni que tenga que recurrir a medicinas; sin embargo, no me provoca mover ni un solo dedo para programar mi agenda. ¿Qué consejo me da? Gracias por responder mi caso”.
Respuesta:
Todos debemos entender que la piel se arruga, que el pelo se vuelve blanco, que las hojas del calendario se arrancan; mejor dicho, que los días se nos van como el agua entre los dedos. No obstante, la esencia jamás cambia. Hacerse mayor es inevitable, pero envejecer es una decisión que toma cada quien. Lo digo porque el corazón siempre late y sólo deja de hacerlo cuando muere.
Su fuerza y convicción no tienen edad. No es válido decir que porque tiene 60 años debe dejar a un lado las cosas que nutrían su alma. Su espíritu es el ‘plumero’ de cualquier telaraña.
La fuerza de voluntad es el vitamínico de cualquier etapa de la vida. ¡Y más en estos tiempos! Hoy en día una persona que supera los 60 años tiene por delante un mínimo de 20 o 25 años de vida, pero además con una calidad, economía y autonomía inimaginable en el siglo pasado.
Dicho de otra forma, llegar a la década de los 60 supone tener al menos dos décadas por delante de actividad, exactamente igual que a mediados del siglo pasado suponía cumplir 40 años.
Recuerde que detrás de cada línea de llegada hay una de partida; y eso se repite cada día, cuando se pasa del anochecer al amanecer.
Después de cada logro hay otro desafío y una vez superado ese reto vienen mil más.
Cada vez que cumplimos calendarios, en lugar de vernos ancianos, nos enriquecemos de experiencias y de saberes.
¿Sabe una cosa? Es obligatorio crecer y a usted le corresponde no malgastar ni un segundo de su vida.
¡Mientras esté vivo, siéntase vital!
No puede amparar su tesis en que los años le hicieron perder el entusiasmo: Cada día tiene una nueva oportunidad de empezar algo grande.
Lo invito a mantener una actitud de persona joven, entre otras cosas, para que pueda disfrutar del proceso de aprendizaje que supone la vida misma.
Está a tiempo de seguir haciendo realidad sus sueños, hay mucha vida por delante y en ese orden de ideas debe levantarse con entusiasmo cada día.
Me dice que su caso no es un asunto de salud y me sorprende que aún estando bien se atreva a decir ‘que no piensa mover ni un solo dedo para programar su agenda’.
¿Es en serio? ¿Cómo renunciar a aquellas cosas que le corresponde hacer por una supuesta ‘entrada de años’? ¡Ni más faltaba!
Hay tanta gente que puede conocer y otra tanta que no lo conoce, que es inadmisible pensar de esa forma.
Por lo que veo sus propios límites le pisaron los pies y me da la impresión de que no se ha dado cuenta que la vida está ahí para que la disfrute.
Esto no es un regaño, es solo una sana reflexión para que comprenda que no puede anquilosarse en su desgano.
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