martes 26 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Debemos aprender a ser flexibles en la vida

La flexibilidad es la capacidad de adaptarnos de manera rápida a las circunstancias, a los tiempos de Dios y a las personas. Hacer eso requiere de una dosis de ‘buena vibra’.
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Todos debemos ser flexibles y tolerantes, no sólo con los demás sino también con nosotros mismos. Esto nos evitará tener que enfrentarnos con situaciones críticas que, a decir verdad, no sabemos manejar.

La flexibilidad es la única respuesta válida frente a cualquier cambio sorpresivo.

¿Por qué?

Porque ser flexible es observar una nueva situación y actuar de acuerdo con ella.

¿No nos salió ese trabajo al que nos postulamos? ¿Acaso no logramos cristalizar ese anhelo por el que veníamos trabajando?

No culpemos a nadie, tampoco nos arrepintamos de haberlo intentado; sólo debemos practicar la aceptación con paciencia, sin que por ello debamos resignarnos.

De manera desafortunada nos han enseñado que la flexibilidad es sinónimo de ‘ceder’ para evitar conflictos.

¡No es así!

Ser flexibles no significa dejarse llevar o ser condescendientes con todo O con todas las personas. ¡Es otra cosa!

Soy de los que cree que debemos aceptar que la vida no siempre nos resulta como queremos, teniendo en cuenta que hay más de una posibilidad ante nosotros.

Para lograr esa gota de flexibilidad que nos falta, nos corresponde asumir el entorno de una manera más propositiva, adquiriendo una mayor madurez al actuar.

Lo menciono porque cualquier actuación ligera o irresponsable podría resultarnos enormemente contraproducente.

El valor de ser flexibles cobra especial importancia en estos días que estamos viviendo. Las diferencias entre cada uno de nosotros salen a flor de piel y ellas han venido exasperando nuestros estados de ánimo.

Hoy día nos corresponde desarrollar cualidades internas como la resiliencia, el desarrollo de nuestra experiencia interna de calma y, por supuesto, nuestra capacidad de actuar con prudencia en nuestro día a día.

¿Cómo aprender a ser flexible, sobre todo cuando siempre queremos que las cosas nos salgan tal y cual las esperamos?

He aprendido a lo largo de mis años a darles una mayor perspectiva a todas las circunstancias que vivo, desde las que llaman ‘malas’ hasta las que tildan de ‘buenas’.

Obviamente las circunstancias que no me han resultado favorables, ya sea porque en esos momentos truncaban mis planes, me han dado muy duro. No obstante, mi vida ha seguido fluyendo con los tiempos de Dios.

¿Qué les sugiero?

Que nos concentremos en nosotros mismos para descubrirnos y conocernos mejor, sin caer en el error de los fanatismos.

Esto también implica estar muy alerta para enfrentar y desechar los altibajos de nuestros estados de ánimo. Los compliques que surgen a diario requieren de mucha claridad por parte de nosotros.

La prudencia al actuar y la observación directa y atenta de los hechos serán más productivas que las acciones impulsivas.

Si pretendemos lograr el máximo desarrollo personal, debemos abrirnos a las nuevas ideas.

Procuremos ser pacientes y escuchar al máximo, sin comprometernos en controversias o en discusiones estériles y poco productivas.

Ser flexible tiene sus momentos: escuchemos, observemos, meditemos y actuemos. Hablemos cuando sea necesario o callemos si las circunstancias lo exigen.

Nada puede ser forzado porque eso no nos llevará a ninguna parte.

Muchas veces nos empeñamos en hacer cosas que a nadie le interesa o solemos nadar contra la corriente.

Cuando estemos conversando con alguien, aprendamos a dejar esa charla en el momento oportuno, evitando discusiones estériles.

¿Qué ganamos con aferrarnos para tratar de convencer a una persona que no quiere escucharnos?

Finalmente tratemos a cada persona según su peculiar forma de ser, lo cual se traduce literalmente en respeto.

Si aprendemos a ser flexibles encontraremos el camino libre y nuestra adaptación a los cambios se dará de manera natural.

Lea además: Ser fuertes en la vida

El caso de hoy

Debemos aprender a ser flexibles en la vida

Las inquietudes asaltan a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Falta poco más de un mes para que concluya este 2019 y siento que debo cambiar. Hay cosas que ya no dan los frutos de antes. Algo me dice que debo darle un giro a mi vida; sin embargo, soy emotivo y no sé si el asunto es solo del mal manejo de este aspecto de mi vida. Soy de los que analizo todo y busco el fondo de las cosas, por eso siento que este mes de diciembre que se avecina puede ser crucial. No obstante, le confieso que me impaciento y comienzo a trastabillar en mi idea de cambiar y pierdo el entusiasmo por mis cosas. Soy un hombre de fe, pero creo que en mi vida espiritual no he sabido interpretar esa creencia. Lo leo todas las semanas y me gusta su forma de interpretar la vida. Espero que me regale algún consejo. Gracias por su atención”.

Respuesta: Usted mismo dice que siente que debe cambiar. Por eso le pregunto hoy: ¿Por qué cree eso? Lo cierto es que no puede seguir invirtiendo esfuerzos en algo que ya no funciona; hacerlo es como mantener una guerra perdida, que sólo le va a generar malestar y frustración.

Así las cosas, es obvio que se avecinan cambios radicales en su vida. ¿Cómo concebir y cómo asumir esas modificaciones para hacer de su mundo la obra de arte que anhela?

¡Ahí radica la clave de la respuesta que le pretendo dar!

Trate de mantener su nivel emocional bajo control, para que sus acciones sean más estables y positivas.

Como usted mismo me dice que es ‘amigo de ir hasta lo más profundo de las cosas’, lo que resta del año será de especial significación, pues logrará madurar y, sobre todo, estoy seguro que sabrá tomar la decisión más sabia.

La paciencia le ayudará a superar algunas desavenencias que se le presenten en lo que falta del año.

Es fundamental, eso sí, que le imponga más dinamismo y entusiasmo a sus cosas.

Si le apuesta a su fe y al mismo tiempo se pone manos a la obra, descubrirá que se irá transformando para bien.

Recuerde que la serenidad fortifica mucho su cotidianidad. Trate de conservar el sentido de las proporciones para que su vida no resulte afectada.

¡Afirme su pensamiento! No deje que mueran sus ganas de crecer. Si no se convence de que tiene un alma y una espiritualidad infinitas, se irá a pique.

Oiga con más detenimiento las cosas de la espiritualidad, pues descubrirá en ella mensajes muy valiosos e importantes para su éxito y felicidad. ¡Tranquilo, sé que vienen tiempos de renovación que serán positivos!

Debemos aprender a ser flexibles en la vida

REFLEXIONES SUELTAS

* En la vida se gana y se pierde; se fracasa y se triunfa... Estamos aquí para aprender, crecer, descubrir y ser felices. Se escribe, se borra y luego se vuelve a escribir.

* Jamás les haga caso a las supuestas ‘críticas constructivas’ de las personas que no han construido nada.

* Lo que usted da de corazón se queda siempre en el alma, incluso así usted se vaya. El afecto, el amor y un acto solidario son los mejores recuerdos que podemos tener.

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