domingo 05 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Debemos averiguar qué es lo que nos pasa

Si no aprendemos a manejar y a eliminar ese desaliento que suele atosigarnos en ciertos momentos, acabaremos siendo controlados por él. Y algo más grave: la sensación de angustia puede crecer y deteriorar otras áreas de nuestra existencia.
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Hay una sensación de insatisfacción generalizada en muchos de nuestros entornos. Por alguna razón percibimos extrañeza de nosotros mismos, tanto de lo que hacemos como de lo que hemos alcanzado hasta el momento.

Intuimos que debemos darle un giro de 180 grados a la vida, pero no sabemos cómo hacerlo.

La verdad es que todos, en ciertos momentos, pasamos por etapas en las que sentimos un alto grado de inconformidad que no sabemos cómo definir.

Algunos identifican esas instancias como ‘densas nieblas’ que le restan belleza a nuestro alrededor; otros las señalan como ‘fases de vacío’ que nos hacen perder el rumbo y nos dejan sin energía ni motivación. Y tal vez el tema se ha acrecentado en medio de la dura ‘cuarentena’ que nos ha tocado asumir.

Tal problemática es de cuidado porque se trata de una sensación que puede herir nuestra alma y refundirnos en la confusión, si no sabemos manejarla.

Y lo menciono porque, tal vez sin siquiera notarlo, hemos desarrollado una perspectiva negativa de nuestra realidad y nos hemos embadurnado de ella hasta los tuétanos.

Insisto en decir que esto es grave porque, en cierta medida, nos estamos acostumbrando a vernos muy indefensos y desesperanzados.

No podemos seguir sintiéndonos mal todo el tiempo porque, de manera literal, eso no es vida; hay que procurar sonreír y salir de ese agujero.

A usted, a mí y a todos nos corresponde dedicarle un buen tiempo a la autoreflexión, sin que por ello nos tengamos que quedar sumergidos en las angustias existenciales.

La idea, eso sí, es identificar cuáles son las razones reales de semejantes grados de desaliento.

Es cierto que las difíciles situaciones que hemos afrontado nos han contagiado de pensamientos y de pesares desbordados.

Pero, más allá de echarle la culpa a la emergencia sanitaria que afrontamos, considero fundamental entender qué es lo que nos pasa.

La desmotivación que experimentamos tiene una razón de ser. Debemos examinarnos, revisar en lo más profundo de nuestra esencia y encontrar los motivos que nos están haciendo sentir ‘bajos de nota’.

Puede ser que nos estemos dejando llevar por una inusitada ola de incertidumbre, de esas que por temporadas arrasan con todo. También es probable que nos estemos estancando en rutinas e ideas necias o, de pronto, la vida nos está colocando piedritas en el zapato para que procuremos enderezar el rumbo.

Puede ser que necesitemos reestructurar nuestros proyectos de vida, para que podamos visualizar algo motivador en medio de nuestras cotidianidades.

Lo cierto del caso es que hay que combatir tanta negatividad que se respira en el ambiente. Si insistimos en seguir abatidos, no podremos identificar lo que realmente sucede con nuestras vidas.

Ojo: No se trata de tener mundos perfectos, ni tampoco de estar al 100 por ciento. Lo esencial es aprovechar nuestro potencial y no permitir que estas percepciones de abatimiento les pongan frenos a la plenitud y a la salud emocional.

No siempre tenemos todas las herramientas que necesitamos para solucionar los problemas, pero sí es claro que depende de nosotros el sacudirnos de esa ‘modorra’ existencial.

¡La vida es muy bella! No obstante, ella está llena de retos y de problemas que necesitan ser superados y resueltos

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Durante los últimos meses experimento la fea sensación de pensar que mi vida no tiene sentido y hasta he perdido la capacidad de disfrutar las cosas de mi entorno. Me volví muy negativo porque no les veo salida a mis problemas, ni tengo fuerzas para hacerle frente a situaciones que antes dominaba con naturalidad. No sé si será que acabo de cumplir 55 abriles y, por ende, los problemas me tomaron entrado en años. Quisiera uno de sus consejos”.

Debemos averiguar qué es lo que nos pasa

Respuesta: Si no disfruta las cosas de su entorno, haga algo para mejorarlo. ¡Reaccione... no toque fondo con ese desaliento!

Debe asumir las riendas de lo que le pasa para controlar ese grado de desesperanza que percibo entre las líneas de su carta.

Le urge apartar de su mente todos los pensamientos grises, de tal forma que no alimente esa angustia que lo invade.

Tenga claro que dentro de usted yace una capacidad inagotable de superarse y de sobreponerse a las circunstancias, por más difíciles que ellas sean.

Solo es cuestión de apostarle a la resiliencia para sacar su fuerza interior y ‘poner las cosas en contra a favor’.

Tener 55 abriles no es estar “entrado en años”, tal y como usted mismo lo escribe y aún hay mucha vida por delante. Debe reinventarse y no dejar que la desazón invada su estado de ánimo.

Yo le puedo dar muchos consejos prácticos, tales como: reencontrarse con las cosas que disfrutaba antes de todo esto; descansar; alimentarse bien; rodearse solo de aquellas personas que de verdad le hacen sentir bien y que pueden aliviar su pena con solo escucharlo y estar allí; y, por supuesto, elevar unas plegarias al cielo para que encuentre paz en su alma. Sin embargo, si no tiene fuerza de voluntad y no enfrenta las situaciones le será muy difícil reponerse.

Le recalco que no debe pensar que lo que le pasa es un asunto de su edad, pues nunca es tarde para alcanzar los sueños.

Es mi deber decirle que si esa sensación de desaliento por la vida se le recrudece y definitivamente no sabe cómo hacer frente a los problemas, será clave buscar a un sicólogo para iniciar la terapia adecuada. Se lo sugiero porque un terapeuta experimentado puede plantearle estrategias clínicas que le permitan salir de ese atolladero anímico. ¡Dios lo bendiga!

CORTAS REFLEXIONES

Debemos averiguar qué es lo que nos pasa

* Todos poseemos el control sobre nuestras vidas; así que debemos poner de nuestra parte para cambiar lo que no nos gusta. ¡Subamos los escalones! Si insistimos en quedarnos en las lamentaciones jamás transformaremos el mundo.

* Tenemos que conocernos a nosotros mismos. Para ello hay que hacer un recorrido por el interior y entender por qué estamos como estamos. ¡Seamos conscientes de lo que somos y de lo que podemos aportar a los demás!

* Algunos creen que ser espiritual es rezar: ¡No hay tal! La espiritualidad no se trata de repetir palabras como ‘lora borracha’; ella es un asunto de intimidad del alma. Es decir, no se trata de retórica, es un tema de conexión con Dios.

* Es fundamental tener dinero y sería tonto pensar lo contrario; sin embargo, la plata no es el centro de la vida. Las personas que le ponen demasiado ‘la lupa’ al asunto presupuestal o a lo material tienen dificultades para estar satisfechas.

* No busque quedar bien con los demás, usted no necesita ser aceptado por los demás para saber que puede triunfar. Eso sí, trabaje por sus sueños y tenga la certeza de que su arduo trabajo es lo que lo impulsará a lograr sus nobles propósitos.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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