sábado 04 de julio de 2020 - 12:00 AM

Debemos decidir cuál camino tomar

Los antídotos para las crisis son los cambios profundos, pero ellos no tienen por qué ser negativos; todo lo contrario, son oportunidades de crecimiento.
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Estamos tan afectados con el caos que ha generado la pandemia, que no nos hemos dado cuenta de que esta emergencia es una época trascendental en nuestra vida y que no necesariamente ella tiene que ser negativa.

Si bien hemos sufrido bastante y con seguridad necesitaremos de bastante tiempo para restaurar las heridas, hay que interpretar las señales que nos está dando la vida misma.

Hay dos opciones en el camino: seguir apesadumbrados o levantar la frente y encarar lo que viene.

Pienso que las actuales circunstancias sólo nos están recordando que no podemos seguir postergando los retos y que debemos aprovechar las opciones de cambio que llegaron con el COVID-19.

No podemos negar que hay crisis, pero también esa palabra nos exige una revisión profunda y una redirección.

De igual forma siempre hay que contemplar otros ángulos que, si los analizamos bien, están llenos de valiosas perspectivas.

Cuando la vida nos hace estrellar de frente contra la dura realidad, tal y como nos ocurre en estos tiempos, siempre será un buen ejercicio ‘soñar con los pies en la tierra y no perder la esperanza.

Avivar esa llama nos permitirá descubrir otras alternativas de acción, nuevas metas y sanos propósitos para darle sentido a nuestra existencia.

Hay que tener la certeza de que el universo está permanentemente dispuesto a llenarnos de buenos momentos y de favorables trayectos, siempre y cuando trabajemos por ellos.

Nadie mejor que nosotros para saber qué necesitamos y nada como nuestra propia fuerza de voluntad para encender el motor que nos llevará hacia adelante.

En este proceso también será clave olvidarnos de amarguras y de rencores y, sobre todo, será fundamental que abandonemos nuestras permanentes preocupaciones. Es mejor darnos tiempo para mirar la vida de una manera más alentadora.

Nos urge cerrar esos ciclos viejos de tristeza, de melancolía y de quejaderas. Si no vencemos nuestros temores ni soltamos todas esas ‘taras’, estaremos condenados a estar parados en una rutina cotidiana sin mayores alicientes y peor aún viendo pasar las oportunidades frente a nosotros sin mover ni un solo dedo.

Si insistimos en percibir nuestro entorno como un lugar lleno de amenazas, nos entregaremos a la desazón.

Tomemos las cosas con calma, actuemos con constancia y procuremos hacer las cosas lo más correcto posible.

Si logramos superar este momento, mañana podremos decir que la pandemia nos hizo comprobar que somos más fuertes de lo que creíamos y que descubrimos habilidades que no sabíamos que poseíamos.

¡Tengamos fe! Todos atravesamos por la misma situación, pero no estamos solos en esto, Dios nos acompaña y Él nos ofrece su Santa Bendición. Amén.

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