martes 07 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Debilidad del cuerpo, debilidad del alma

Si usted no se compromete a levantar su estado de ánimo, cada día que pase se sentirá más agotado. Debe tener la capacidad humana de experimentar emociones y afectos. ¡Comprenda que los problemas tienen solución!

Regálese cinco minutos para contestar estas dos preguntas: ¿Ha estado ansioso últimamente? ¿Se ha vuelto susceptible por todo lo que le pasa?

Estoy seguro de que en algunas ocasiones de su cotidianidad se ha sentido así.

¡Usted no es el único!

Ya es normal encontrar en el trabajo o incluso en el mismo hogar personas que pierden el buen genio con facilidad o que se la pasan diciendo que ‘el dinero no alcanza’, que ‘no hay tiempo para nada’ y que, en general, están hastiadas con sus vidas.

Si es una de ellas, deje de llevar esas carga pesada sobre sus hombros.

El resentimiento, la amargura y la frustración le hacen más daño del que usted podría imaginar.

Cuando se deja conducir por las vicisitudes, se le hincha el pecho de soberbia ante el inconveniente más insignificante; y así tenga un buen trabajo siempre irá a su despacho de mala gana.

No le eche la culpa al estrés ni piense que se convirtió en un maníaco depresivo. Tampoco fue que le dio la famosa ‘angustia existencial’, tan de moda en estos días.

Lo que ocurre es que su organismo está agotado del ritmo de vida que lleva, de la falta de motivación y de las pocas oportunidades.

Eso, tal vez sin siquiera sospecharlo, se da porque usted ha ido acumulando frustraciones, decepciones y fracasos; e incluso no ha sido capaz de enfrentar una de las peores enfermedades de estos tiempos: el aburrimiento.

Lo más preocupante es que, sin darse cuenta, está comenzando todos los días de su vida abatido, abstraído y acartonado.

Tal vez no se vea postrado en una cama o tomando medicamentos, pero es probable que al final de una jornada se funda más rápido que cualquier convaleciente de un hospital.

¡Ojo! El agotamiento de su vida lo puede convertir en un ser muy débil y más vulnerable de lo normal.

La debilidad del cuerpo fomenta la debilidad del alma y ésta, a su vez, termina por arruinar su motivación.

El párrafo anterior, más que una reflexión o un juego de palabras, es una realidad que golpea con frecuencia a muchos ciudadanos.

De hecho, las tensiones que presenta el mundo actual han llegado a convertir a las enfermedades de la mente en el problema de sanidad Nº 1.

Los signos del agotamiento no se pueden ocultar y a ninguna de las personas que lo rodean a usted, ni a su mamá, ni a su jefe, ni a su novio, ni a sus amigos les gusta sentirse al lado de alguien cansado.

¿Por qué?

Porque eso daña las relaciones con los demás y los contagia de pesimismo.

Revise muy bien su vida y reflexione sobre lo siguiente: ¿Tiene exceso de trabajo en la oficina? ¿Vive inmerso en tensiones familiares? ¿Las deudas lo tienen asfixiado?

No puede dejarse absorber de las angustias, porque ellas terminarán agotándolo aún más.

Además usted podría ser víctima de episodios de depresión, mal genio, irascibilidad e incluso enfermedades cardiacas.

La salud mental se entiende como el ajuste de una persona a sí misma y al mundo con el máximo de efectividad, satisfacción, regocijo y aceptación social. También es la capacidad de afrontar y aceptar las responsabilidades de la vida.

¿Qué hacer?

Ojo: La clave no está en adelantar las vacaciones o en echarse todo el día a la cama. Eso sería como postergar las crisis o congelarlas, pues al regresar al trabajo volverían a despertar sus angustias.

Tampoco la idea es huir. Eso lo único que lograría es llevar su carga al hombro y esté donde esté seguirá igual.

Tiene que ser capaz de amar y de trabajar con agrado.

No se tome la vida de una forma tan cuadriculada o rigurosa y debe aprender a divertirse sanamente.

La automotivación es otro mecanismo certero y de defensa. Ella es una estrategia de protección inconsciente que la mente emplea, entre otras cosas, para aliviar las tensiones que le provocan los conflictos y las frustraciones.

Por eso siempre he sostenido que la gente debe ser optimista y reír, pues con una sonrisa una persona libera sus cargas y descansa.

¡Dios lo bendiga!

El caso de hoy

Las inquietudes asaltan con frecuencia al estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio

“El reloj de mis días es muy aburrido. Mi rutina está llena de cosas sin sabor y, de alguna forma, me voy dejando llevar de ese desgano en mi casa, así como en mi vida social, laboral y afectiva. Acabo de cumplir 32 años y no sé por qué me siento de esta forma. ¿Qué debo hacer para mantener en alto mis energías, tanto las físicas como las mentales? Se lo pregunto porque el hastío es cada día más fuerte. Deme un consejo para que mis 24 horas sean más llevaderas”.

Respuesta

¿Tiene 32 años y se siente así de mal? ¡No puede ser! ¡Por favor, usted tiene todo el tiempo del mundo para recomponer su vida y para ser feliz!

La mejor manera de mantener muy en alto sus energías físicas y mentales, así como su buen talante personal, consiste en salirse de esa aburridora rutina en la que ha caído.

Por lo que puedo detectar al leer las líneas que me escribe, el fastidio en el que vive amenaza con invadir todas sus actividades.

Si en vez de dejarse vencer por el aburrimiento les imprime todo el amor y el entusiasmo posible a las actividades que le corresponde realizar, descubrirá que ello redundará en buenos logros para su futuro.

¿Qué le quiero decir?

Que es fundamental conservar el equilibrio energético y anímico para realizar con éxito todos sus planes y proyectos.

Es obvio que algo pasa a su alrededor. Como no es muy preciso en su carta, le sugiero que con lápiz y papel en mano haga una lista de las razones por las que hoy está así de aburrido. ¿Qué es lo que lo tienen tan bajo de nota? ¿Acaso lleva una gran carga de tensión o de ansiedad? ¿Tal vez el letargo obedece a alguna frustración?

Las respuestas a esos interrogantes serán fundamentales para recuperar la chispa de su vida.

Me parece que existen situaciones que usted no me expresa en su carta y que lo han arrojado a ese feo estado.

La volubilidad del alma y del corazón humano hace que algo, que en principio fue novedoso o al menos satisfactorio para su corazón, hoy le resulte aburrido.

Deje que la calidad de su espíritu brille, de tal forma que la luz de la verdad sea la que guíe todos sus pasos.

Sea lo más sincero posible con usted mismo y reconozca sus propios errores.

Eso le ayudará a lograr la paz interior y la fe en sus propias capacidades y potencialidades.

Permítame reiterarle que teniendo 32 años sería imperdonable insistir en seguir aburrido.

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