jueves 04 de agosto de 2022 - 12:00 AM

‘Decrete’ su propio estado de felicidad

Nos la pasamos anhelando ser felices y, a decir verdad, le apostamos a cumplir tal propósito. No obstante, tenemos la fea costumbre de aplazar esta misión y, sin explicación alguna, nos quedamos con los brazos cruzados.

Pese a que nos decimos a nosotros mismos que podemos alcanzar ese noble estado y que tenemos derecho a disfrutar de él, al final no movemos ni un solo dedo para estar bien y, de manera literal, nos quedamos esperando que tal gracia nos llueva del cielo.

Los problemas, las angustias y en general los mismos acontecimientos cotidianos nos distraen tanto, que optamos por aplazar las acciones que nos conduzcan a lo que realmente nos hace sentirnos plenos.

¿Por qué nos pasa eso?

Lo que sucede es que no nos arriesgamos y vivimos con una insulsa expectativa del registro de una circunstancia concreta o específica para actuar.

¿Qué trato de decir?

Que en ocasiones justificamos necios argumentos para no movernos y pretendemos que todo se nos dé como si fuera por arte de magia. Es decir, olvidamos ponernos manos a la obra.

Dicha prolongación o espera, que nosotros mismos justificamos con el absurdo argumento de que no tenemos tiempo o de que no somos ‘de buenas’, termina por alejarnos de lo que tanto anhelamos.

Por otro lado, solemos dedicar horas enteras a ‘perseguir’ la felicidad afuera, sin notar que ella está dentro de nosotros. No hay que buscarla, es cuestión solo de darse cuenta de ella y disfrutarla.

¿Cómo hacerlo?

Debemos gozar de las cosas simples y vivir de una manera sencilla, sin pretender ser más de lo que somos.

Deberíamos reducir nuestras pretensiones ilusas. De igual forma, tendríamos que minimizar las duras obligaciones y demás cargas injustificadas.

Basta con deshacernos de las cosas innecesarias y no complicarnos con nada. Nuestro mundo está lleno de ‘armarios’; mejor dicho, de cosas y circunstancias que no requerimos y que nos hacen ‘bulto’.

Nos corresponde, eso sí, establecer nuestras prioridades y optar por esas decisiones que podrían despejarnos el trayecto.

Los instantes felices no tienen nombre ni edad, ni menos una fecha de vencimiento. No nos angustiemos porque se pasen los días; es mejor disfrutar el hoy, más allá de los problemas y del ‘tic tac’ del reloj. Si no recapacitamos sobre esto, vagaremos como en un barco sin rumbo.

Si nos arriesgamos a ser felices, a dar el giro y con plena conciencia trabajamos por nuestras causas, entenderemos que estamos aquí para cumplir un propósito, y que precisamente ese camino es el que nos hará realmente felices. ¡Dios nos bendiga!

‘Decrete’ su propio estado de felicidad

REFLEXIONES CORTAS

* Siempre tenga los pies sobre la tierra, eleve la mirada al cielo y permita que Jesús entre en su corazón. Jamás se canse de pedirle a Él que le aclare el camino, que le marque la estrella que lo conduzca rumbo hacia sus metas y, sobre todo, que lo bendiga en cada cosa que emprenda.

‘Decrete’ su propio estado de felicidad

* No siempre recibe lo que da, pero no por eso deje de ayudar. Servir a los más necesitados e invertir en la gente son estrategias claves para acceder a las miles de bendiciones que nos ofrece la vida misma. Tenga en cuenta que, cuando le da la mano a alguien se la da a usted mismo.

* El pasado puede ‘pinchar’ y envenenarlo como el aguijón de un escorpión, que hiere desde su espalda. No entiendo porque algunos tienen esa increíble facilidad para estar todo el día reviviendo los acontecimientos ocurridos en otra época. ¡Córtele la cola al ‘escorpión’ de su pasado!

* Su vida es más linda cuando no trata de controlarla y deja de seguir un libreto; a veces es mejor permitir que cada día vaya disfrutando su momento y que la vida lo sorprenda. Haga lo que esté al alcance de sus manos, lo demás déjelo en las manos de Dios.

LA INQUIETUD DEL DÍA

‘Decrete’ su propio estado de felicidad

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Le parecerá extraño que a mi edad, 45 años, le diga que no sé qué hacer con mi mundo. Me siento perdido y no sé por qué no encuentro la brújula que me indique el camino a seguir. Esto me parece muy grave, porque he perdido el rumbo y estoy lleno de dudas. Aquí entre nos, le digo que me surgen muchos miedos. Deme uno de sus consejos. Gracias”.

Respuesta: Aunque no lo crea, lo entiendo. Sé que hay muchas personas que, como usted, se sienten así. En general a todos nos surgen dudas, no importa la edad que tengamos y obviamente podemos sentirnos inseguros ante determinadas situaciones.

Le confieso que yo mismo he pasado por esas etapas en las que, por más que me preguntaba, no sabía qué iba a hacer con mi vida o con la difícil situación por la que atravesaba.

Sin embargo, hoy le cuento que cada vez que me siento así, además de elevarle una plegaria al cielo para que me aclare el camino, también entiendo que debo poner los pies sobre la tierra y, por ende, me corresponde visualizar una perspectiva esperanzadora.

Aunque no me da mayores detalles de lo que hoy está viviendo, podría decirle que tal vez no está perdido; de pronto solo está un poco confundido. ¡Necesita reordenar sus ideas y hacer radiografías!

Ojo: los miedos y esos estados de indecisión, si es resiliente, pueden ser buenos consejeros. Lo menciono porque al sentirse así, tal y como me lo expresa en su carta, usted mismo puede hacer una evaluación y valorar las opciones que tiene con detenimiento. Lo importante es que, en cierta medida, se mire frente al espejo, evalúe con serenidad por qué llegó a ese estado y descifre qué es lo que lo frena. Si lo hace, podrá salir victorioso de todo esto, reforzará el ánimo y se rehará a usted mismo.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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