martes 05 de enero de 2021 - 12:00 AM

Dejemos de darles tantas vueltas a los problemas

Eso de vivir pensando en situaciones hipotéticas hace que les demos demasiadas vueltas a nuestros problemas y nos ahoguemos con ellos. Está claro que esa tendencia obsesiva es una ‘pandemia’ que, sin quererlo, nos puede hacer demasiado daño.
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Una de las cosas que más nos arruina la vida es la pensadera ‘en todo y a toda hora’. Casi siempre y sin siquiera notarlo, les damos ‘vueltas y más vueltas’ a las cosas y nos ahogamos en un remolino de ideas negativas.

Muchos de nosotros, tras los problemas que afrontamos, nos dejamos llevar por ese frenesí mental y emocional que solo logra desestabilizarnos y nos hunde en la desesperación.

Es por eso que muchos caemos en la irritabilidad, en la ansiedad y sobre todo en la depresión, sin contar que tantos pensamientos no nos dejan dormir.

Los sicólogos sostienen que el 90% de los adultos nos la pasamos demasiado tiempo ‘rumiando’ pensamientos obsesivos y que solo un 10% ha aprendido a dominar sus mentes para darles el debido orden y sacar las mejores reflexiones.

Es preciso combatir tales estados y sobre todo hay que impedir que nosotros mismos arruinemos nuestra paz.

Si dejamos entrar cualquier ‘pendejada’ a la cabeza, se nos estropeará la paz interior y jamás podremos despejar el horizonte.

Si bien no hay que relajarse al punto de convertirnos en unos irresponsables, está comprobado que remover tanto los pensamientos, escudriñarlos u obsesionarnos con ellos no es saludable.

Siempre que vivimos atosigándonos con todo lo que tenemos que hacer terminamos embolatándonos más.

Si a lo anterior le sumamos que el 80% de las cosas que pensamos son negativas, obviamente nos alejamos cada vez más de la soluciones a nuestros problemas.

Es bueno reflexionar sobre lo que nos atormenta, pero sin distorsionar la realidad ni mucho menos embadurnarla con el pesimismo.

¿Cómo evitar ese ‘parloteo’ que tanto nos atormenta la mente?

Lo primero que debemos hacer es detectar en qué momento nuestros pensamientos ‘se nos están yendo por las ramas’.

Ojo a este otro dato: si por alguna razón pensamos más de cinco escenarios hipotéticos de una situación, esa es una señal de que nos estamos enfrascando con el tema.

Así como hemos aprendido a tomar la debida distancia entre las personas por la pandemia, también nos corresponde ponerles límites a los pensamientos.

Para ello es preciso que tratemos de vivir los momentos y las circunstancias de la vida con la mayor naturalidad posible. Es algo así como tomarse un tiempo prudencial para cada cosa, sin que por ello nos olvidemos de resolver nuestros asuntos.

La idea es no permitir que esos pensamientos intrusos y fastidiosos nos roben los momentos de paz, de sueño, de estudio, de diversión, de trabajo, de vida social y familiar, en fin...

Si enseñamos a nuestro cerebro a no reproducir escenarios fatalistas, sin lugar a dudas disfrutaremos más la vida y, sobre todo, nuestra actitud hacia ella mejorará.

La meditación también puede ayudarnos a descongestionar nuestra mente, aunque para ello necesitaremos un poco de asesoría, de práctica y de paciencia.

Otra forma que al menos en mi caso me ha ayudado a contrarrestar la fuerza que tienen los pensamientos atosigadores, consiste en recurrir a la técnica de la oración.

La plegaria es un bálsamo que refresca cualquier momento y, mejor aún, despeja la mente de las ideas truculentas que suelen bombardearnos.

En síntesis: no combatamos los problemas con tanta pensadera, dejemos que todo fluya como si viéramos pasar una tormenta.

REFLEXIONES CORTAS

* Aunque el mundo ‘nos traiga de cabeza’, debemos ver la vida con una sonrisa a flor de labios. Emprendamos este nuevo año 2021 con optimismo, entusiasmo y mucha fe en Dios.

* Si su corazón no está tranquilo y algo lo aflige, eleve una plegaria al cielo. Cuéntele a Dios a través de su oración qué hay en su corazón, pues Él lo iluminará.

* Dicen que las manos son extensiones del corazón: si están empuñadas, demuestran el odio y el rencor que hay por dentro; pero si están abiertas, significan que estamos dispuestos a dar y a recibir con amor.

* Muchos de nosotros exploramos la espiritualidad a nuestra manera. La búsqueda de ella es muy individual, pues cada quien debe hacer la tarea de encontrar su verdadera misión o su propósito para caminar por la vida en paz y con la Bendición del Altísimo.

* Dese la oportunidad de conocer a todas las personas que le rodean. Y si bien no tiene por qué compartir sus ideas, sí debe respetarlas. Eso le hará más fácil la convivencia.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Anímese a escribirnos sus inquietudes: pueden ser unas cortas frases en las que nos diga qué aflige su estado de ánimo. La idea no es solo que se desahogue, sino que pueda compartir con nosotros unas sanas estrategias para recomponer su espíritu. El objetivo es claro: que pueda mitigar los efectos de esas solitarias angustias por las que pasa su vida en la actualidad. Envíe su testimonio al correo eardila@vanguardia.com y en esta columna Euclides Kilô Ardila le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Paso por muchas angustias y ellas me tienen desanimado y frustrado. Me siento solo y no sé qué hacer. Hay cosas que se me escapan de las manos y me siento impotente y con el alma bien arrugada. Además, el mal entorno que me rodea con la pandemia me deja más pesimista que de costumbre. ¿Por qué debo afrontar todo ese sufrimiento e incertidumbre? ¡Aconséjeme por favor!”.

Respuesta: Las angustias terminan enfermándonos el alma, pero no por eso debe resignarse a sufrir. ¡Tiene que animarse sí o sí! Usted puede sentirse “frustrado e impotente”, pero puede salir adelante con entereza.

Por muy oscura que sea la noche, al fin amanece y, de todas formas, en las tinieblas o en la claridad Dios lo acompaña.

Ojo: sentirse ‘bajo de nota’ no es que sea un delito. Lo grave es no hacer algo para salir de esa situación de derrota permanente. Mejor dicho: no pierda tiempo, deje de vivir acongojado por lo que le ocurre y busque desde ya salidas a ese atolladero.

Es usted quien elige en cuál estado quiere estar y toma la decisión de seguir siendo pesimista u opta por ser propositivo. ¡Claro! También puede ser otoño o primavera; es solo cuestión de decidir qué quiere hacer con lo que le pasa: reír, llorar, quedarse callado o ‘mover cielo y tierra’ para que su presente tenga otro semblante.

Puedo entender que, dada la incertidumbre que nos asfixia a todos por la pandemia, la naturaleza caótica de la atmósfera de su vida haga que los pronósticos de su futuro no se vean del todo halagüeños. Sin embargo, usted mismo puede influenciarse con una alta dosis de resiliencia.

¡Enfrentar las cosas siempre será bueno! Insisto en decirle que si no está en sus manos cambiar una situación, ya sea porque es irremediable u otra razón, siempre podrá escoger la actitud con la que afronte ese sufrimiento.

No culpe tanto a las circunstancias y mejor decida solucionar cada una de las situaciones que tiene para que, de alguna forma, salga de ese embrollo. Recuerde que solo triunfa en el mundo quien se levanta y supera las crisis. Le corresponde saber sobrellevar sus actuales problemáticas.

Le conviene dejar de aburrirse por todo lo que le ocurre, el lamentarse no resuelve su situación. Además, si usted asume el camino de la resignación cada día verá más gris el día.

De ahora en adelante, cuando crea que usted no es capaz de salir adelante, lo mejor será buscar la mejor opción y la más efectiva receta que doctor alguno le podrá recomendar: Dios.

¡Ánimo y recuerde que hay mucha vida por vivir!

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