jueves 02 de julio de 2020 - 12:00 AM

¡Desahóguese y libérese!

Acumular rencores, amarguras o frustraciones es perjudicial para su salud. ¡Libérese de todas esas energías negativas!
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Es muy importante que nos desahoguemos, pero sin hundirnos en el ‘mar de las quejas’ o de las amarguras.

Cuando decidimos sacar todo lo que nos aflige, de alguna forma aliviamos las tensiones y sobre todo permitimos que las emociones negativas sean expulsadas de tajo.

Y si hay alguien que nos escuche, mejor. No alcanza a imaginar las palabras de agradecimiento que llegan a nuestros portales cada vez que respondemos algunas de las inquietudes del alma, esas que nos plantean nuestros lectores en estos tiempos de pandemia

Es bueno que hagamos más livianas las cargas y que podamos expresarnos sin pena alguna.

De manera desafortunada hay personas que optan por reprimir sus angustias, antes que manifestarlas.

Por no mostrarse supuestamente ‘débiles’ y pretender que eso les hace ver ‘fuertes’, a la postre se embadurnan de pesares. Todo eso les ocasiona más perjuicios a sus estados de ánimo.

¿Es su caso?

Tal vez le pueda parecer más fácil callarse y voltear la mirada a la realidad o intentar hacer como que nada pasa, sólo por olvidar lo duro que le ha resultado esta nueva cotidianidad.

¡Mucho cuidado! Intentar olvidar o no pensar en lo que realmente le ocurre, puede resultar más traumático.

Es posible que bajo esta ‘coraza’ que lo hace ver muy valiente no esté otra cosa más que la tristeza, el pesar por haber perdido algo, la frustración por el fracaso o la misma soledad.

¿A dónde voy con este tema?

Le estoy planteando una especie de catarsis emocional, en donde usted pueda aliviar las cargas o la pesadumbre que le ha aumentado durante estos duros tiempos del COVID-19.

No estoy sugiriendo que se deje llevar por la angustia existencial, sino que sea sincero con usted mismo.

¿Cómo hacerlo?

Las emociones pueden canalizarse de diversas formas. Llorar siempre es adecuado, pero tampoco quiero que comience a llorar como una Magdalena ni que empiece con el sonsonete de quejarse de todo lo que le pasa.

La idea es que busque un instante y un lugar en donde encontrarse con usted mismo, para reorganizar sus pensamientos.

La tarea propuesta consiste en verse ‘frente a frente’ con todo lo que lo saca de casillas, para decirse una cuantas verdades y permitir que todo esa rabia que ha venido acumulando salga de su cuerpo.

En el colegio un gran profesor me recomendaba hacer eso, que él llamaba como: ‘un diálogo con uno mismo’.

No es necesario gritar para desahogarse, ni mucho menos echarse a morir.

Conozco personas que cuando se sienten mal toman un papel y escriben lo que sienten; luego lo leen y así logran desintoxicarse. Y no es que se les solucionen los problemas, pero sí comienzan a ver su cotidianidad de una manera más llevadera o esperanzadora.

Anímese a soltar lo que le molesta y procure llevar este tiempo de pandemia de una manera más liviana.

Para hacerlo debe ir poco a poco ahondando en sus cosas y en lo que ha hecho para llegar al centro de sus propias emociones.

Pregúntese hoy: ¿Cómo se siente? ¿Qué ha ‘perdido’ o ‘ganado’ en este tiempo de aislamiento? ¿Ha cosechado más rabia o es simplemente un amargado eterno? ¿Qué hay detrás de esos sentimientos y de los sinsabores que ha experimentado durante estos tres largos meses de confinamiento?

Respóndase estos cuestionamientos ojalá en voz alta, no sólo porque es terapéutico sino porque puede encontrar opciones que no pensaba o que no se planteaba. Además, de esta forma usted se ve más transparente.

Hágame caso y desahóguese, verá que se quitará un gran peso de encima. ¡Dios lo bendiga!

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Me dan rabia los problemas que me ha traído la cuarentena y ‘tengo ganas de mandar todo a la porra’. Me exaspero porque no veo cómo puedo solucionar mi vida; además quiero pelear con todo el mundo. Hay cosas que no me gustan de lo que me está pasando y eso hace que me dé soberbia; al mismo tiempo paso por momentos de tristeza al ver lo que he perdido. Como quisiera que mi horizonte estuviera despejado. Ayúdeme. Muchas gracias”.

Respuesta: Existe una vieja fórmula, llena de gran sabiduría, que consiste en responder dos sencillas preguntas:

1ª - ¿Puede cambiar algo que no le gusta?, ¡Pues, cámbielo!

2ª - ¿No se puede cambiar esto? ¡No se amargue! Con darle puños a la pared no logrará derribarla; en cambio, su mano sí se va a lastimar. ¡Tenga calma!

Los médicos y los sicólogos coinciden al afirmar que las cargas negativas que acumulamos día tras día, sobre todo en esta complicada época del COVID-19, nos llenan de rabia, tristeza y depresión. ¡Al parecer, ese es su caso!

Quiero decirle que en todas las situaciones difíciles que ocurran en su vida, siempre será mejor esperar con cabeza fría, que desesperar a la ‘topa tolondra’. Una actitud de tranquilidad, sin que por eso se quede quieto como una estatua, facilitará que sus problemas se resuelvan.

Le conviene tener una gota de serenidad y hacer un balance de lo que le está ocurriendo para buscar salidas posibles.

No hay que desanimarse ante las dificultades ya que Dios siempre nos deja opciones en la vida para salir adelante, así la puerta que tengamos de primera mano tenga un candado.

Resulta lamentable y poco saludable que se haga daño con rabietas. No sea como el ‘fosforito’, que se enciende con nada. La rabia no deja cosas positivas. Además, con la soberbia no hay oportunidad de nada distinto a la de lastimarse usted mismo. Algo más grave: El rabioso hace sentir mal a quienes lo rodean.

Si pasa por episodios tristes, recuerde que también de las nubes negras cae agua limpia y fecundante. Además, que se sepa, la hora más larga no dura más de 60 minutos.

Debe expulsar las emociones, los sentimientos o los pensamientos que le están creando conflicto y malestar. Este ejercicio se puede aplicar no sólo en estos tiempos, sino en una amplia gama de situaciones, incluso desde nuestro día a día.

Si usted quiere que su futuro le ofrezca horizontes despejados, debe hacer lo que corresponda para que eso se le dé, pero con el mayor sosiego posible.

Pídale a Dios la sabiduría y la debida prudencia para actuar. Espero que pueda desenredar todo aquello que lo agobia.

REFLEXIONES CORTAS

* Si no puede ser el lápiz que escribe la felicidad de alguien, procure ser un buen borrador para eliminar su tristeza. Hay múltiples posibilidades de ofrecer ayuda en nuestra vida diaria. El problema es que no vemos o no queremos ver; además tenemos la idea de que para ayudar hay que hacer grandes cosas, pero no es así: un pequeño gesto puede hacer felices a los demás.

* En la vida se aprende, se crece, se descubre, se borra y se vuelve a escribir; también se hila, se deshila y se vuelve a hilar. El día que comprenda que lo único que se llevará es lo que vive, procurará ser realmente feliz.

* La oración no consiste en memorizar frases. Si por alguna razón siente que su vida de plegaria no va a ninguna parte, el mejor lugar al que puede recurrir es la Biblia. Por ejemplo, los Salmos son de los mayores tesoros cuando hablamos de oración personal. De hecho Jesús utilizaba esos escritos para rezar, tal y como lo hizo en el momento de la cruz. El Padrenuestro también contiene grandes bendiciones, sobre todo cuando decimos: “Santificado sea su nombre”.

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