martes 17 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

Digamos las cosas buenas de la gente

Alguna vez escuché que “quien es feliz no tiene tiempo para hablar mal de los demás”. ¡Eso es cierto! De igual forma, no hay nada más agotador que escuchar a una persona que critica a toda hora.
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Nuestros abuelos solían decir que “a todo aquel que escupe hacia arriba le cae la baba en la cara”.

¡Nada más cierto! La gente que habla de más ve como la saliva de su ‘mala vibra’ le llueve en su propio rostro.

Muchas veces ‘criticar y criticar’ solo dejan al descubierto las inseguridades de quienes se ensañan con los demás.

Ni usted ni yo, ni nadie en general tiene la verdad absoluta.

‘Rajar’ de todo el mundo hace que, de manera precisa, nos enfoquemos solo en lo negativo.

Hablar mal de los demás desgasta y, en muchas ocasiones, deja nuestra mente con un elevado nivel de devastación anímica.

Si le preguntáramos a los criticones cómo quedan después de ‘calumniar’ a la gente, seguramente responderían que perciben un nivel alto de descompensación. ¡Claro está que eso jamás lo van a confesar!

Sin embargo, no podemos seguir en ese desgaste.

Además, casi siempre ignoramos qué hay detrás de cada situación. Muchos critican solo porque sí y ni siquiera saben ni la mitad de lo que realmente pasa en el entorno.

¿A qué vengo con esta reflexión? A que hay que evitar ir por el camino sembrando espinas por doquier porque, en más de una ocasión, se podría regresar descalzo por ese mismo camino.

Y planteo este tema por la importancia de reprochar la excesiva arrogancia de algunos pues, quiéranlo o no, recibirán sus merecidos y les pagarán con las mismas monedas.

La envidia, la amargura y el pesimismo hacen que muchos arrojen cizañas por doquier. De manera desafortunada eso vemos en nuestra vida cotidiana. Solemos encontrarnos a diario con gente malintencionada que se la pasa atropellando a sus semejantes con sus brotes de petulancia y sus arrebatos de soberbia.

Son hábiles para esparcir sus venenos y, peor aún, tienen el poder de desestabilizar a todo lo que les rodea.

Esta es una invitación a descubrir las cosas maravillosas de la gente, en medio de la sencillez de la cotidianidad. Hay que dedicar más tiempo a mejorarnos a nosotros mismos y dejar de echarles el agua sucia a quienes nos rodean.

Tratemos de ser más tolerantes, disfrutemos nuestro día a día y dejemos vivir a los demás. Veamos lo bueno, sin desconocer que hay cosas por corregir. Hay grandes virtudes en nuestros semejantes y hay que apostarles a esas buenas personas.

Hay gente muy buena y cosas hermosas para compartir. Lo positivo debe motivarnos a seguir adelante.

Las noticias amables, esas que dan cuenta de los grandes ejemplos a seguir, deberían seguir siendo titulares de prensa.

En síntesis, en lugar de destilar veneno descubramos el lado hermoso de todas las personas con las que nos encontremos en el camino de la vida. ¡Dios nos bendiga!

¡CUÉNTEME SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia el estado de ánimo y golpean nuestra cotidianidad. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian? Hábleme de ellos para reflexionar en esta página. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Le cuento que he logrado muchas cosas en la vida. Sin embargo, por una extraña sensación que todavía no logro comprender me siento desorientado. Pese a que tengo varias situaciones resueltas, no sé cuáles decisiones nuevas tomar, ni tampoco sé hacia dónde debe continuar mi camino. ¿Cómo puedo engancharme de nuevo con mi vida y seguir adelante? Le advierto que acabo de cumplir 50 años y no sé si este tipo de incertidumbre sea normal a esta edad. Por favor, necesito su ayuda. Mil gracias”.

Respuesta: Usted mismo dice que ‘ha logrado muchas cosas en la vida’. Entonces, ¿Por qué no puede seguir cosechando éxitos?

No es que no sepa tomar decisiones nuevas; lo que le sucede es que, por alguna razón, está distraído.

Tal vez solo necesita escarbar un poco para sacar a la luz todos los grandes anhelos que le faltan por cumplir.

De pronto ha logrado tanto que terminó refugiado en una peligrosa ‘zona de confort’, la cual hoy no le permite mirar más allá de sus grandes logros.

Tal vez lo que hoy le rodea, por esa falsa comodidad, es tan fuerte como para no dejarlo pensar con claridad.

Siempre he creído que todos debemos sacar tiempo para hablarnos a nosotros mismos.

Le sugiero alejarse un tanto del medio en el que se encuentra; tal vez partir hacia algún lugar calmado en el que pueda escuchar lo que realmente quiere para usted. Es decir, es importante que saque tiempo para reflexionar al respecto.

Ahora es cuando más lo necesitas, y no me refiero solo a diez minutos, sino a todo el tiempo que necesite para establecer con claridad metas a seguir lejos de su ambiente habitual.

Tómese unas vacaciones y trate de estar totalmente aislado para pensar con serenidad.

Si quiere ore o simplemente lea un buen libro. En medio de esa calma fluirán sus pensamientos sin las presiones diarias.

Ahora bien, ¿Me dice que apenas tiene 50 años? ¡Qué bien!

Según un reconocido estudio científico, la verdadera felicidad comienza a los 50 años; es decir, está en el momento preciso para comprobar lo dicho en ese diagnóstico.

Me parece que conforme pasan los años es más factible que encuentre el bienestar y, mejor aún, puede seguir creciendo. ¡Tiene todo para triunfar y ser feliz!

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