martes 29 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Dios obra milagros en nuestra cotidianidad

A cada instante se producen milagros en nuestra cotidianidad, lo que pasa es que no todos se toman el trabajo de valorarlos o de reconocerlos.
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Muchos se la pasan lamentándose por la supuesta ‘tragedia’ que les toca vivir y, en ese orden de ideas, se olvidan de que Dios lo puede todo.

Si estas personas lograran vaciar sus mentes y corazones de tantas lamentaciones, entenderían que el solo hecho de estar vivas es un motivo para agradecer.

Las distracciones de quienes viven quejándose se interponen entre sus entornos y las obras de Dios. Es una lástima, porque si tuvieran fe podrían darse cuenta de lo milagrosa que es la vida.

Nadie puede dejar de reconocer el esplendor de cada día. La verdad es que Dios siempre nos deja ver detalles que, por muy sencillos que parezcan, hacen parte de la lluvia de bendiciones que Él nos da: respirar, ver el amanecer y hasta contemplar la ternura de un niño hacen parte de sus grandes obras.

Incluso cuando todo parece perdido, el Creador nos muestra la puerta que nos lleva al milagro de las nuevas oportunidades.

¡Ojo! El tema no es solo pedir y quedarse con los brazos cruzados. A todos nos corresponde ponernos manos a la obra y, al mismo tiempo, dejar que los dones del cielo nos lluevan en el tiempo de Dios.

Obviamente las obras de los milagros en nuestra cotidianidad se dan de acuerdo con nuestra fe y voluntad.

La reflexión de hoy le apuesta a mantener la decisión de perseverar, ser optimistas y ver la vida con unos lentes esperanzadores.

Si podemos bloquear nuestros pensamientos negativos o al menos orientarlos para bien, modificaríamos nuestro destino.

Dicho de otra forma, si somos capaces de flotar, aún después de haber naufragado, lograremos divisar el otro lado de la orilla o atravesar el ‘inmenso mar de problemas’ que nos corresponda afrontar.

¿Usted tiene fe?

Si quiere cambiar de verdad y ser una mejor persona tendrá que esforzarse. No hablo de ‘luchar’ por algo, sino de aprender a llevar a la realidad lo que piensa.

Lo digo porque el primer obstáculo que va a encontrar será usted mismo, que vive lleno de pensamientos derrotistas.

Si es fiel a los enunciados positivos que se traza y persevera, con el tiempo esa forma de pensar se convertirá en un sano hábito y, en el fondo, terminará por sentirse más a gusto con usted mismo.

Algo mejor: también tendrá una opinión más positiva del mundo y de su diario acontecer.

Tenga en cuenta que si quiere que el pensamiento positivo despliegue todo su poder y sea efectivo en su entorno, debe entrenarlo y, además, le corresponde creer que puede hacerlo.

¡Y es ahí donde surgen los milagros!

A eso yo le llamo fe, pero también sé que se trata de una fe viva, que se pone en práctica para realmente crecer en la vida.

Si llegó a esta parte del texto, lo invito a tomar un breve tiempo para elevar una oración al cielo, ofreciendo estas palabras a Dios, pues Él lo oirá.

La plegaria reza así:

Señor, le solicito fortaleza para sobrellevar mis angustias y valor para afrontarlas. Espero que me honre con la grandeza de su espíritu para salir adelante. Deme paciencia para comprender y saber esperar; además regáleme una gota de serenidad para aceptar las cosas que no pueda cambiar. Amén.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Mis proyectos no me resultaron como esperaba y eso me tiene bastante frustrado. No sé qué me pasó, pues siempre creí que podría lograr muchas cosas y al final me quedé sin nada. ¡Qué rabia tengo! Lo peor es que los fracasos me desencadenaron problemas y no encuentro una salida. ¿Qué hace usted cuando le pasa eso? Pienso que pude lograr mejores cosas y por mi estupidez estoy en el fondo. No supero esto y cada día me lleno de más recriminaciones”.

Respuesta: Todo lo que nos pasa, sin siquiera notarlo, tiene un propósito y no tiene que ser forzosamente algo “malo”. Es cierto que hay cosas que nos hacen tambalear, pero a la hora de la verdad son pruebas que debemos superar.

Yo sé que es complicado encontrar la salida a las vicisitudes. Y el tema es más grave cuando el laberinto de los obstáculos se convierte en un callejón sin salida. Pero, ha de saber que siempre hay una luz al final del túnel.

¿Sabe por qué las cosas no nos salen como esperamos?

Porque solemos perder el equilibrio entre lo que deseamos y la realidad. Naturalmente, al tropezar nos frustramos.

Cuando yo me siento así, trato de ponerle orden al caos en la medida de lo posible. También reviso las acciones que pudieron llevarme a los errores cometidos y trato de enmendar las faltas. También acepto y miro hacia el frente. Obviamente, en este proceso le pido a Dios que me ayude con su Misericordia.

No se quede en ese círculo vicioso de las lamentaciones por lo que no pudo ser. Tampoco exagere la situación porque, de esta forma, seguirá en un absurdo ‘berrinche’ que no lo conducirá a nada bueno y disminuirá su capacidad de reaccionar bien.

Mejor dicho, no podrá pensar correctamente si está distraído agobiándose. Lo ideal es enfocarse en hacer cosas que cambien su estado de ánimo, replantear la actitud que debe asumir ante el hecho y, por ende, desplegar una mejor vibra.

Le sugiero que revise sus expectativas, entre otras cosas, para que analice qué tan firme tiene los pies sobre la tierra. En este paso será preciso disponer de una gota de aceptación, sin que eso implique resignación.

¿Qué le quiero decir? Que aceptar significa dejar de luchar contra lo sucedido y visualizar mejores opciones.

Obvio que será fundamental recomponer los objetivos, diseñar una estrategia distinta y, sobre todo, concentrarse para no volver a tropezar.

Por otro lado, aprenda la lección que esta situación le dejó. Ignoro qué pudo haberle pasado con exactitud, pues usted no es muy explícito en su carta. Sin embargo, sé que cada persona aprende algo distinto de cada momento. Le envío un abrazo y recuerde que lo esperan mil bendiciones.

Moraleja: Lo peor que puede hacer cuando algo no le sale bien es maldecir o quedarse sentado o lleno de rabia. Por más que la cotidianidad nos enseñe una rutina, la vida nos invita a adaptarnos, a tomar decisiones, a asumir el reto de ser responsables, a mirar hacia el frente y, sobre todo, a valorar el momento presente. Y ahora, con la pandemia, todos debemos entender que adaptarse a lo nuevo implica una real transformación de la realidad. ¡No puede estar aburrido, porque la vida es bella!

REFLEXIONES BREVES

* El mundo no es de quien se levante más temprano, es de la persona que se despierte más feliz. Recuerde que cuando es fiel a usted mismo en lo que hace y mantiene el ánimo, le suceden cosas fascinantes.

* Fluya, sonría y deje libre su mente. Más de lo que Dios quiera no pasa.

* Cualquier género de música, siempre y cuando no sea estridente, limpia el alma del polvo de la vida cotidiana. No alcanza a imaginar la acción curativa que tienen algunas melodías. Ellas, sin exagerar, hacen que nos sintamos restaurados.

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