domingo 31 de julio de 2022 - 12:00 AM

Dios siempre debe estar en nuestro corazón

Todas las circunstancias que vivimos, tanto las positivas como las negativas, tienen una razón de ser y dejan una lección. Si tenemos fe en el Señor, en el debido momento, cada hecho que nos ocurra pasará para bien.

Usted, yo y todos debemos tener a Dios presente. Claro está que no debe ser una presencia teórica, debe ser genuina. Si es así, Él nos conducirá por el buen camino, nos dará sabiduría y nos fortalecerá a la hora de sobrellevar los problemas cotidianos.

Y no estoy hablando de manera precisa de asistir a Sagradas Eucaristías a toda hora, de solo elevar plegarias al cielo o de hacer ayunos. Hablo de agradecerle a Dios cada día lo que nos ha dado y prometerle a Él y a nosotros mismos que tendremos la entereza necesaria para afrontar nuestras situaciones complicadas.

Seguramente usted y los demás lectores me preguntarán: ¿Cómo podemos nosotros, personas modernas, profesionales, ocupadas y competitivas en cada una de nuestras ocupaciones, desplegar esa presencia genuina con Dios de la que hablo?

Les respondo que a medida que nuestra confianza en Él aumenta y nuestro corazón se abre. Si procuramos hacer su voluntad, podremos esperar las respuestas que nos ayudarán a comprender, en medio de nuestra apretada agenda, que sí podremos salirles al ruedo a las circunstancias diarias y, mejor aún, seremos capaces de vencerlas.

Más allá de las cosas que nos sucedan y que incluso nos encontremos en un tiempo de ansiedad, no podemos permitir que las angustias diarias nublen nuestra mente.

Sin importar las pérdidas, las heridas o los rechazos que hayamos sufrido, la gracia y la sanación que Él nos da son más poderosas.

En cambio, si no nos ponemos en su manos no logramos el autocontrol que requerimos y los miedos se amplifican hasta el extremo. Lo más grave es que sin Jesús quedamos inmersos en un círculo vicioso en el que los pensamientos se convierten en preocupaciones y viceversa.

¿Saben algo? El tener a Dios en el corazón se nota; el silencio tierno, las sonrisas gratuitas, la expresión que abraza, el gesto abierto a la solidaridad y la amabilidad son pruebas de ello.

Yo sé que muchas veces nos esforzamos, hacemos las cosas como se supone que debemos ejecutarlas, pero al final no obtenemos los resultados anhelados. Ojo: no es que Dios nos falle, es que no hemos fortalecido nuestra fe en Él.

Lo mejor que podemos hacer es cultivar la esperanza de tiempos mejores. Eso no implica que nos quedemos con los brazos cruzados; es preciso que pasemos de la palabra a la acción.

No hay secretos específicos para que algo nos salga bien, es solo cuestión de tomar los correctivos, prepararnos y lanzarnos al ruedo con la fe necesaria para alcanzar las metas. Los invito a confiar en Él. Todo saldrá bien, en el nombre de Jesús. Amén.

Dios siempre debe estar en nuestro corazón

REFLEXIONES CORTAS

* No deje que el mundo lo endurezca por lo que sucede, no permita que el dolor lo vuelva rencoroso y evite que la amargura le quite la paz. Si está en medio de un mal día, procure mantener la serenidad y la calidez de su alma. Más allá de lo que hoy experimente, mantenga intacta la flor de su nobleza.

* La Luna le enseña que a usted no le hace falta estar entero para brillar. Por más que haya perdido algo o a alguien, valore las otras cosas y personas buenas que existen en su entorno. Viva con buen ánimo, dé lo mejor de sí mismo, agradezca por estar vivo, regale sonrisas y ayude de manera desinteresada a los demás.

* Mucha gente pretende conseguir la felicidad mediante bienes superfluos o con cosas que poca trascendencia tienen en realidad. Le recomiendo darle una mano a quien lo necesite, ser una buena persona, no dejarse llevar por el abatimiento y, sobre todo, hacer el bien por doquier. Así accederá a la bendición de Dios.

Lea además: Dejemos los temores y avancemos

INQUIETUDES DE NUESTROS LECTORES

Dios siempre debe estar en nuestro corazón

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página de Espiritualidad. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Soy una mujer de 35 años y padezco una herida en el alma que me ocasioné yo misma y que no me deja vivir en paz. Es algo que se viene recrudeciendo con las épocas difíciles que afronto a mi alrededor. A veces intento hacer como si nada hubiera pasado, pero al final me enfrento a la cruda realidad del dolor. ¿Qué me aconseja? Le agradezco que atienda mi caso”.

Respuesta: Una herida del alma puede ser muy dolorosa; sin embargo, es importante hacer acopio de entereza para superarla.

Aunque no me da mayores detalles de qué es eso que no la deja tranquila, considero que el primer paso que debe dar es el de aceptar lo sucedido, ponerle la cara a la situación y aprender la lección.

Nada saca con pretender hacer como si nada; eso sería tanto como intentar tapar el sol con una mano. Tampoco se reproche nada ni viva pensando en lo que pudo hacer y no hizo. Eso no le va a aportar nada más que sufrimiento y lo hará protagonizar el rol de la víctima. ¡Perdónese y continúe hacia adelante!

Considere esta herida como un crecimiento y un aprendizaje de vida. Permítase estar tranquila, pero de igual forma reconozca la lección que todo esto le dejó.

El tiempo es el maestro en estas situaciones; así que poco a poco el panorama cambiará.

Finalmente quiero decirle que todo sana: su cuerpo, su corazón y las heridas del alma y de la mente. Usted, agobiada por lo sucedido, se reparará a sí misma porque las “épocas difíciles”, como usted las denomina, no duran para siempre.

Pídale a Dios serenidad y que le permita aclararle el camino para dejar atrás ese remordimiento del ayer.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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