jueves 22 de enero de 2009 - 10:00 AM

Dios, una ‘llave’ que abre puertas

Todos buscamos el éxito, la felicidad o aquel reconocimiento que a veces nos es esquivo. Algunos sólo quieren que las puertas de las oportunidades no se les queden trancadas.

Cuando anhelamos algo o pedimos un deseo, nos enfrentamos a cerraduras. Y como no podemos forzarlas, la clave está en encontrar esas llaves que nos permitan abrirlas.

Todos esos cerrojos que nos armamos en la mente, disponen de un fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica. Se trata de la voluntad de Dios.

Esa es la llave que permite abrir puertas. Es evidente que el mecanismo sólo se puede accionar mediante la fe, la cual nos da el ‘pase’ a las metas planeadas.

Aunque no lo crea, la llave de Dios puede asemejarse a esa pieza de metal, portátil y práctica. Ella encaja en la cerradura de la vida porque está ahí, muy cerca de su corazón.

Usted puede tener defectos, vivir ansioso y estar irritado algunas veces, pero lo que no puede olvidar es que  tiene al lado la llave celestial.

¡Claro! esa llave no es una que le abre una caja fuerte llena de millones de pesos. Ser feliz no es estar ‘tapado’ en dinero, tampoco es encontrase debajo de  un cielo sin tempestades o transitar por caminos sin accidentes.

Detrás de esa cerradura están otros botines: el de la fuerza del perdón, el de la esperanza en las batallas, el de la seguridad en el palco del miedo o el del amor verdadero.

No espere que la llave de Dios le abra el portón de los aplausos, hay que encontrar la alegría en el anonimato.

La esencia está en reconocer que vale la pena vivir, a pesar de todos los desafíos, incomprensiones y crisis.

No sea la víctima de los problemas, mejor encuentre la llave y vuélvase un actor de su propia historia.

Antes que encerrarse en sí mismo, toque puertas. Sin menos pensarlo,  Dios mismo se las abrirá.

Eso sí, agradézcale al Creador cada mañana por el milagro de la vida y, sobre todo, por ser su llave espiritual.

Bote la llave del chisme

Es evidente que cuando alguien habla mal de otra persona, se rebaja a la condición más indeseable a la que puede llegar su espíritu.

Y es que para decir, cualquiera dice; pero para hacer, sí hay que saber.

Si queremos hacer algo en la vida, no podemos prestarle atención a las docenas de voces que saltan a criticarnos. Botemos la llave de las habladurías.

Es como deternos a calificar los capullos malos que labra una sencilla oruga. Tales tejidos son sólo algunas de las cosas fallidas que este animal produce; pero no hay algo más dañino que una lengua afilada hablando mal de la simpática oruga.

El que le trae a usted un chisme de otro, más tarde llevará también un chisme suyo. La cadena irá de persona en persona causando daño y, al final, terminará ‘resquebrajando’ el espíritu de todos.

No guarde objetos viejos

Usted tiene el hábito de guardar objetos inútiles creyendo que algún día podrá precisar de ellos. Tiene la fea costumbre de juntar dinero sólo para no gastarlo, pues en el futuro podrá hacer falta.

Pero lo peor es que tiene el hábito de guardar broncas, resentimientos, tristezas y miedos.

Es preciso crear un espacio para que las cosas nuevas lleguen a su vida.

Es indispensable eliminar lo que es inútil para que la prosperidad venga.

Es la fuerza de ese vacío la que le atraerá todo lo que usted desea.

Mientras usted está material o emocionalmente cargando cosas viejas e inútiles, no habrá espacio abierto para nuevas oportunidades.

Los bienes precisan circular. Limpie los cajones, los placares, el cuarto del fondo y el garaje de lo que usted no usa más. La actitud de guardar un montón de cosas obsoletas amarra su vida.

Ojo: no son los objetos guardados los que estancan su vida, sino el significado de la actitud de guardar.

Cuando se guarda, se considera la posibilidad de falta, de carencia. Es creer que mañana podrá faltar, y usted no tendrá medios de atender sus necesidades. 

Con esa postura, usted está enviando dos mensajes a su cerebro: primero, que no confía en el mañana; y, segundo, que cree que lo nuevo y lo mejor no son para usted, ya que se alegra con guardar cosas ‘rancias’.

Si es de los que arruma llaves inservibles creyendo que algún momento las utilizará, échelas de su cofre. Confíe más en la llave de Dios.


Podemos ser felices aún cuando las circunstancias no sean las mejores porque, a final de cuentas, la felicidad es una llave, un estado o una condición del alma que se reconoce bendecida por Dios.

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