jueves 17 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

El amor brilla, por fortuna ahora nos queremos más

Hoy sabemos que el amor se fortalece y brilla más para hacerle frente a esta adversidad.
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Los duros momentos que hemos tenido que asumir en medio de este tiempo del COVID-19 han alterado nuestra vida en varias de sus dimensiones.

Esto obviamente ha incluido la forma en la que nos relacionamos con los demás. El instinto de protegernos de la enfermedad incluso está por encima de nuestras costumbres afectivas. La recomendación es clara: ‘cero contacto físico’.

Así las cosas, esta pandemia ha hecho que la manera en que les manifestamos cariño a nuestros seres queridos haya tenido que ‘modificarse’ provisionalmente.

Teniendo en cuenta que el aislamiento es la mejor fórmula para frenar el avance de este virus, nos hemos sentido obligados a mantener cierta distancia entre nuestros familiares.

¡Y eso ha sido muy duro! La verdad es que estamos tan cerca y al mismo tiempo tan lejos.

Lo menciono porque, si bien nos cobijamos con en el calor de nuestro propio hogar, estamos conminados a evitar los contactos de las caricias, los besos y los abrazos.

Hay que estar relativamente ‘separados’ de quienes amamos; hasta debemos evitar estrechar sus manos.

Sé que es difícil de asumir, pero entre más entendamos que es por nuestro bien, más fácil será adaptarnos a esta extraña situación.

Si vive con su pareja tiene la enorme fortuna de no hacer mayores cambios; pero si no vive con ella, deberá entender que existe un compromiso mayor, ya que ambos no solo tendrán que pensar en cada uno individualmente sino en las personas que más quieren.

En el entorno familiar se sobreentiende que esas demostraciones físicas de afecto quedarán ‘congeladas’ por un buen tiempo, sin que por ello debamos volvernos fríos.

Obvio tenemos la esperanza de que esto pase pronto y que la costumbre de amarnos, como en los viejos tiempos, regrese con la Bendición de Dios.

Pese a todo, creo que el amor ha ‘mutado’ para bien y al menos desde una perspectiva más optimista siento que hoy nos queremos más que ayer.

Durante estos días entendimos, más que nunca, que podemos amar con profundidad. Por eso les estamos dando a nuestras familias los puestos que ellas tienen en nuestros corazones.

Los hijos ya están más preocupados por sus padres; y por supuesto, los esposos hoy están más en sintonía con sus hogares.

Es curioso y al mismo tiempo conmovedor ver a nuestros abuelos utilizando las redes para escuchar las voces alentadoras de sus nietos, vía ‘on line’.

No nos volveremos fríos, al contrario, todo esto que nos está pasando nos ha ayudado a amarnos más. El COVID-19, de manera paradójica, nos está enseñando a valorar y a cuidar con esmero a nuestros parientes.

Lo mejor es que amamos con todas las fuerzas de nuestras almas, pues a pesar de la adversidad día a día el amor crece.

Y hay algo más: ya no se trata solo de estar pendiente de nuestros seres queridos y amigos, ahora nuestro amor se extiende a toda la humanidad.

¡Nos volvimos más solidarios!

Logramos comprender el concepto universal del amor.

Ahora vemos al vendedor ambulante con otros ojos; los domiciliarios y mensajeros ya son nuestros ‘parceros’; valoramos la labor que desempeña un recolector de basura; en cierta forma vivimos lo que padece un preso cuando está tras las rejas por un delito que no cometió; ya sabemos lo que se siente cuando alguien tiene que estar recluido en una clínica; nos hemos conectado con nuestros campesinos; y en general vemos que eso de amar al prójimo es un mandamiento de Dios esencial.

Pese a la cuarentena nos cobijamos en casa para no contagiar a otros y, sobre todo, para aliviar la carga de todos aquellos grandes médicos que trabajan en las clínicas, arriesgándose por todos y hasta dando sus vidas por nosotros.

Lo importante es entender que la vida nos está cambiando y no necesariamente para mal.

No podemos hacer nada para dar marcha atrás, pero sí podemos renovar nuestra actitud y aprender de todo esto.

Entre más nos aferremos al pasado, más duro y angustiante será el camino, así que de nada sirve lamentarnos y atormentarnos sin ningún sentido.

El amor es la mejor medicina y es el gran antídoto para sobrellevar estos tiempos.

¡Tranquilos! Aún nos falta mucho por vivir y una nueva vida está por comenzar.

¡Dios nos bendiga!

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