sábado 04 de julio de 2020 - 12:00 AM

El caso de hoy: Renuncié a un trabajo tenso, pero que era estable; ahora no sé cómo afrontar mi independencia.

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Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian actualmente? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:
Testimonio: “Hace poco renuncié a mi antiguo trabajo. Recuerdo que algunos conocidos me dijeron que dizque ‘estaba loco’ por hacerlo, ya que estaba en una empresa reconocida, con beneficios y un buen sueldo; sin embargo la presión y el estrés estaban acabando con mi vida en los aspectos físico y mental: no dormía bien y proyectaba los problemas laborales con la gente a mi alrededor hiriéndola. El tema es que ahora quiero seguir de independiente y aunque sé que tengo talentos, no sé cómo llevar esos dones que Dios me dio a un plano ocupacional. No sé qué hacer ni cómo salir adelante. ¿Me ofrece algún consejo? Gracias”.
Respuesta: ¿Renunciar o permanecer? ¡Esa es la pregunta del millón! En su caso es claro que ya se la respondió y que tomó la decisión de dimitir. Lo aplaudo porque primaron su tranquilidad, su salud mental y obviamente su paz interior.
No obstante, debe entender que cada decisión que tome en la vida tiene beneficios, riesgos y sacrificios que debe analizar.
Se lo digo porque la gente muchas veces actúa por impulsos y no pone sus ideas sobre la mesa antes de darle un cambio a su futuro. Algunos van por la vida estrellándose porque quieren que todo les salga como lo pensaron, o lo más chistoso, lo quieren todo al mismo tiempo y tal cual como lo imaginaron. No hay nada más tonto que eso, pues no tenemos el control al 100% de lo que pasa en nuestra vida; sin embargo, sí es clave la actitud que asumamos.
Antes de continuar tomando las decisiones que está materializado en estos momentos, le planteo que piense en qué es lo que realmente le gustaría tener en su vida y qué tanto está a su alcance el poder lograrlo.
Recuerde que estamos donde estamos sólo por nuestras decisiones, pero debemos ser realistas y ser responsables con nuestros actos si queremos buenos resultados y mejores destinos.
Debe tener presente que haber renunciado no implica dejar de luchar o quedarse en la casa con los brazos cruzados; es todo lo contrario, es la oportunidad perfecta para dedicar todas sus capacidades y recursos a los proyectos en los que tiene mayor potencial.
Lo que quiero darle a entender es que así como irse de su trabajo le implicó renunciar a ciertos beneficios y asumir riesgos y algunos sacrificios, lo mismo será con su vida de independiente: nuevos beneficios, nuevos retos y nuevos compromisos.
No podría aconsejarle con exactitud qué tarea debe emprender, porque todo depende de sus gustos, intereses y cualidades. Lo que sí puedo garantizarle es que mientras haga las cosas de corazón y sea persistente podrá triunfar.
La única persona que sabe qué le dará más bienestar y menos dolores de cabeza a su propia vida es usted mismo. Así que no debe consultarlo con nadie más sino con su propio corazón, mente y espíritu.
Le recomiendo que haga una lista de los ‘pros’ y los ‘contras’ de sus posibles proyectos para determinar fortalezas y debilidades; así tendrá más claramente en qué cosas nadará como pez en el agua y en cuáles será vital contar con una asesoría o una mano amiga.
Recuerde que entre más honesto sea con usted mismo menos sorpresas se llevará en el camino.
Ánimo que aquí estamos para aprender y ser mejores personas cada día.
Un abrazo y le envío mil bendiciones. ¡Vienen cosas buenas para usted!
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