martes 16 de julio de 2019 - 12:00 AM

El círculo vicioso del tedio laboral

La monotonía laboral es un enemigo silencioso y letal. La falta de dinamismo puede dejarnos atados de manos y de pies en nuestros puestos de trabajo y, de paso, menoscabando nuestras almas.

Estuve en un centro en donde las personas con enfermedades terminales son atendidas. Allí me agradó mucho el testimonio que dio una de ellas, justo cuando escuchó alguien que me acompañaba decir que ‘tenía pereza porque apenas era lunes y tenía que ir a trabajar'.

El paciente replicó: “La vida es tan bella como para menospreciar el reinicio de la semana y como para estar aburrido con la oportunidad de ser útil en un empleo”.

¡Fue una gran reflexión!

Decidí seleccionar este tema para hoy, pues me parece clave que las personas busquen respuestas más profundas para desarrollar su ser interior y para lograr que su trabajo tenga un significado, uno que les brinde un propósito y sentido de bienestar en la vida.

¿Por qué habrá gente a la que se le cae el ánimo con la sola idea de cruzar la puerta de la oficina y ve su cotidianidad como una larga jornada de monotonía, de tensión y de estrés?

¡Algunos hasta se enferman! De hecho, los casos de depresión laboral son cuadros relativamente frecuentes en nuestro medio y afectan al 26% de las mujeres y al 24% de los hombres económicamente productivos de Colombia.

Lo anterior sin contar que el malestar por un trabajo, entendido como el círculo vicioso por cumplir la jornada de ocho horas diarias en la oficina, promedia el 25% de los empleados.

Yo sé que pueden existir jefes déspotas; de pronto la gente no tiene el reconocimiento ni la promoción que espera al interior de una entidad; también sé que muchos empresarios no fomentan actividades novedosas ni ascensos para los empleados.

Pero mi reflexión no se centra en las oficinas de recursos humanos; le apunta a saber qué está haciendo cada uno de nosotros para enriquecer nuestro trabajo y darle un valor agregado.

Se volvió costumbre que un empleado solo atine a maldecir por la tarea que, en el papel, ‘le toca desempeñar’.

Muchos no valoran la posibilidad que el puesto le representa para dignificar su vida. Hoy hay más empleados tristes que antes.

¡Mucho cuidado!

Esta clase de tristeza que, de manera desafortunada suele verse en muchas oficinas, produce un efecto nefasto en la autoestima e implica una tendencia a tener pensamientos de desastre y a estancarse. Además se enrarece el ambiente.

Algo peor: ese aburrimiento contagia el alma y nos vuelve pobres de espíritu.

No se trata solo de un asunto de bajo rendimiento o de la permanente presencia de fatiga y agotamiento.

Hay algo que me aterra más de este asunto y es la sensación que tiene cada empleado de ver su existencia con una tonalidad gris, melancólica y en cámara lenta.

También un hombre así se vuelve criticón, no lidera ningún proceso que le sugiera la empresa y, por alguna razón, termina resquebrajado y malgeniado.

En muchos casos la persona se ve fea, tanto por fuera como por dentro.

Cada miembro de la empresa, desde el gerente hasta el empleado de menor rango, debe ser consciente de la importancia de tomarle un gran amor a su trabajo.

Si yo estoy bien, tanto mis compañeros de oficina como los demás miembros de la organización se verán favorecidos.

Aunque no lo crea este es no es solo un tema de actitud, sino también de salud mental. Es preciso emplear técnicas para disminuir el estrés y querer su oficio.

Esta es una invitación a revisar su ambiente físico laboral, sus responsabilidades y la motivación que debe partir desde su puesto de trabajo hacia afuera y hacia adentro.

Si usted, indiferente del puesto que tenga en una empresa o de las tareas que desempeñe, tiene una percepción elevada de espiritualidad sobre la vida, estará más armonizado en hacer las cosas correctas y podrá reflejar más sus cualidades y su creatividad ocupándose más en servir y contribuir.

Este es el verdadero trabajo, el que permite dar lo mejor de usted.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio:

“Mi jefe es un hombre malgeniado que aprendió a valerse por sí mismo, pero lastimando a la gente. Se la pasa gritando que no le debe nada a nadie y que puede hacer lo que se le dé la gana. Es grosero, nos humilla en la oficina, responde con improperios y nos hace sentir mal. Siempre logra sacarnos de casillas y nos arruina el día. Mis compañeros y yo no nos podemos dar el lujo de renunciar... ¿Qué hacemos? Quisiéramos una opinión para sobrellevar este feo ambiente desde su visión positiva. Como empleados necesitamos palabras motivadores de su parte. Gracias”.

Respuesta:

Antes de responderles a sus compañeros y a usted, permítame dedicarle unas cuantas líneas a su jefe.

Señor: Una cosa es ‘valerse por sí mismo’ y otra muy distinta es ser prepotente. Más allá del carácter, usted no necesita hablar a gritos, ni utilizar palabras de grueso calibre para hacerse respetar.

Mejor dicho, ser autosuficiente no le permite ser atravesado ni atarbán.

Le valdría bien bajarle el tono y ser más considerado; el respeto siempre es fundamental en cualquier ambiente y relación, sobre todo en su empresa.

Si no lo hace, podría estarse ganando una demanda en la oficina de trabajo y le cuento que cualquier inspector les daría la razón a sus empleados.

Ahora sí, a quienes me escriben esta carta quiero decirles que la ley es clara en estos casos de maltrato. Si creen que el tema se les sale de las manos deben recurrir a las herramientas que el código de trabajo les da.

Por otro lado, el hecho de que alguien sea grosero no quiere decir que ustedes deban dejarse afectar, más allá de que este sujeto no tenga consideración ni respeto por sus derechos.

Deben ser asertivos y evitar el contagio de esa atmósfera tóxica. Recuerden que no es culpa de ustedes el feo proceder de ese señor. Cada persona es responsable por la manera en que actúa y ustedes no tienen por qué padecer una actitud tan majadera. Obviamente hay métodos de autoprotección de los efectos de un comportamiento así, por ejemplo, respirar profundo y no dejarse vencer por palabras hirientes.

Cumplan bien su trabajo y mantengan la serenidad; el brusco es él, no ustedes.

Yo sé que experimentar un comportamiento soez puede impactar en su vida empresarial. Exploren sus opciones para lidiar con esta situación y frenar el estrés. Tampoco se pongan en el nivel de pelear con su jefe; eso no es ni sano ni tampoco los va a llevar a calmar los ánimos. Si no le gusta las actitudes bruscas, tampoco actúen así. Perdone que les reitere, pero por la vía legal se puede tratar de aliviar ese pésimo clima laboral. ¡Me cuentan cómo les va!

CORTAS REFLEXIONES

Mis deseos para usted

Espero que todo lo que llegue sea mejor de lo que busca y que lo haga más feliz de lo que pueda imaginar.

Transformación

Nada sanará siendo la misma persona. Recuerde que la sanación es un viaje de transformación real.

Defienda su valor

No dude de su gran valor como persona. No permita que nadie lo menosprecie o ponga en duda su virtud.

Sea feliz

Levante la cara al cielo y deje que el viento acaricie su cuerpo. La tristeza no puede nublar su vida ni su ánimo.

Sanos consejos

Conserve lo que tiene, olvide lo que le duela, trabaje por lo que quiera y perdone a los que lo hieran.

Para tener presente

Si no lo aprecia, no lo ama ni respeta no puede estar en su vida. ¡Tal espacio es solo para un amor verdadero!

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad